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Domingo 29 de Mayo de 2016

"No pido permiso para hablar de lo que se me dé la gana"

El escritor chileno presenta Sudor, su nuevo libro, que aborda de manera directa la temática gay y busca retratar en tono de sátira la hoguera de vanidades del mundillo literario.

"Los libros que más me interesan no fueron gestados con amor y cariño. He visto a grandes mentes quedar hechas pulpa tratando de escribir y he visto a muchas personas tropezar antes de empezar. No entiendo hasta el día de hoy la insistencia en comparar y sacar paralelos entre hijos y libros. Basta. ¿Es por la supuesta chance de acceder con ellos a la posteridad? ¿Y de dónde salió esa tríada de plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro?". Esto es lo que piensa Alfredo Garzón -un hombre que ha superado los cuarenta, que adora tener sexo con chicos de veintipico, que conoce como nadie el lado B de la industria literaria por su trabajo como editor en grandes sellos- mientras evoca esos cuatro días y tres noches "extremo calurosos y transpirados" de fines de octubre de 2013. Fue allí cuando vio una escena que lo conmovió. Y así es como se metió de lleno en una historia que, aún brevísima, terminó dejando cicatriz.

Ocurrió durante la Feria del Libro de Santiago de Chile. Ahí llegan el prestigioso escritor Rafael Restrepo Carvajal -que aún conserva algo de ese brillo que le otorgó ser referente del boom latinoamericano- y su hijo, Rafael Restrepo Santos. La idea es presentar El aura de las cosas. Se trata de un libro de fotografías editado por Alfaguara –la novela no se priva de poner nombres reales a hechos ficticios y transitar así un borde inquietante- con fotos tomadas por Rafita durante las maratónicas giras literarias del padre, una estrella que mantiene su tono afable, su bronceado de costoso resort internacional y sus trajes inmaculados. Cada foto lleva un pequeño texto de papá Carvajal. La excusa es que las fotos registran la intimidad de grandes figuras (amigas de Restrepo padre, claro) desde Salman Rushdie hasta Isabella Rossellini. Sin embargo Alfredo considera que el libro es horrible y que la editorial lo publica sólo para seguir siendo obsequiosa con uno de sus autores más redituables. Así, a la vez, Carvajal lava sus culpas por el vínculo displicente y monstruoso que tiene que con ese hijo hecho de una belleza que él no puede comprender. O sea, lo verdaderamente fascinante para Alf es el muchacho pálido e incorrecto que llega tarde a Santiago por haber perdido un vuelo tras un hecho confuso en Buenos Aires. Criado en colegios ingleses, consentido, solitario, Carvajal junior también es escritor. Mejor dicho, poeta. "Tipos como Rafa te hacen dudar. Dudar y sudar. Dudas y sudas y te cuestionas lo que implica ser artista. Te hacía reconsiderar si los escritores que valen son aquellos que no paran de publicar, promocionan, dan charlas, firman libros y ventilan su privacidad o aquellos que apenas escriben, tropiezan, están siempre con resaca, viven la vida sin editar y no se pasan frente a la computadora o en talleres o postulando becas o leyendo libros de editoriales indies", dice Garzón.

Sí, el argumento puede ser largo de explicar. Es que Sudor, la última novela del chileno Alberto Fuguet, es un libro de más de 600 páginas. Y cada parte de la historia tiene su nota al pie. Porque incluso para indicar que el libro fue editado por Random House es necesario agregar luego que Garzón (¿o Fuguet?) también relata el modo en que este gigante editorial terminó cooptando al grupo madrileño Prisa y en ese marco a la editorial Alfaguara. De hecho, si Garzón fue editor de Alfaguara, es allí donde Fuguet publicó la mayoría de sus libros, como su novela anterior, Missing (la historia real de un tío suyo que desaparece en Estados Unidos, uno de sus mejores libros).

Fuguet pasó por Buenos Aires para presentar sus novelas en la Feria del Libro local. Sentado en un hotel de Retiro, frente a una taza de té, asegura que jamás pide permiso para usar nombres reales en sus novelas. Que si bien la historia de su tío ocurrió, en otros libros, como en Sudor, el andamiaje esencial se construye sobre una ficción. Aunque en esa ficción los protagonistas apenas enmascarados sean el escritor Carlos Fuentes y su hijo. Por otro lado, para ahondar en lo políticamente incorrecto, el libro exuda sexo en cantidades. No sólo entre Rafita y Alf sino entre Alf y varios otros. "El título Sudor es todo lo que quedó de un proyecto frustrado de película hot que iba a ser rodada en Iquitos, una ciudad calurosa en medio de la selva peruana", cuenta. Pero a pesar del ambiente paradisíaco, o quizás justamente por eso, él dice que no encontró la historia. Y es que lo suyo son los entornos urbanos, las ciudades erizadas de redes sociales, los encuentros casuales acordados por chat.


—Tu vínculo con el cine viene de largo. De hecho, en las portadas de tus libros te presentás como escritor, cineasta y periodista.

—Sí, incluso eso es algo que me han reprochado, que haga tantas películas y no tenga la continuidad que el mercado editorial espera. Publiqué Missing, mi libro anterior, en 2009 y luego fui guionista, productor y director (en algunos casos, las tres cosas) de películas como Velódromo, Buscando a Rusty James, Música campesina e Invierno, que aquí pudieron verse en ediciones del Bafici. Pero es que si no me considero cómodo, no escribo. Y si por alguna razón el proyecto cinematográfico no me cierra, tampoco lo hago. Por ejemplo, tenía casi terminada la segunda parte de Mala onda y no la entregué porque sentí que su personaje central, Matías Vicuña, ya no tenía algo para decir en lo que yo creyera.


—"Mala onda" es un libro que cuenta la historia de un adolescente en el Chile de Pinochet. ¿Ese libro tiene algo de autobiográfico? Lo pregunto pensando en que te criaste en California hasta los once años y que retornaste a Chile en 1975, en plena dictadura.

—Sí, claro. El libro ahora es parte de las currículas escolares chilenas pero cuando se publicó en 1991, resultó medio extraño porque es Matías quien cuenta su propia historia a los 17 años y en Chile no hay mucha tradición de un adolescente que hable por sí mismo. Es un libro que hizo su propio camino y algunos personajes de Mala onda son lo suficientemente importantes para mí como para aparecer en algún lugar de Sudor.


—En tu nueva novela, Rafita mantiene su furia adolescente, su estar fuera de lugar. También recuerda a la protagonista de "¡Qué viva la música!" del colombiano Andrés Caicedo, esa chica que se mueve por Cali en medio de la noche manteniendo cierta luminosidad, cierto elegancia que la rescata de la decadencia.

—Es que la obra de Caicedo me fascina. De hecho, fui editor de su autobiografía, Mi cuerpo es una celda y la verdad es que me da orgullo haber ayudado a que su escritura se conozca. En cuando a Rafa sí, en él hay algo de Caicedo aún desde el punto de vista biográfico, en esa juventud que parece entrar en combustión y agotarse con mucha rapidez. Y si me apuras, en Rafa también encuentro a Gustavo Escanlar. El participó de la antología McOndo. Murió a los 48 años pero bueno, en Sudor es como si se hubiese quedado en los 24.


— Escanlar fue un periodista, poeta y escritor uruguayo, autor de libros como "Oda al niño prostituto", que lo ubicaron en una zona de realismo sucio, bien urbano. Rafa también es poeta y es imposible no pensar entonces en Bolaño y "Los detectives salvajes".

—Sí, Bolaño me inspiró en el sentido de ser punk, de no querer conquistar a todos. Que eventualmente haya sido super aplaudido, incluso por aquellos a quienes defenestraba, es otro tema. Pero gracias a él sentí que podía tener un lazo con mis padres literarios y también, cuestionarlos. Lo suyo fue una estrategia mafiosa pero también, muy literaria. Me refiero a esos cuestionamientos que hizo donde la idea, en el fondo, era destrozar a todos para brillar él. Bolaño se metió con Antonio Skármeta, con quien yo empecé mi formación como escritor yendo a su taller; con Pablo Neruda, con José Donoso, con Isabel Allende e incluso con Diamela Eltit, que es muy querida y respetada. ¡Realmente le faltó Pilar Sordo! (risas). Me crié en Estados Unidos y siempre me dijeron que tenía derecho a ser rebelde.

Sin embargo, me llamó la atención que en América latina miraban mucho al Che pero no lo imitaban tanto. En términos literarios eso se traduce en la fascinación que ejercieron los escritores del Boom aquí. Me encontré con una tropa de escritores que querían parecerse a ellos hasta que apareció Bolaño. Esa actitud a mí me inspiró para crear McOndo.


—"McOndo" fue justamente la primera gran piedra que arrojaste contra el Boom. Y esa piedra tuvo forma de libro, una recopilación de cuentos de varios autores muy mestiza y pop, muy plagada de referencias urbanas que nada tenían que ver con las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez y todo el realismo mágico.

—La piedra no sólo impactó contra el Boom. Cuando el libro apareció en 1996 muchos escritores se enojaron y me dijeron "Tú me invitaste a una antología y releo tu prólogo que es horroroso porque te metes con García Márquez y yo quiero su protección, su apoyo". Me trataron de imperialista, de que quería que en América latina se hablase como en Estados Unidos, que esas ciudades no reflejaban el exotismo de aquí, en fin... Y la verdad es que yo me crié en Los Angeles y no me parece mal una cultura mestiza, donde te interesen más los Rolling Stones que las zonas rurales. En fin, ya hablé demasiado de McOndo, ya dije que no se volverá a reeditar jamás, ya me costó demasiadas discusiones pero aún así, no me arrepiento de nada.


—Sin embargo aquí volviste con el tema. De hecho, este libro está inspirado ni más ni menos que en el vínculo entre Carlos Fuentes y su hijo ¿Cómo surgió esa idea?

—Ocurrió una de las veces que fui a la Filsa, la Feria del Libro de Santiago en los noventa. Allí los vi a los dos. No podía creer que Fuentes pudiera estar tan bronceado, tan perfectamente vestido, saludara a todo el mundo y al lado tuviese este hijo tan distinto, pálido, con hemofilia, increíblemente hermoso. Estaban sacando un libro por Alfaguara que era pésimo, con esas fotos que tampoco eran la gran cosa. Pero ese chico me fascinó. Me hubiese gustado invitarlo a salir, a conversar, a zafar de ese mundo. Pero ni siquiera le pedí un autógrafo aunque me quedé a su lado. Bueno, de todos modos ese día él no firmó autógrafos porque como siempre, quien lo hizo fue su padre. Sólo se le acercó un chico que resultó de clase alta. Se habían conocido en un colegio en Inglaterra tipo Harry Potter. Es que él estudió en uno de estos colegios prestigiosos donde andas de bufanda y hablaba un inglés perfecto. Me daba mucha curiosidad porque era como un príncipe perdido, que ni siquiera sabía hablar bien en español. Al año se muere y me empecé a obsesionar por escribir una historia que transcurriese en pocos días, en pocas horas, que fuera intensa. Algo así como un cruce entre Antes del amanecer y La princesa que quería vivir.


—El libro se venderá en muchos países, incluido México. ¿Te vas a hacer de nuevos enemigos?

—No fui a México aún y la verdad, no pido permiso para hablar de lo que se me dé la gana. No es un tema personal, es sencillamente un modo de cuestionar cierto canon que parece inamovible. Si los seguidores de Fuentes se sienten atacados es válido porque fue una gran figura hasta su muerte y lo sigue siendo. Pero si miras con atención, verás que el libro es más sobre el hijo que sobre el padre. Creo que ese chico podría haber sido importante. Podría haber ido rockero, poeta, fotógrafo. Y a la vez, a pesar de todo, confío en su obra. O sea que el libro está hecho con cariño, casi con puro deseo, intelectual y romántico a la vez.


—En Argentina quizás el libro sea leído de otro modo que en Chile, donde se puso mucho énfasis en que es una historia de hombres gays. Y es que aquí ya hay una larga tradición de escritura en ese sentido, con autores como Manuel Puig, Néstor Perlongher u Oscar Hermes Villordo.

—Lo que me interesaba es que mis libros tuvieron algo masculino más que gay. Yo no digo que escribir sobre el mundo gay sea un hallazgo. Accedo a leer cierta literatura porque me interesa, como es el caso de Puig, pero sin hacer demasiada arqueología porque no es La Investigación del Siglo. O sea, no me interesó hacer una tesis de mil páginas sobre la literatura gay en América latina. Pero leyendo ciertos autores reconocidamente gay me daba cuenta de que faltaba cierto erotismo literario, cierto goce, cierta simpatía al momento de escribir. Incluso en el cubano Reinaldo Arenas el universo de los varones es oscuro, todo está ligado a ciertas cosas como el HIV y la marginalización. También hay escrituras de lo patibulario, lo carcelario y yo sentía que no podía escribir de ese mundo. Puig tiene mucha cosa camp, es súper femenino. El libro más Puig, sin embargo, no es Sudor sino No ficción. Aquí en Argentina se publicaron juntos pero en Chile salieron separados y No ficción se publicó primero. Ese diálogo entre dos amantes está basado en Maldición eterna a quien lea estas páginas (ver recuadro).


—Sin embargo, ni en "Sudor" ni en "No ficción" hay muchas mujeres o mucha indagación sobre el universo femenino, a diferencia de Puig.

—Puig escribe sobre hombres pero a la sombra de las mujeres, es cierto. Porque en su literatura, son ellas las capaces de sentir mil cosas. Las amistades masculinas siguen siendo parecidas a las amistades del rugby: hombres que no se atreven a llorar, que no se atreven a contar sus cosas, todo el tiempo contenidos en eso que se espera de ellos. Yo quería hacer un mundo de hombres pero no que fuera una cárcel, un barco, una estancia en la pampa. Así que elegí el mundo ambiguo del mercado editorial porque me interesa y porque lo conozco. El tema de estos dos libros es el deseo masculino y también, el modo de ser hombre. Digo, el modo en que me parece interesante ser hombre.

—¿Creés que en "Sudor" también se juega algo de la tensión entre la escritura como profesión mercantil o como oficio que necesita de cierta libertad para desplegarse?

—Es que yo desconfío del escritor de traje que tiene una rutina cada mañana frente a su escritorio. Y que concibe cada libro como una especie de receptáculo formal que debe ir rellenando para entregar a tiempo, para tener continuidad, para que lo aplaudan las editoriales. Estas son páginas sucias, manchadas, llenas de pasión y contradicción. Porque para mí escribir es un acto físico.

Sobre "No ficción"

Junto a Sudor, Fuguet presentó en Argentina No ficción, también editada por Random House. Se trata de un diálogo extenso entre dos hombres que a su modo, fueron amantes tiempo atrás aunque nunca haya habido sexo entre ellos. El libro se abre con un epígrafe de Susan Sontag que alude a los riesgos del amor, al modo en que una persona puede huir llevándose la piel de otra. En ese sentido, No ficción busca revelar la piel verdadera de Alex y Renzo, que rondan los cuarenta y que se juntan toda una tarde en un departamento para intentar un ajuste de cuentas con el pasado. Como sucede con las historias de amor en la vida real, eso no es posible y el diálogo se escapa como un animal salvaje hacia zonas más íntimas y también, más complejas. De hecho, uno de ellos no logra aceptar que esa historia que los une nada tiene de filial y que huir de la consumación del deseo no ubica a una persona en la zona de confort que otorga la héteronormatividad. A la vez, cuando Alex le dice a Renzo que escribirá sobre el vínculo que tuvieron, él le reprocha: "Tú todo lo transformas en ficción". "El título del libro juega con eso, con la autoficción, en la que no creo del todo", dice Fuguet. Y agrega: "Cuando se habla de autoficción ves a un autor reinventando la realidad y usando sus iniciales como si eso lo preservase en algo. Yo cuento una anécdota que no viví pero lo escribí con la idea de que la gente lo lea como si fuera verdad. ¿Hay algo de morbo? Puede ser. Te aseguro que funciona porque más de uno me lo ha preguntado". A la vez, afirma, esa discusión que tienen los protagonistas sobre si Alex se puede tomar o no la atribución de escribir una historia verdadera y hacerlo a su modo, constituyen a la vez libro y making off de libro: "Ahí, el editor es Renzo. Por eso de decirle a Alex que cómo va a llamar a un libro No ficción, que debería ponerle otro nombre y que no se puede confiar en alguien que todo lo usa a su favor para escribir. Es algo que nos reprochan seguido a los escritores".

Extracto de "Sudor"

No es que "el joven Rafa Restrepo" (tenía 24, yo 41) y su delirante paso por Santiago me hayan cambiado la vida (o quizás sí, no sé, hay algo que me dice que sí), pero una cosa es indiscutible: antes enfrentaba la vida de otro modo. Antes vegetaba, celebraba internamente el cambio de calendario (un mes menos, un año menos), quería que la vida pasara y no me hiriera. Pero te hieren, hieres, imposible no salir herido.

El legado no fue leve: un cambio de mirada, un girar el ángulo, un apostar por lo que te puede alterar. Algunos creen que en cierto momento es necesario replantearse todo. No lo creo así; se trata más bien de no pisar tan sobre seguro, de correr algunos riesgos. (...)

Sea como sea, y a lo mejor para saberlo es que estoy escribiendo, lo cierto es que es muy poco probable que vuelva a tener un encuentro tan inesperado como el que tuve cuando me tropecé con el hijo del célebre y potencial escritor panamericano Rafael Restrepo Carvajal y me transformé inesperadamente en su escolta, en su chaperón de Filsa, su "ángel" como dicen en algunos festivales de cine y eventos culturales, su novio-por-unos-días, su amante local, su hermano mayor, su mejor-amigo-nuevo y, a pesar de no tener nada de chico y no manejar en absoluto el arte de la promoción, las relaciones públicas, el tira-y-afloja con los medios, en su "chico de prensa". Esto será acerca de esa gira de prensa.

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