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Sábado 01 de Junio de 2013

"No podemos seguir con este modelo de secundaria de hace un siglo"

El antropólogo de la Universidad de Lleida (España), Carles Feixa, sostiene que "hay que cambiar el sistema escolar"

"Hay que cambiar el sistema educativo", sostiene el antropólogo Carles Feixa, que habla sobre la adolescencia en el mundo actual y reflexiona sobre el sentido de la escuela secundaria. Feixa es investigador de la Universidad de Lleida (España", considera que no es posible seguir con ese modelo de escuela secundaria que existe hace un siglo, sino más bien aumentar el diálogo entre ella y las nuevas culturas juveniles y adolescentes.

—Estadísticas recientes muestran que cerca del 50 por ciento de las y los jóvenes y adolescentes de América latina y el Caribe abandonan la secundaria antes de completarla. ¿Por qué esto ocurre, en su opinión?

—Tendemos a evaluar el fracaso escolar que ciertamente existe en América latina y también en Europa como un fracaso de los jóvenes, de los adolescentes y casi nunca cuestionamos lo que no funciona en el sistema escolar. En mi opinión, el fracaso escolar contemporáneo es un fracaso estructural que pone de relieve la inadecuación entre el sistema escolar —sobre todo en el ámbito de la secundaria o preuniversitaria— y la cultura adolescente, la cultura juvenil, los modos de vida juveniles. Esto ocurre sobre todo porque ese sistema escolar se creó hace un siglo y prácticamente no ha cambiado desde entonces. Podemos haber introducido en las aulas algún instrumento tecnológico, pero las maneras de enseñar y aprender son las mismas. Estas siguen siendo formas de enseñar y aprender basadas en la introducción de un profesor adulto visto como alguien que sabe todo y unos adolescentes que se considera que no saben nada y que tienen todo que aprender; ellos pasan muchas horas en el mismo espacio, un espacio cerrado, un espacio cada vez más reglamentado, lo que dificulta la noción de la educación como una forma de interacción. Los adolescentes viven una especie de esquizofrenia social, en que a través del tiempo libre, con las redes digitales, vía su convivencia con coetáneos aprenden mucho y, en cambio, la escuela les sigue tratando como si fueran sujetos incapaces de aprender por si solos. Por lo tanto, yo creo que el reto del fracaso escolar es mostrar cómo se puede modificar el sistema.

—¿Qué características se destacan en las y los adolescentes de hoy? ¿Cuáles sus preocupaciones y expectativas?

—No hay una única adolescencia universal. Es cierto que tendemos a hablar de una cultura adolescente global o mundial, pero los adolescentes se diversifican según las áreas geográficas, según su género, según su clase social, y en el fondo cada adolescente es una persona única. Eso tendemos a olvidarlo: casi nunca generalizamos sobre los adultos, nunca decimos que los adultos son así o asado, pero tendemos a generalizar con las generaciones de adolescentes y jóvenes. Sin embargo, es verdad que hay algunos rasgos de la sociedad contemporánea, de lo que podemos denominar el "capitalismo informacional", que son comunes a los adolescentes de todo el mundo. A diferencia del pasado, cuando la diversidad geográfica era un factor determinante, en la actualidad los adolescentes de Bogotá, de Brasilia y de Barcelona, aunque hayan nacido en contextos socioespaciales muy distintos, comparten por ejemplo las formas de aprendizaje en red, de aprendizaje digital que al menos crea un lenguaje común entre ellos que les permite comunicarse.

—¿Cómo debe ser la escuela secundaria, en su opinión?

—Debemos modificar la cultura, tanto de los profesores, como de los alumnos, como del sistema político que gobierna la escuela secundaria. No podemos seguir con ese modelo de escuela secundaria que existe hace un siglo, sino que debe ser una escuela secundaria adaptada a los nuevos adolescentes y a la nueva sociedad. ¿Cómo construirla? Bien de entrada, yo creo que debería haber una revolución en el espacio, en la forma de organizar las aulas, en la forma de organizar los mismos centros escolares. No podemos seguir con una escuela donde hay una pizarra del profesor que enseña y los alumnos están puestos con una dirección casi que de oposición. Debemos buscar aulas muchos más circulares, mucho más interactivas. En segundo lugar, no debe haber una ruptura del espacio escolar y el espacio de la ciudad. Debe haber una interacción mucho mayor con la sociedad, con la economía, la empresa, la cultura. A través de visitar el entorno inmediato de cualquier joven se aprende mucho más cosas que estando en el aula. En tercer lugar, se debería dar un mayor protagonismo a los propios alumnos, ellos deberían preparar casi la mitad de las clases, no deberían ser meros receptores pasivos de lo que enseña el profesor, sino que con técnicas de grupo, de trabajo cooperativo, audiovisuales, ellos pueden autoaprender y enseñar cosas a sus profesores y a su propio sistema escolar. También deberíamos reinventar las prácticas profesionales no sólo para los que están estudiando formación profesional, sino también para los que desean seguir los estudios universitarios. El contacto con la vida profesional es muy pedagógico, permite a las y los adolescentes saber cómo funciona la realidad en sí. Por último, el currículo escolar ha cambiado poquísimo en el último siglo, quizá deberíamos reinventar las asignaturas. Y los libros de texto hoy no tienen demasiado sentido cuando toda la información está disponible on line.

—¿Cómo analiza la tendencia creciente a la aplicación de evaluaciones estandarizadas, que toman en cuenta el desempeño únicamente de las y los estudiantes en pruebas como método para analizar las escuelas, sus profesionales, estudiantes, y el sistema educativo como un todo?

—Mi propuesta de revolución escolar es fortalecer el sistema educativo público, porque si él no se renueva va a acabar siendo un apéndice del sistema productivo. Esas agencias de evaluación no son muy distintas a veces a las compañías de evaluación de los bancos, que dan unas notas muy frías. Tampoco yo las critico, pueden ser sistemas orientativos para tener en cuenta, comparar algunos elementos de carácter global que puedan tener vigencia en el sistema educativo, pero no pueden tomarse ni mucho menos como una religión. En mi opinión, es más pertinente la evaluación más cualitativa, más micro, que es fruto del análisis de contexto escolar, de las formas de aprendizaje. La evaluación solo tiene sentido para mejorar. No tiene sentido que comparen la escuela de un barrio de Lima con la escuela de un barrio de clase alta de Londres, pero debería tener sentido la evaluación educativa si es para mejorar las formas de aprender y de enseñar tanto en Lima, como en Londres. Por lo tanto, creo que los sistemas de evaluación educativa deben existir y permitir comparar buenas prácticas, fenómenos de innovación, pero deberían estar equilibrados lo que son estándares cuantificados (como los índices de alfabetización) y en cambio deberían reforzarse los sistemas de evaluación cualitativa que son fruto del análisis del contexto y sobre todo de los progresos para el aprendizaje de los sujetos.

Extracto de la entrevista realizada por la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (Clade) / www.campanaderechoeducacion.org

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