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Lunes 14 de Julio de 2014

Nuevos aliados con malas credenciales

Todo indica que Argentina cambia de área internacional de pertenencia.

La visita de Putin, la invitación a Argentina a participar de la cumbre de los Brics en Fortaleza, la visita del presidente chino el sábado próximo con una importante carpeta de inversiones en hidroeléctricas y trenes; todo indica que Argentina cambia de área internacional de pertenencia.

En el discurso presidencial de estos años ha predominado sobre las relaciones internacionales una figura retórica constituida por un campo de fuerzas en pugna, muy polarizado: Occidente es la injusticia secular, la opresión y la explotación de "los pueblos" de esta región del mundo y en general de todos los pueblos que no son occidentales. Frente a esa maldad intrínseca, no cabe rescatar nada, ni siquiera la arquitectura institucional y política de Occidente, que también sería parte de ese poder perverso.

En contraste con este hipercrítico análisis que se aplica a EEUU y Europa, ante un visitante como Putin, esa actitud crítica simplemente se evapora: todo se le perdona. Lo que cuenta es sumar aliados y masa crítica para salirse de la órbita occidental. Si Putin es quien respalda con armas y dinero el genocidio en Siria, el asunto se calla; si invade Crimea...bueno, ahí hubo una gran confusión argentina: primero el rechazo en la ONU a la anexión, con el apoyo a la resolución presentada por EEUU, después vino el cambio de campo; si China reprime obsesivamente a sus minorías, manda a campos de concentración a disidentes, fusila a miles de sus ciudadanos, nada de esto se menciona, ni de paso, como "para cumplir".

Estas señalaciones no quieren decir que se deba desatender a la segunda economía del mundo; sí que la relación debe estar limitada al pragmatismo más estricto, no sumar una retórica que idealiza el vínculo con el "partner" comercial. El neotercermundismo, como su antiguo antecesor de los 60/70, no pone mala cara a nada con tal de salirse de la órbita occidental. Más aún, participa activamente de la construcción de modelos políticos autoritarios, como se observa en la Venezuela de Maduro, invitado a la cena de Estado con Putin en Buenos Aires.

El autoritarismo represivo es defendido activamente como modelo superador de las democracias representativas de tipo occidental. Esta sería la "batalla cultural" tan citada en estos años. El chavismo, hundido en una crisis económica indecible, se mantiene gracias a un Estado policial y un archirepresivo control social que en América latina no se veía (por fuera de Cuba) desde los tiempos de las dictaduras militares. ¿Asociarse con estas naciones es no sólo una ventaja económica, sino un progreso ético-político, un camino de mayores libertades y "emancipaciones", como pregona la Casa Rosada?

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