Barack Obama
Domingo 16 de Octubre de 2016

Objetivo Capitolio: el codiciado gran premio de las legislativas en EEUU

Los demócratas tienen la posibilidad de recuperar el Senado y socavar el control republicano de la Cámara de Representantes.

Con una mano de Donald Trump, los demócratas tendrán ocasión de retomar el Senado y socavar el control republicano de la Cámara de Representantes (Diputados) en las elecciones legislativas de noviembre, que, aunque opacadas por las presidenciales, definirán el margen de maniobra del futuro gobierno. Que 2016 sea un año de presidenciales ya de por sí es de buen agüero para el partido de Hillary Clinton y Barack Obama, que en las últimas décadas siempre avanzó en ambas cámaras del Congreso cuando la Casa Blanca también estuvo en juego y luego cedió terreno en las legislativas de mitad de mandato. Si los demócratas desaprovechan esta oportunidad de reconquistar el Senado, con un candidato presidencial republicano tan controvertido como Trump, probablemente no vuelvan a tenerla hasta 2020, por lo menos.

En disputa. Un total de 34 de los 100 escaños del Senado se pondrán en disputa el 8 de noviembre, así como los 435 de la Cámara de Representantes, donde no hay posibilidades de un cambio de manos pero sí de un debilitamiento de la aplastante mayoría republicana. Actualmente, 54 bancas del Senado son del Partido Republicano, 44 son del Partido Demócrata y las dos restantes son de legisladores independientes pero que votan con los demócratas.  Si Clinton se impone en las elecciones, los demócratas necesitarán ganar cuatro bancas para tener mayoría en el Senado. Si pierde, necesitarán cinco, porque el vicepresidente obtiene un voto en la cámara en caso de un empate. Los republicanos tienen mucho más que perder este año, ya que 24 senadores del partido enfrentan la reelección, contra sólo 10 demócratas que deben defender sus asientos. En la mayoría de los distritos ya se conoce de antemano quién será el vencedor, con lo que el número de escaños o de duelos realmente reñidos se reduce a un puñado, que este año son ocho en el caso del Senado y 24 en la Cámara de Representantes. Siete de esas ocho bancas están en poder de los republicanos, incluyendo seis que son de legisladores que entraron por primera vez al Senado durante la "revolución conservadora" motorizada por el movimiento de ultraderecha Tea Party en las elecciones legislativas de 2010. Los seis escaños, además, corresponden a Estados que votaron por Obama dos años después. Los republicanos ya corrían el riesgo de perderlos antes de que Trump fuera el candidato, pero su proclamación como el aspirante oficial del partido a la Casa Blanca, en julio, redobló los temores, dadas sus conocidas declaraciones contra los hispanos, las mujeres y los discapacitados.

"Peligro inaceptable". Treinta ex legisladores republicanos alertaron que la eventual presidencia de Trump representaba un "peligro inaceptable" para EEUU y dijeron que no iban a votar por él bajo ninguna circunstancia. Algunos de ellos ya habían firmado una carta en agosto en la que pedían al partido que cortara la financiación a la campaña de Trump y se enfocara en mantener las mayorías en el Senado y la Cámara baja, advirtiendo de una "victoria arrolladora" de los demócratas por el rechazo que genera Trump.

   La renovación de la Cámara de Representantes no genera tanta atención como la del Senado, ya que es altamente improbable que su control esté bajo cuestión. Para dominar la cámara, los demócratas necesitan 30 bancas más, así que no lo lograrían aun si ganaran en los todos los 24 distritos competitivos, algo que, además, los analistas consideran poco menos que imposible. De todos modos, el partido de Clinton podría reducir la mayoría republicana, que es la más amplia en la Cámara baja desde 1928. El partido de Trump tiene actualmente 246 asientos en la cámara, contra 186 de los demócratas. Tres se encuentran vacantes.

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