Educación
Sábado 01 de Septiembre de 2012

"No sirve darle una computadora a un chico sin capacitar a padres y docentes"

La educadora cubana Alicia Plasencia Vidal destacó la importancia de informatizar a toda la sociedad

Con tan sólo 13 años, Alicia Pilar Plasencia Vidal se colgó la mochila al hombro y, munida de libros, se sumó a la tarea de alfabetizar en ciudades y montañas de Cuba: "La necesidad de desarrollar la educación en Cuba viene desde el propio triunfo de la revolución, porque en 1959 teníamos alrededor de 6,5 millones de habitantes, de los cuales un millón eran analfabetos".

Con la memoria intacta y los recuerdos aún vivos de los tiempos del inicio de la revolución contra el régimen de Batista, la educadora cubana charló con La Capital acerca del largo derrotero que hizo de la isla caribeña, y de aquel difícil comienzo, uno de los modelos educativos más reconocidos por la Unesco.

La función social de la investigación fue parte de los temas que abordó la especialista, asesora del Ministerio de Educación Superior de Cuba, quien estuvo presente en Rosario para promocionar la XV Convención y Feria Internacional Informática, que será en marzo próximo en La Habana.

Precisamente sobre la irrupción de las nuevas tecnologías en el aula, Alicia Plasencia Vidal sostuvo que, en el mundo actual, ya no es posible rechazar su utilización y beneficios. Pero aclaró: "No sirve de nada darle una computadora a un niño sin capacitar también a padres y docentes. Por que si no, el chico la usa sólo para jugar y termina cada vez más aislado de su familia".

—¿Cómo emerge la importancia de la educación en el modelo cubano?

—En el programa que había trazado Fidel Castro en el alegato histórico cuando en 1953 lo juzgan y condenan a prisión, estaba la cuestión de la educación cubana. Cuando la revolución triunfa, el primer paso era precisamente ese. Esto implicó que se lanzara una misión para alfabetizar al pueblo cubano. Y para ello, brigadas de profesores y jóvenes fuimos a las montañas, campos y ciudades. Yo alfabeticé con 13 años, primero en la ciudad y después en el campo. Pero muchos fueron mártires, porque el gobierno norteamericano armaba bandas contrarrevolucionarias para eliminar y combatir a donde había un alfabetizador. Pese a ello, logramos en un año alfabetizar a la mayoría del pueblo cubano. Después vinieron las campañas de seguimiento, enseñando principios elementales de la aritmética. Y luego se fue ampliando, hasta abrir facultades obrero-campesinas para que el trabajador pudiera ir por la noche. Hemos sido validados por la Unesco en montones de ocasiones, como en 2008, donde en una evaluación hecha en 12 países, los chicos de Cuba tuvieron el 99 por ciento de aprobación en matemática, el idioma madre e historia.

—¿Qué lugar ocupa la inclusión en esta tarea?

—Nosotros no concebimos solamente la educación para aquellos que están capacitados intelectualmente, sino que la persona con discapacidad también tiene derecho a educarse y a incluirse en el marco social. Porque eso le permite sustentarse, independientemente de la ayuda que el Estado te puede dar. Por eso para nosotros la inclusión no sólo abarca tu situación social. Y llevamos la universidad a los barrios, ponemos los llamados "Joven Club de Computación y Electrónica". Hay 600 en el país, con más de 700 servidores que permiten, en un pedacito de unas pocas manzanas, que un chico vaya a hacer una tarea escolar, sus padres hagan un curso, o un joven mire un juego. Es la computadora de la familia cubana.

—¿Cuál es su mirada sobre los planes de repartir netbooks en las aulas?

—Creo que no se puede hacer nada con estos programas de forma aislada. Eso debe complementarse con dos elementos: tras darle al chico la computadora y un profesor en el aula, hay que brindarle un software que lo ayude a aprender historia y ciencias de su país, no solamente a teclear o jugar. Y darles también capacitación al padre y la madre para que, en un momento dado, puedan colaborar con el muchacho. Que la familia lo acompañe. Porque sino el joven sabe del tema y los padres nada, y se va a abrir un abismo entre las generaciones.

—Eso a veces pasa también con los docentes.

—También pasa cuando al docente no se lo prepara. Por eso a la par que se entrega un recurso técnico, tú necesitas preparar no solamente al que lo va a utilizar directamente sino también al entorno. Hay docentes que rechazan las técnicas de información y comunicación. Y no es posible en este mundo actual en el que vivimos rechazarlas. Lo que se debe aprender es a usarlas, explotarlas, llevar todo tu conocimiento a estas técnicas, para que los estudiantes sientan que tú estás con ellos en esto, sino tú no eres el profesor que ellos necesitan. Pero no haces nada con darle la computadora a ese niño sin capacitar también a padres y docentes. Porque sino el chico la usa sólo para jugar y termina cada vez más aislado de su familia. Hay que integrar no desagregar. E informatizar a la sociedad completa, que no es solamente acceder a internet. Ese es un error absoluto. Nosotros tenemos una enciclopedia colaborativa al estilo Wikipedia, donde aportan los docentes universitarios y todo aquel que tenga algo positivo para dar.

—El neoliberalismo de los 90 también impregnó la enseñanza. Con el actual cambio de época política en Latinoamérica, ¿Que desafíos deben encararse para también en lo educativo dar vuelta definitivamente a esta página?

—La clave es qué hacer para que a nivel iberoamericano se pueda andar por un camino común. A mí me ocurre, y me da un poco de pena, que cuando se conforman algunos espacios, está Cuba por un lado, con su experiencia, y el resto aislado. Hay ideas con las que hemos chocado con los chilenos por esa mirada contra la que ahora están luchando sus estudiantes. Pero nos hemos enfrentado varias veces con ellos. O con el mundo editorial, como con Santillana. Pienso que uno no puede cambiar de un día para el otro una mentalidad arraigada. El neoliberalismo impregnó todas las esferas de la vida social en nuestros países latinoamericanos. Pero si hay voluntad de nuestros gobiernos, desde el municipio a la Nación, para cumplir la misión que les corresponde como gobernantes, se pueden hacer cosas, de a poquito.

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Universidad e investigación

—¿Cómo funciona el servicio social del graduado universitario?

—En Cuba la educación es absolutamente gratuita, desde que estás en el jardín de infantes hasta que te gradúas, y eso incluye los libros. Pero hay dos detalles: cada vez que terminas un año tienes que devolver los libros, para que el que viene atrás pueda tener acceso. Y cuando terminas tu carrera universitaria te dan el título en una mano y la boleta de trabajo en la otra. Tienes trabajo asegurado desde ese momento, en algún sitio que tiene que ver con tu especialidad. Puede pasar que donde te ubicaron no te gusta. Pero como tienes un compromiso con la sociedad, tienes que trabajar dos años en ese lugar, porque ese organismo, ministerio o institución te necesita. O sea, es devolverle a la sociedad un poco de lo que ésta invirtió, porque te paga tu salario y los recursos que empleas, desde un reactivo químico hasta el acceso a las computadoras. Después de esos dos años si te quieres ir para el lugar que estimes pertinente puedes hacerlo, porque ya pagaste en servicio social.

—¿Este compromiso social también lo llevan al terreno de la investigación?

—Una de las cosas que más preocupa a los jóvenes en todos lados es qué van a hacer cuando terminen su carrera. Yo estoy de acuerdo con que se tiene que dar independencia al joven para que busque el conocimiento, pero eso debe tener una planificación, porque sino el muchacho se siente descentrado, desorientado. Y en Cuba somos un poco celosos de la orientación de los estudiantes. Allí tienes libertad de investigación, pero eso debe estar de acuerdo a las necesidades del país. En quinto año, al hacer tu tesis, tu facultad tiene un conjunto de temas que son de interés nacional, de cada especialidad. Y la clave está en lograr compatibilizar tu interés personal con la necesidad que tiene el país de tu investigación. No es etéreo, eso tiene que aterrizar. Por eso se exige que las tesis tengan aspectos de innovación, modernidad e integración a lo que es útil a la sociedad.


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