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Sábado 15 de Junio de 2013

Nuevas tecnologías: qué enseñarles a los chicos que ya no sepan

El educador Alejandro Spiegel presenta en Rosario su nuevo libro "Ni tan genios ni tan idiotas". Un adelanto del debate que propone

No son pocos los adultos —padres, abuelos y maestros— que miran fascinados la velocidad y la facilidad con la que los niños se deslizan por las pantallas o clickean en los más diversos y complejos aparatos tecnológicos. A los que no dudan en definirlos como verdaderos "genios". Paralelamente, y ante la misma escena, más si se trata de adolescentes, otros no dudan en comentar que tanta conexión a las pantallas los "idiotizan". De estas imágenes y descripciones corrientes es de la que se vale el doctor en educación (UBA) Alejandro Spiegel, para desarrollar su nuevo libro: "Ni tan genios, ni tan idiotas. Tecnologías: qué enseñar a las nuevas generaciones (que no sepan)", de Homo Sapiens Ediciones. Y sostiene que aquí lo más importante es que "ante este escenario la escuela tiene el desafío de enseñar cuestiones relevantes respecto a las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) que las nuevas generaciones no sepan, no puedan aprender solas o con la ayuda de un amigo en su casa, en la calle, en un bar o en un ciber". Spiegel estará en Rosario el próximo 4 de julio presentando su libro y ofreciendo una charla para los docentes (ver aparte).

Alejandro Spiegel tiene una larga trayectoria de investigación y trabajo en torno al uso de las nuevas tecnologías en las clases. Actualmente coordina el proyecto "Gestión de nuevos recursos para la democratización del conocimiento" en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), y dirige la licenciatura en tecnología educativa (UTN). Su nuevo libro recoge esa experiencia pero se apoya además en nuevas investigaciones, para analizar qué pasa con la relación entre las TIC y los chicos, pero también qué lugar hay para la enseñanza en este debate. Lo hace con reflexiones, aportes bibliográficos, junto a propuestas para llevar a las aulas.

Polos. En charla con La Capital, sostiene que cuando se posiciona a los chicos (tanto los más pequeños como los adolescentes) como "genios" o "idiotas" frente a las pantallas, los mayores, y ni hablar los maestros, pareciera que no tienen nada que hacer, nada para enseñarles". "En realidad lo que analizo en el libro es qué pasa cuando los docentes están entre esos dos polos".

—Posicionarse entre esos polos, ¿es como sostener que nada se puede hacer?

—En realidad les tiro un salvavidas, un puente a los docentes, porque lo que aquí hay es un discurso muy excluyente del docente. Pasa lo mismos cuando se habla de los "nativos y de los inmigrantes digitales", donde la mayoría de los maestros dicen "No, yo soy inmigrante y los chicos son nativos, qué querés que haga". Ese es un discurso que causa imposibilidad, son categorías que excluyen, que dejan sin aparente posibilidad de enseñar nada.

—También se suele escuchar en el ámbito escolar, y sobre la relación de los alumnos con las nuevas tecnologías, que "los chicos saben más que los docentes".

—Es cierto. Pero también esa afirmación está muy cercana a la de los "genios". Los chicos saben y por supuesto que hay algunas cosas que saben más que los docentes. Pasan mucho tiempo frente a las computadoras. Por eso una de las cosas que aporta el libro es enseñar a diferenciar entre saber manejar las pantallas y saber cómo funcionan. Ellos saben más de manejo, porque se aprende cada vez de manera más fácil, porque se enseñan entre ellos mismos y están todo el tiempo frente a las pantallas. Ahora ¿este es el saber valioso frente a las tecnologías? ¿O hay otro saber? Podríamos preguntarnos entonces cómo podemos hacer para que las tecnologías funcionen para mí, para la sociedad, para mejorar las condiciones de vida de la gente que está a mi alrededor. Estas cosas no se encuentran en el manejo, entonces hay que crearlas por fuera. Son cosas que tienen que ver con la historia, con la pedagogía, con la filosofía, con la ideología.

—Ahora bien, para hacer ese aporte, ¿eso no implica que los docentes conozcan y también sepan manejar estas tecnologías?

—Me parece que sí, pero que es menos importante. Tienen que conocer que existen y algunas cuestiones sobre qué se pueden hacer con ellas, en un plan base. Por ejemplo, en internet hay un montón de respuestas, pero no hay preguntas. Una de las competencias que tienen que tener los docentes y fortalecerse es en la realización de buenas preguntas, para que en todo caso internet brille como la biblioteca donde hay más información publicada. De lo contrario internet son los dos o tres primeros links que aparecen en Google, en Wikipedia o en "El rincón del vago". Si se le pregunta o se le propone como consigna a un chico información sobre San Martín o el 25 de Mayo, son todas cosas que están a un click de distancia y son triviales. Ahora, si se le propone un desafío cognitivo en el que tenga que combinar y contrastar informaciones, además de producir algo nuevo, eso es más interesante para el chico. El pibe no espera que el docente le enseñe algo nuevo en el manejo, porque cree que sabe todo, lo cual tampoco es cierto. Lo que faltan son preguntas que sean desafíos para ellos.

—Y la escuela es un buen lugar para eso.

—Las dos preguntas fundamentales del libro son qué aporte me puede dar la tecnología y luego qué puedo enseñarles a los chicos que no sepan o no puedan aprender solos. Y en ese sentido la escuela tiene una oportunidad extraordinaria que es tiempo, espacio y un grupo al lado. Bueno esas condiciones podrían aprovecharse para reflexionar bien acerca de las tecnologías, si no aparecen como objetos que no tienen historia. En el último capítulo del libro hay una propuesta para contextualizar la tecnología, para analizar críticamente cómo tienen sus reglas y deben ser pensadas. Los chicos piensan que con las tecnologías son libres, que no hay derechos y obligaciones, y la verdad es que tampoco es cierto eso. Pasa que no hay siempre quien se los diga y los invite a reflexionar.

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