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Domingo 28 de Agosto de 2011

Octubre y la re-relección

Rápido e imperturbable, el camino de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner se alcanza a percibir aun más alfombrado de votos. La oposición apenas pelea por el segundo lugar sin mostrar un solo proyecto verdaderamente alternativo al que se florea desde el poder. El intermezzo hasta el 23 de octubre esconde el gran tema: la reforma constitucional que podrá sobrevenir tras un nuevo huracán Cristina.

Rápido e imperturbable, el camino de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner se alcanza a percibir aun más alfombrado de votos. La oposición apenas pelea por el segundo lugar sin mostrar un solo proyecto verdaderamente alternativo al que se florea desde el poder. El intermezzo hasta el 23 de octubre esconde el gran tema: la reforma constitucional que podrá sobrevenir tras un nuevo huracán Cristina.

Desde Olivos partió una orden tajante y de cumplimiento riguroso para el hoy por hoy disciplinado peronismo gobernante: prohibido hablar de reforma de la Carta Magna, más aún, que a nadie se le ocurra verbalizar la posibilidad de una re-reelección de la jefa del Estado.

Sabe Cristina (y aún más el grupo concentradísimo que toma las decisiones) que la oposición naufraga en la nada, a la pesca de algún elemento motivador, de un relato alternativo, que ponga sobre las tablas una especie de tigre de papel destinado a inclinar hacia otro lado el voto de los independientes.

Boleta única para todos. Sin ideas pero, fundamentalmente, sin una pizca de talento político capaz de esgrimir un bosquejo de poder, los opositores levantan un canto de sirena que entusiasma solo a los convencidos anti K: la implementación de la boleta única. Para medir el efecto de esta variante en el ánimo popular siempre será valido remitirse a la experiencia santafesina. El proyecto del arista Pablo Javkin fue aprobado por la venia que le dio el justicialismo en el Senado provincial ante las dudas y el rechazo en off del resto de la clase política y la indiferencia mayoritaria de los analistas y la sociedad. La exitosa puesta en marcha de la boleta única (ahí sí con notable impulso del socialismo gobernante) logró instalar la idea de que todo lo anterior había quedado irreductiblemente viejo.

La vocinglería de los candidatos no kirchneristas por el uso de la novedosa papeleta es un atajo rápido, urgente, primario, ante el desnudo que les propinó el urnazo cristinista. ¿Cómo diferenciarse de Octubre y la re-relección la política económica oficial cuando las clases medias viven una orgía de consumo similar al del hoy repudiado “noventismo”? ¿Cómo construir un “relato alternativo” cuando hasta el chimentero top, Jorge Rial, utiliza su programa, pródigo en rumores sobre la farándula, para pedir “juicio y castigo” a la blonda siliconada Graciela Alfano?

El plan boleta única para todos no parece hacerle cosquillas siquiera al festival de decodificadores que empiezan a regar los hogares argentinos para ver en HD el Fútbol para Todos, una construcción de máxima que encarnó en la única pasión popular y mayoritaria de los argentinos.

Cristina va en busca el 23 de octubre de algún récord cuantitativo: superar la elección de Raúl Alfonsín en 1983 (52%) o, por qué no, acercarse al 62 por ciento de Juan Domingo Perón en 1973. Para llegar a esas proporciones, creen, dos condiciones serán necesarias: evitar las tentaciones autodestructivas del kirchnerismo y aislar cualquier atisbo de freno de mano en la economía. Del resto se ocupan los opositores.

En verdad, no fue inédita la cantidad de votos que sacó Cristina. Pero sí lo es la cosecha de la oposición. Nunca ocurrió (ni en Argentina ni en Latinoamérica) que el segundo quedara con sólo 12 puntos. En 2007 entre Roberto Lavagna y Elisa Carrió sumaron 41%; en cambio ahora, entre Alfonsín y Duhalde sólo 25%.

Por un lugar. Con este panorama, Hermes Binner es el único que se muestra con voluntad de hacer campaña. Su adrenalina está puesta en salir segundo, algo que tranquilamente podría suceder y que, incluso, algunas mediciones lo están formateando. Es el que menos imagen negativa tiene de todos los candidatos opositores y su escaso grado de conocimiento en las primarias podría operar ahora como un factor favorable. Se muestra el gobernador como “lo nuevo” y capitaliza la irrefrenable caída de los partidos políticos, vaciados de contenido hasta el paroxismo.

Reforma por reforma. En la Casa Rosada no cae nada mal el crecimiento de Binner a expensas de radicales y peronistas no kirchneristas. Ya están advertidos de que el socialismo santafesino necesitará del PJ provincial para poder reformar la Constitución local. “Nosotros también vamos a necesitar de algunos opositores si se decide impulsar algo...”, fue el razonamiento sintético que se le escuchó a un dirigente kirchnerista a la hora de pronunciar en estricto off una de las razones de la escasa antipatía que genera Binner en los despachos de Balcarce 50.

Pero enseguida cualquier fuente con acceso a los pasillos presidenciales baja los decibeles respecto a una futura reforma de la Carta Magna. La orden es clara: no salir a blanquear esta posibilidad hasta bien entrado el 2012. Siempre, tras contundentes victorias de los oficialismos, se amenaza a la oposición con la misma alternativa: un plebiscito para consultar a la población. De esos fastos nació el Pacto de Olivos.

El poco atractivo camino para el análisis político de los días por venir hasta el 23 de octubre (cuando todo parece estar resuelto) deberá siempre tener como variable la futura composición del Parlamento. De los números que definan los comicios presidendiales dependerá el panorama institucional en lo inmediato. Todo lo demás parece un reduccionismo destinado a pronosticar si Cristina supera el resultado del 14 de agosto o a acertar quién será el más votado de la oposición para arañar el segundo lugar. Demasiado poco como para alquilar balcones.

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