Escenario
Sábado 13 de Agosto de 2016

"No hay canción perfecta", aseguró el músico uruguayo Fernando Cebrera

El músico uruguayo trae su espectáculo "Fernando Cabrera canta a mateo y darnauchans" a la Plataforma Lavardén.

Eduardo Mateo fue el músico-mito más influyente de la música popular uruguaya y Eduardo Darnauchans, el cantautor de las baladas más ensoñadoras del país charrúa, de sustancia dylaniana y tonada rioplatense. Ambos murieron envueltos entre una romántica autodestrucción y la somatización de sus almas encalladas.

    Fernando Cabrera, que conoció y tocó con ambos, les dedicó, primero, una noche en el mítico El Galpón de Montevideo y, después, un disco completo. Hoy, a las 21, el músico considerado desde hace ya mucho tiempo uno de los cantautores más importantes del Uruguay subirá al escenario del teatro Lavardén para presentar en vivo, por primera vez en Rosario, "Fernando Cabrera canta a Mateo y Darnauchans", acompañado en guitarra y percusión Edu "Pitufo" Lombardo.

   El propio Cabrera explicó que el material no estaba pensado para ser grabado, pero que a tres días de aquel show apareció la gente del sello Ayuí y le propuso grabarlo.

   —¿Qué similitudes encontrás entre Mateo y Darnauchans?

   —Amor ciego por la profesión, aunque usaría otra palabra en vez de profesión, una palabra más honda o sagrada. Los dos se entregaron de lleno sin medir ni pedir nada, sin medir retorno alguno. Los dos fueron músicos y letristas muy delicados, también lo fueron como personas, que no intentaron imponer sino seducir. O más bien persuadir.

   —¿A veces no es fácil distinguir a quien de los dos pertenece cada canción, es más, cualquiera podría decir que son canciones tuyas, es como que hay una unidad, una amalgama entre los temas, en cómo son interpretados? creo que me perdí antes de preguntar...

   —(risas) Hace unos años publiqué un disco llamado "Canciones propias" y pasaba lo mismo que me decís aquí, antes de perderte. En ese disco yo versionaba como a 16 autores uruguayos de la generación anterior a la mía, los fundadores de la canción uruguaya (Sampayo, Lima, Lena, Viglietti, Zitarrosa, Grau, Carbajal, Rada). Creo que no tendría sentido hacer versiones idénticas a las originales, aparte que sería imposible. Sin proponérmelo las canciones salen como si fueran mías, y eso además de ser bastante lógico o esperable también es inevitable.

   —Casi 30 años y quince discos después de aquel primer encuentro con Mateo, ¿cómo te ves hoy?

   —Bueno, no me analizo. Quisiera verme más aplomado, pero sin perder instinto de riesgo. Pero más que nada me veo más disfrutador de lo que hago. Antes, el escenario me estresaba un poco, ahora me da felicidad y calma. Así que algo cambió.

   —Y para vos ¿qué significa cada uno de ellos? ¿con cuál te sentís más cómodo interpretándolo?

   —Los veo y siento muy cercanos a los dos. Ambos me enseñaron mucho porque los dos tenían algo de maestros, algo didáctico. Mateo por ejemplo me hablaba de la improvisación, me alentaba a intentarlo, algo que para mí era muy difícil hace 30 años. Para él era más fácil porque tenía esa personalidad lanzada, de tirarse al precipicio y después pensar si valía la pena o no. También me hablaba de las afinaciones, tanto en la guitarra como al cantar. Buscar las notas intermedias que hay ?infinitas- entre las notas temperadas de la música occidental. Y después lo rítmico, uno de sus aspectos más sobresalientes. En cuanto a Darnauchans, él era muy del mundo de la poesía, de hecho estudió Letras en La Plata. En eso era un permanente consultor para mí, me desasnó de muchas torpezas. Era muy generoso a la hora de dar consejos y me ayudó mucho también en el mundo de las grabaciones, de cómo encarar un recital desde el punto de vista escénico, y muchos etcéteras. Además Darno era un melodista notable, ha hecho algunas de las mejores melodías de la cancionística uruguaya.

   — Ambos, creo, eran muy bohemios y no tenían demasiado cuidado con su salud, con su vida, cosa que pasó con muchos músicos desde el jazz de la época del bebop hasta el rock and roll, tipos que vivían al límite, atraídos románticamente de la muerte, ¿hoy los músicos tienen otra relación con la vida, con su cuerpo?

   —La década del sesenta fue muy engañosa en varios aspectos, o mejor dicho en el asunto de la experimentación con drogas. No había mucha conciencia de los daños y esto es algo que sufrió Mateo en carne propia. A Darnauchans le pasó con el alcohol. Pero no es cómodo para mí hablar de estos temas, no me resulta decoroso. Por suerte hay en la juventud de hoy otra conciencia o cercanía con el cuidado de la salud y sus obvios beneficios. Mateo y Darno jugaron con fuego, aunque todos sabemos que suele haber razones que a veces justifican o explican estas actitudes. De todos modos ambos dejaron una gran obra, y dentro de un tiempo ya nadie recordará ni sabrá cómo fueron los detalles de sus vidas.

   —El repertorio de Mateo tuvo mayor difusión y reconocimiento, está mucho más presente que el de Darnauchans, de quien se conoce muy poco, al menos en Argentina, ¿por qué creés que sucedió así?

   —Hace ya varios años que Mateo es conocido en Argentina. Lo han versionado Sandra Mihanovich, León Gieco, los Fattoruso, Rada. En cambio Darnauchans es completamente desconocido aquí y espero modestamente que este disco ayude a que se empiece a difundir sus canciones. Mi esperanza es que los argentinos comiencen a buscar los originales de Darno.

   —Diez o 15 años atrás tampoco de este lado te conocían demasiado a vos, hoy eso cambió, incluso otros intérpretes cantan tus canciones, ¿cómo se dio?

   —Bueno, se dio también por la ayuda de los colegas. Además de productores y periodistas. A mí me vino bien esta tardanza, porque si yo fuera conocido aquí desde hace treinta o cuarenta años quizá ya hubiera saturado a todo el mundo.

   —Es un hecho, vos naciste para hacer canciones, más allá de los momentos buenos, malos, de menor o mayor reconocimiento, ¿podrías definir la canción perfecta, si es posible llegar hacerla?

   — No hay canción perfecta, porque no hay una sola mirada, no hay un solo criterio de apreciación. Pero el mundo sí está lleno de canciones muy buenas y excelentes. Dentro de mi escala, creo haber hecho algunas de las mejores que puedo hacer, un cincuenta o sesenta por ciento, digamos. Y creo que me quedan otro cincuenta o cuarenta por ciento que me están esperando. Las vislumbro.

   —Este año cantaste temas de Alfredo Zitarrosa en su homenaje por los 80 años de su nacimiento en el estadio Centenario, ¿tenés proyectado grabar un disco con su obra, o armar un recital?

   —Por ahora voy a parar un poco con los homenajes y tributos. Tengo muchas cosas mías por hacer todavía y quiero aprovechar el tiempo.

   —¿Qué fue Zitarrosa para vos y para el Uruguay?

   — Zitarrosa es un ejemplo muy grande, un lugar donde mirarse y aprender. Desde mi punto de vista se acerca a la perfección en cuanto al ejercicio de hacer canciones. Está profundamente enraizado a su entorno, unió mundos como el rural y el urbano, fue fino poeta, gran compositor y arreglador, y además tenía esa voz y esa manera de usarla. Más no se puede pedir.

   —¿Hay algún músico argentino con el cual harías algo semejante, o sea, un disco o un concierto con sus temas?

   — Muchos. Yupanqui, Leguizamón-Castilla, Aieta-García Giménez, Gardel-Le Pera, Troilo, Charly García, Spinetta, Ariel Ramírez, Julio Jerez, Gato Barbieri, Cobián, Gieco, Eduardo Falú, Piazzolla, Discépolo, Sebastián Piana, Delfino, y paro por acá porque no me va a alcanzar el diario.

   —¿Habrá pronto nuevo disco de Cabrera con temas propios?

¡Si, si! Estoy ansioso por grabar un nuevo disco. Ya estoy en un proceso que podríamos llamar de preproducción, ajustando tuercas, exigiendo los motores, probando. Anteayer hice cuatro maquetas para mandarle a los muchachos de mi banda. Hace pocas semanas preparamos otros tres temas. Falta poco.


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