Antonio Bonfatti
Domingo 13 de Noviembre de 2016

Ocho años para todos en Santa Fe

Claves. El gobernador evalúa proyectar en la reforma constitucional la limitación de los mandatos legislativos a dos períodos y que los jueces de la Corte Suprema de Justicia también estén no más de ocho años.

Ocho años para todos. Miguel Lifschitz tiene pensado introducir en su plan de reforma constitucional que todos los cargos electivos puedan tener cuatro años de mandato y una sola reelección. La idea es que ese plazo también sea para los jueces de la Corte Suprema.

El mundo empieza a dar ejemplos empíricos de hartazgo contra las burocracias políticas. Y eso rebota acá, allá y en todas partes. La Legislatura de la provincia de Buenos Aires aprobó una reforma política como la que hoy empieza a aparecer en un borrador del Ejecutivo santafesino.

Lifschitz tiene dos desafíos por delante: poder mostrar en tiempo no muy lejano que las obras hoy en marcha se convertirán definitivamente en realidad y modificar la Constitución provincial.

El plan de reforma constitucional había arrancado a fondo, incluso con una presentación multipartidaria en la Gobernación, que sólo contó con la ausencia del PRO. El temario y la instalación de la reforma fue barrida de quajo por la realidad: los episodios de inseguridad que culminaron con dos marchas multitudinarias en Rosario la pusieron en el freezer.

Una buena razón. Pero, al margen de ese impedimento, a los papers que la Casa Gris presentó les faltaban elementos seductores para el gran público. Parecía sólo destinado a académicos, políticos y otros sectores del Círculo Rojo. Se ha escrito muchas veces en este columna que una reforma constitucional que no contemple limitación de mandatos no tiene demasiada razón de ser.

Frente a esto, Lifschitz guarda bajo siete lleves el anuncio de la reforma política entre las iniciativas para habilitar un proceso de reforma constitucional más amplio.

Para que sea aprobada se necesita una mayoría especial de senadores y diputados, y es difícil que voten a favor de algo que se les puede volver en contra con la limitación de mandatos. Por eso, los 8 años de duración serán hacia adelante, desde el 2019. Un gambito similar es el que se aprobó en provincia de Buenos Aires.

Lo que constituiría otra novedad es el límite para los jueces de la Corte Suprema de Justicia. Nadie que no reporte a la corporación judicial estaría en contra de esa modificación, aunque el proceso de selección de magistrados deberá evitar que quienes lleguen a ministros del máximo tribunal estén emparentados políticamente con los gobiernos de turno.

Respecto de los cargos electivos, alguien chicaneó con que tampoco les disgustará a los intendentes, legisladores y concejales que llevan más de 20 años (o casi): "Salvo que sean inmortales".

Los ocho años para todos incluyen la reelección para el gobernador de la provincia, algo que hasta aquí era la madre de todas las barreras y polémicas para frenar la discusión. A partir de una reforma tan estructural resultará una decisión de sentido común que el gobernador también tenga posibilidad de acceder a dos mandatos.

Lifschitz sabe que la mayor objeción a una probable reelección suya parte desde algunas voces del propio Partido Socialista (PS), que le reclamaron abstenerse públicamente de esa opción. Y no fueron dirigentes menores los que, públicamente, hablaron de eso. Se trata de Antonio Bonfatti, Rubén Galassi, Hermes Binner y Eduardo Di Pollina.

El gobernador asegura que hoy el PS está perfectamente alineado y que personalmente no tiene ninguna intención de ser reelecto, pero no quiere que se lo impongan por los medios.

"Voy a reformar la Constitución aunque sólo sea para modificar los dos años de mandato de los presidentes comunales. Es una ambición hasta personal", se le escuchó decir hace varios meses atrás. Luego sobrevino la crisis en materia de seguridad que convirtió en nada a cualquier temática aleatoria. Hoy, Lifschitz parece decidido a avanzar.

En esta agenda, vuelve a meter ruido la cuestión de las fechas electorales. En Santa Fe ninguna agrupación o frente tiene candidato instalado para 2017. Lifschitz, atento a esa realidad, muñequeará el calendario hasta enero.

De acuerdo a cómo han cambiado las cosas, y a los nuevos escenarios, serán las gestiones, los hechos, y no las palabras los que definan los mapas electorales. En ese nuevo cuadro, convocar a elecciones desdobladas parece ir a contramano de lo que necesitan los gobiernos: tiempo para mostrar obras y acción política.

Si fuese por Lifschitz los comicios de mitad de mandato serían unificados, aunque por una cuestión de prudencia política que evite herir a los radicales macristas, el gobernador diga que también hay razones para desdoblar.

Catarata electoral. Para que el lector entienda de qué se trata la historia: si la Casa Gris decide que las elecciones a concejal, presidente de comuna e intendente de algunas ciudades medianas sean en fecha diferente a las de diputado nacional, en enero se iniciará el calendario con la convocatoria, en febrero empezará la rosca por las listas y en marzo la campaña comenzará a planear.

En ese marco, los santafesinos deberán ir a votar en cuatro oportunidades: Paso y generales provinciales y nacionales. Un dislate que encontrará a los ciudadanos escuchando en verano a los candidatos en campaña.

Imagínese el lector votando el año próximo en abril-junio-agosto-octubre. Y algo más: si el proyecto de necesidad de la reforma es aprobado, en 2018 deberán elegirse convencionales constituyentes.

Hoy no sólo que la sociedad no está involucrada en la cuestión preelectoral sino que ninguno de los partidos y/o frentes, incluido el oficialismo, tiene candidato a mano. Al Frente Progresista una candidatura de Antonio Bonfatti a diputado nacional le solucionaría todos los problemas: el ex gobernador fue el más votado a diputado provincial en los comicios de 2015.

Pero Bonfatti hoy no parece demasiado dispuesto a dejar la Presidencia de la Cámara de Diputados para largarse a una campaña que, sabe, le instalará una agenda temática muy dura de parte de la oposición, tras las acusaciones que debió soportar de Elisa Carrió y el programa de Jorge Lanata.

Por lo pronto, Lifschitz dice que al menos un ministro de su gabinete podría ser candidato. Todas las miradas convergen ahí en Maximiliano Pullaro, quien, sin embargo, siempre está sometido al subibaja del cargo que ocupa. Pero aparece aquí otra línea de acción: no pocos radicales quieren que Bonfatti sí o sí sea el candidato. "Está muy bien en las encuestas, es el que más mide en la provincia, puede haber caído un poco en Rosario", razonan.

El 2017 y las listas de candidatos serán (sin elementos trágicos) como la mítica Puerta 12 de la cancha de River.Pero con la reforma constitucional, si se aprueba la limitación de mandatos, lo mejor estaría por venir. De lo contrario, todo será más o menos lo mismo.

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