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Domingo 22 de Mayo de 2016

No puedo parar

¿Por qué las fiestas electrónicas captan tanto la atención de los jóvenes? ¿Todos los que van consumen? Hablan los chicos.

La muerte de cinco jóvenes en la fiesta electrónica Time Warp, el 15 de abril pasado, en Buenos Aires, mostró que la forma de divertirse de algunos chicos y adultos jóvenes es hoy muy distinta a la de sus padres. El tipo de música, la concentración de masas y el consumo de sustancias parecen marcar las pautas de la noche. ¿Qué piensan los que van? ¿Qué opinan de la tragedia? Mientras se habla de un cambio cultural, ellos mismos reclaman un debate serio sobre el consumo de drogas en el país y los negocios de las megaproducciones.

Tomás y Florencia son asiduos concurrentes a estas fiestas en Rosario. No les gusta cómo los medios trataron la tragedia de la Time Warp. Opinan que se enlazó la fiesta electrónica con el consumo de drogas y ellos aseguran que no es así. Enojados, no entienden por qué el salón Metropolitano clausuró los próximos eventos.

Sostienen que prefieren estas fiestas a los boliches donde siempre se pasa la misma música. Y es que estos encuentros multitudinarios nacieron de la mano de los sonidos elaborados con computadoras donde el principal atractivo son los disc jockey (DJ) y las mezclas musicales que logran hacer.

Un reconocido DJ rosarino explicó que las fiestas electrónicas son parte de un movimiento global: "Es un estilo que gusta en todo el mundo", destacó. Y explicó que la tecnología e internet colaboran para que los chicos prefieran este tipo de música.

El DJ, que prefirió mantenerse en el anonimato, comparó este fenómeno con lo que ocurría hace 30 años con los Rolling Stones. Y apuntó: "No todo es malo, y el problema, claramente, no está en la música".

Dentro de la fiesta

Tomás tiene 20 años y estudia en la universidad pública. Concurre a estas fiestas desde el 2012. Le gusta muchísimo la música electrónica y a la vez no se siente identificado con los boliches donde "te pasan lo mismo todos los fines de semana". Es de los que no les gusta el rock.

Explica que "la música electrónica es muy dinámica y cada DJ introduce alguna particularidad. Los grandes escenarios y las pantallas son parte del estilo de estas fiestas". Tomás no se las pierde, ni duda en viajar a Paraná o Buenos Aires si hay una fiesta con un buen DJ.

Ama bailar y dice que en los boliches "hay un amontonamiento que no se puede. En cambio estas fiestas se hacen en lugares más grandes, con 5 mil personas". Otra diferencia que marca es que "en el boliche la gente está muy alcoholizada y en la fiesta electrónica no se consume tanto alcohol, pero sí drogas. Cada uno está en su mundo y no molestás a nadie. Lo único que te interesa es bailar".

Aclara que "no siempre la idea es consumir drogas en las fiestas, y además —opina— si alguno decide ingerir una sustancia química el problema es de él".

Contó que acá en Rosario se consume lo mismo que en Buenos Aires: pastillas de éxtasis, anfetaminas, LSD, marihuana, tabaco y alcohol. Reconoce que se beben alcohol y energizantes, pero no tanto como en los boliches. El chico advierte la necesidad de conocer los riesgos en las mezclas, algo que no todos saben.

La culpa de la ignorancia

Según Tomás, el problema más grave es la desinformación que existe sobre los efectos que producen las distintas sustancias. "Nadie sabe qué te puede pasar a largo plazo, ni tampoco qué pasa si consumís en exceso". A la vez cuestiona la prohibición: "¿Para qué prohibir el consumo si yo no molesto a nadie?".

Sostiene que el consumo de sustancias se debería tratar como un tema de salud para entender qué provoca en el organismo. "Todos sabemos que hay que terminar con el narcotráfico, pero —advierte— consumidores siempre habrá. El problema existe y es necesario que como sociedad nos demos lugar a una discusión".

"Además, dice, en fiestas así de grandes siempre hay alguno que se desmaya porque mezcla sustancias o que termine medio dado vuelta y necesite asistencia médica". Eso sucede desde el secundario, agrega.

Otra rosarina aficionada a las fiestas electrónicas es Florencia, de 22 años. Estudia Comunicación Social y tiene un trabajo de medio día. Empezó a ir cuando estaba en la secundaria. Invitada por sus amigas, se animó y desde entonces lo hace cada vez que puede. Le gusta mucho la música electrónica y por eso se enganchó con esta movida. "Al principio había muy pocas fiestas y eran chiquitas, ahora se masificaron", cuenta.

Dice que mejoraron porque las producciones y los artistas son de mayor calidad. Ella decide si ir o no dependiendo del DJ que se presente en la noche y admite que las fiestas más grandes permitieron que vengan a Rosario artistas que antes había que ir a Buenos Aires para escucharlos.

"La fiestas electrónicas son como una mezcla de un recital y un boliche, pero tenés un buen DJ y la música es mucho mejor", explica. También son diferentes la producción, la infraestructura y las luces.

Luego de cinco años de transitar por este tipo de locales, la estudiante menciona que en estas fiestas se consume "de todo", pero no cree que ningún joven se meta en la boca un vaso con pastillas con total confianza. "El que consume lo hace porque quiere", subraya.

Ella es una de las que lo eligen. "Empecé a consumir en otros ámbitos, no en una fiesta electrónica", cuenta pero ahora, si sabe que va a ir elige qué consumir. Prefiere éxtasis, 25I-NBOMe (que tiene efectos similares a LSD), marihuana y a veces anfetaminas. "Nunca tomo todas juntas, ni todos los fines de semana", aclara. Dice que con las sustancias se divierte más, se le abren los sentidos, se siente más conectada con sus amigos y percibe la música de otra manera.

A su vez, cuenta que en ninguna de las fiestas a las que fue faltó agua en los baños, y afirma que se consiguen botellas en la barra, aunque los organizadores se aprovechen y las vendan caras.

Al otro día, entre otros efectos, se siente sobre todo el cansancio "porque le exigís mucho al cuerpo durante la noche", dice, y señala que experimenta un decaimiento propio del consumo de sustancias.

Florencia también reclama más información sobre los efectos de las drogas y la calidad de lo que se consume. Comentó que su manera de informarse era a través de un foro colaborativo en internet donde cada uno volcaba sus inquietudes, y daba consejos desde la experiencia, pero ahora lo cerraron.

En cuanto a cómo conseguir la droga la chica dice que es mejor no comprar adentro, "no sólo porque es más cara, sino porque no se puede saber con certeza qué se está comprando. Con mis amigos tratamos de conseguirla antes, adentro es inseguro, no sabés la calidad de lo que te venden", acota.

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