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Viernes 05 de Noviembre de 2010

"No habrá más penas ni olvidos": personajes que se nos parecen

Por Gustavo Heredia / La chata con el megáfono está entrando al pueblo, en una pared de ladrillos viejos se lee: "Perón-Evita, la patria", se ve una palabra tachada y al lado "socialista".

La chata con el megáfono está entrando al pueblo, en una pared de ladrillos viejos se lee: "Perón-Evita, la patria", se ve una palabra tachada y al lado "socialista".

—¿Qué pasa don Ignacio?

—Dicen que somos Bolches!

—Pero si yo siempre fui peronista, nunca me metí en política.

El diálogo entre el delegado Municipal, Don Ignacio (Federico Luppi) y Mateo, el único empleado administrativo al que se lo acusa injustamente de ser un "infiltrado", anticipa el nudo narrativo de la película. Afuera una conspiración de consecuencias y dimensiones no esperadas se organiza.

"No habrá más penas ni olvido" nos inserta en la dura y compleja década del 70", en Colonia Vela, un pueblito imaginario que, calmo y tranquilo, devendrá escenario del conflicto que desgarraba al país en el otoño de 1974. Trágico final de una época insuflada de sueños y mucha política.

Otra excelente historia del gordo Soriano que Héctor Olivera lleva al cine en 1983.

Se trata de una historia nuestra donde los personajes se parecen a nosotros, o nosotros nos parecemos a los personajes. Sobre todo si son todos argentinos y peronistas ¿Qué íbamos a esperar? El compromiso de un delegado municipal, un comisario ambicioso y burócrata y una juventud con ansias de protagonismo en la construcción del destino de su país, deberían ayudarnos a entender qué somos o cómo somos. Pinceladas gruesas y profundas de una época que estalló en sueños, traiciones, muertes y cuyas esquirlas aún marcan nuestro presente. No sabremos si no habrá más penas, seguiremos luchando para que no haya olvido.

(*) Cátedra Libre Arturo Sampay

 

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