Refugiados
Sábado 01 de Octubre de 2016

Nuestras madres, nuestros padres

En foco. Una miniserie ambientada en la Segunda Guerra Mundial aborda, desde el lado alemán, la relación de una generación con el nacionalsocialismo y los diferentes comportamientos de sus protagonistas. Una situación similar podría plantearse en la Argentina cuarenta años después de iniciada la dictadura militar

Con una demora llamativa de tres años, acaba de terminar la proyección en la Argentina de una miniserie alemana que aborda la historia y el destino de cinco jóvenes amigos berlineses durante la Segunda Guerra Mundial. No es una producción bélica más de las tantas que se han hecho sobre ese período sino que intenta mostrar, desde el lado alemán, el inconmensurable horizonte de una dictadura que no sólo arrasó con la vida de millones de personas sino que logró que su propia población identificara un enemigo interior y otro exterior para solidificar el apoyo popular que sin dudas tuvo el nazismo.

La mirada de las nuevas generaciones de alemanes sobre esos años podría también equipararse a cómo hoy vemos los argentinos a los protagonistas, activos o pasivos, de la época de nuestra propia dictadura y guerra en el Atlántico Sur, que sólo están separadas por 31 años entre el fin de la guerra en Europa y el inicio del último golpe militar en el Argentina.

El título original de la miniserie es "Unsere Mütter, unsere Väter" (Nuestras madres, nuestros padres), pero debido al amplio espectro temático de la historia y a sus múltiples interpretaciones llegó al público de habla inglesa como "Generation War" (La generación de la guerra) y como "Hijos del Tercer Reich" para los hispanohablantes. Podría haberse titulado de muchas otras formas porque en realidad se trata de una ficción que resume el drama, la angustia, la reflexión filosófica y el horror de las dictaduras. "La guerra sacará lo peor de nosotros", dice uno de los protagonistas.

La historia comienza en el verano de 1941 en Berlín cuando cinco amigos se despiden bailando y brindando porque dos de ellos (hermanos) deben partir para el frente ruso al día siguiente. El resto del grupo lo integra una chica idealista que quiere servir a su patria como enfermera en la guerra y una pareja de novios compuesta por el hijo de un sastre judío, que trata de sobrevivir a la persecución, y la moza del bar que quiere convertirse en cantante famosa. Todos prometen volver a reunirse ese mismo año y en el mismo lugar para Navidad porque la guerra se acabaría en pocos meses. Sin embargo, sólo algunos recién se reencuentran en el bar cuatro años después, en 1945, luego de vivir diferentes experiencias, todas traumáticas.

Más de siete millones de alemanes vieron los tres capítulos de la miniserie sobre lo vivido y hecho por sus padres y abuelos. El impacto del argumento llegó a gran parte de la sociedad alemana y como era de esperar para muchos se ajustó a la realidad y para otros no logró recrear la esencia de la generación de jóvenes a la que le tocó transitar la dictadura de Hitler. Por eso, el historiador alemán Ullrich Herbert descalifica el filme porque asegura que no retrata lo que realmente ocurrió: "Una generación fuertemente ideologizada y politizada que quería la victoria de la Alemania nacionalsocialista por considerarla lo correcto", concluye.

En estas latitudes. A 40 años del inicio de la última dictadura militar argentina, de enormes características comunes en lo ideológico y en las prácticas represivas con la nacionalsocialista, las nuevas generaciones tal vez comienzan a preguntarse qué responsabilidad tuvieron sus ancestros en la barbarie perpetrada por un grupo de militares y civiles que se alzaron en armas para sumergir a toda la Argentina en el abismo más profundo del que se tenga memoria.

¿Era toda la sociedad argentina la que avaló a una banda criminal? ¿Era una parte, la que se beneficiaba económicamente, que miraba para otro lado mientras limpiaban de "indeseables" las fábricas, los sindicatos y las universidades? ¿La excusa de combatir a la guerrilla e implementar una política de terrorismo de Estado fue suficiente para amañar a una sociedad y dejarla sin reacción?

Como los alemanes en la guerra, que dicen haber "ignorado" la magnitud de los crímenes, ¿los argentinos no quisimos saber sobre la masacre o la negamos como autodefensa? ¿Qué pensarán los más jóvenes que no vivieron ese período y lo ven como parte de la historia?

Puntos comunes. Las dictaduras argentina y nacionalsocialista tuvieron puntos de contacto: el discurso oficial como único válido, la destrucción de la oposición, la clausura de los Parlamentos y proscripción de los partidos políticos y sindicatos, la represión y el asesinato masivo como medio de terror para el control social. Pero además, debieron contar con dos elementos esenciales: la búsqueda de un enemigo interno común, demoníaco, para fortalecerse y otro externo al que también se debía combatir.

El historiador norteamericano Daniel Goldhagen sostiene que en la Alemania nazi intervino un aspecto crucial: la aparición de un líder político que prometió y concretó las fantasías eliminacionistas subyacentes por años en el pueblo alemán. ¿En la Argentina sucedió lo mismo?

La dictadura argentina encontró su enemigo interno en la oposición al régimen y amagó primero en identificar al externo en Chile. Luego lo hizo con Gran Bretaña para recuperar las Malvinas y así amalgamar a una población que dos días antes del desembarco austral había repudiado a los militares en Plaza de Mayo.

Si Galtieri hubiera tenido éxito en Malvinas y la recuperación de esa parte de suelo argentino hubiese sido permanente, ¿la próxima acción militar hubiese sido en Chile para recuperar la zona de disputa en torno al canal del Beagle? Sin dudas hubiese sido una tentación para otra campaña militar que hubiera recogido respaldo popular. ¿Por qué una causa nacional, llevada al paroxismo, puede narcotizar a las masas y manipularlas con facilidad? La historia ha demostrado que no es sólo una característica argentina ni de la mayor o menor ilustración de los pueblos, muchos de los cuales han caído en la imposibilidad de tener un pensamiento reflexivo.

¿Pero, este relato de lo sucedido con las dos dictaduras ha quedado sepultado en el pasado o revive aggiornado en la sociedad global actual?

En Alemania, cuyo gobierno se ha mostrado como el más solidario de Europa, los partidos de la ultraderecha xenófoba van ganado terreno electoral porque rechazan el ingreso de masivos contingentes de refugiados de la guerra civil en Siria o de los que escapan al hambre en África. El enemigo interno, ahora, pasó a ser el inmigrante.

En la Argentina, pese a la conciencia de las nuevas generaciones por los valores de la democracia, aún hay en la sociedad resabios militaristas, fascistas y xenófobos. Cuando en los festejos del 9 de Julio pasado el ex carapintada Aldo Rico participó del desfile junto a los veteranos de Malvinas fue aplaudido por el público a pesar de su conocido alzamiento en Semana Santa de 1987. En las redes sociales estallaron los insultos y amenazas contra quienes se animaron a opinar que un militar con esos antecedentes no merecía desfilar junto a los combatientes.

El espejo de la conciencia. ¿Las actuales juventudes alemanas y argentinas que no vivieron las dictaduras interpretan lo que ha sucedido en el pasado y pueden juzgar a sus ancestros de una manera equilibrada? Seguramente historias como la de los cinco amigos alemanes de la miniserie, que tuvieron diferentes destinos y no todos sobrevivieron, se replicaron en la Argentina durante los años de plomo.

Colocar bajo la lupa a "nuestras madres y a nuestros padres", en un sentido amplio y referido a la generación que fue protagonista activa o pasiva de los años del horror en la Argentina, posibilita la reflexión que a manera de un espejo nos devuelve una mirada profunda.

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