Escenario
Sábado 04 de Junio de 2016

"No elijo complacer", asegura el actor de stand up Ezequiel Campa

El actor presenta su espectáculo de stand up en dos funciones en Lavardén. Se queja de los críticos y de la televisión y dice que a las grandes masas no les interesa el género

Ezequiel Campa dice que "está bueno darse cuenta que uno no está solo en el mundo". Sus palabras se enmarcan en la presentación de su espectáculo de stand up, que debuta hoy, en Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza) y que debido a que agotó localidades en la función de las 21 sumaron una más para las 23, y se filmará un especial (ver aparte). Paradójicamente a la frase que encabeza esta nota, Campa está absolutamente solo arriba del escenario. Y la empatía que establece con su público nace de mostrarse tal cual es, quizá algo caricaturizado, por su función de comediante. Pero Campa al fin.

   Tras un recorrido actoral, Ezequiel Campa encontró su veta en este género. Primero lo hizo en compañía de Malena Pichot y luego de un buen paso de la dupla y una alta respuesta del público, se lanzó en solitario. En diálogo con Escenario, le subió la temperatura cuando se refirió a las críticas de la prensa, dijo que le gustaría estar en televisión pero no sabe en dónde habría lugar para él; afirmó que no elije complacer al público y aseguró que "no tenemos que olvidar que mucha gente es boluda". Sin filtro, con ustedes, Ezequiel Campa, empieza el stand up.

   —¿En tu espectáculo te apoyás con algunas imágenes audiovisuales, con música grabada o músicos en vivo, por ejemplo?

   —No, no, no, lo que hago es stand up de lo más tradicional, no hay escenas, no hay canciones, no hay pantallas, no hay nada. Estoy yo solo, nada más ni nada menos. Y que sea lo que Dios quiera.

   —¿El stand up se convirtió en un fenómeno porque ocupó un espacio que estaba vacío o por prepotencia de trabajo?

   —Mirá, yo el análisis no lo suscribiría solamente a la Argentina, porque es un fenómeno que ocurrió en todo el mundo. Hay condimentos particulares en la Argentina, pero en realidad el que puso el stand up en boca de todos fue Seinfeld, hace veinte años, que creo que es la serie más vista en la historia de la televisión. Seinfeld fue el que sumó al gran público. El género ya tenía muchos años, pero era cosa más de nichos para gente que le gustaba el stand up. A partir de ahí empezó un fenómeno nuevo en Estados Unidos y Europa y después llegó a la Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Colombia, Venezuela, te nombro lugares de donde conozco comediantes desde hace años.

   —La gente busca espejarse con vos en el escenario, ¿con qué cuestiones empatizás con el público en tus monólogos?

   —(Piensa) Creo que esa empatía no es literal, en el sentido de que no es que yo hablo de mi viejo y la gente dice "a mí me sucede lo mismo". La empatía tiene que ver más que nada con generalidades, en el sentido de que el público piensa "no soy el único que tengo problemas con mi familia". Está bueno darse cuenta que uno no está solo en el mundo, eso identifica más a la gente en lugar de la cosa específica de que yo diga que tengo las pelotas llenas de que mi mujer cocine para el orto. A la gente lo que le gusta es sentir que somos todos iguales, que no estamos tan solos, que a todos más o menos nos pasan las mismas cosas, creo que pasa más por ahí.

   —¿La gente se ríe más de las cosas desgraciadas, las que justamente no deberían causar ninguna gracia?

   —Ahí está el laburo y el desafío del comediante, lograr de eso la comedia. Es como sacarle agua a las piedras, es como el escultor que de la piedra saca una escultura, bueno, el laburo del comediantes es sacar comedia de donde, a priori, pareciera que no la hay.

   —¿Sentís la la libertad para decir cualquier cosa sobre un escenario?

   —No, no, esa es una cuestión filosófica e ideológica que tiene que ver dónde uno se planta. Yo no elijo complacer al público, tampoco lo voy a bardear. Yo hago lo que a mí me parece y por suerte hay quienes les resulta divertido, eso otro que vos decís es la tele: hacer lo que la gente está esperando y darle eso y complacerlo como si fuese un delfín a quien le dan una sardina. Esa no es la razón por la cual los comediantes nos acercamos al stand up y los actores al teatro.

   —¿Te sentís muy lejos de la televisión?

   —Yo no tengo ningún prejuicio con la tele, y me encantaría estar en la tele, pero por otro lado no veo dónde podría estar. La tele actual es una tele de los años 80, el domingo tenés en el Trece Mirtha Legrand, en Telefe "Polémica en el bar" y está por empezar "La peluquería de Don Mateo", y en el 9 está El Chavo del Ocho, o sea, no tengo prejuicios, nos facilita el laburo para los que hacemos teatro con la TV, porque cuánto mas gente te conozca más posibilidades tenés de que paguen una entrada y te vengan a ver, que es en definitiva lo que más nos gusta, pero no puedo negarte que no veo dónde podría yo encajar.

   —En una oportunidad recibiste críticas negativas por un espectáculo con Pichot, debido a que te referías algo peyorativamente sobre los gordos y judíos. ¿No te afecta herir susceptibilidades en tus espectáculos?

   —Hay una cosa que uno nunca menciona y es que no nos tenemos que olvidar que hay mucha gente que es boluda, y uno no puede hacer un análisis de las cosas sin considerar que hay una porción de la gente que es estúpida, y es así, porque se cagan de risa con todo pero decís otra cosa y se ofenden. Uno hace un chiste sobre aborto o violación y se cagan de risa, ahora si hacés un chiste sobre judíos, ah, no pará, pará. Entonces tienen una moral hecha a medida, pero bueno, qué importa, hay público para todo, y está todo bien, que se ofendan, está bueno que se ofendan, porque por lo menos es algo, porque yo me canso de ver espectáculos o cosas en tele que ni ganas de ofenderme me generan, está bueno que la gente se ofenda un poco, al menos es un estímulo.

  —¿Sos capaz de modificar algo por una crítica negativa?

   —No, lo que pasa es que no hay críticas, crítica del stand up en la Argentina no hay ¿quién puede hacer una crítica de stand up en la Argentina si no tienen ni idea de lo que es? ¿quién puede hacer una crítica del stand up que yo pueda tener en cuenta? Vos fijate que esta crítica del diario La Nación (se refiere a una nota escrita por Laura Ventura en 2013) se quejó porque no hice un cambio de vestuario, por ejemplo, ¿cómo puedo modificar algo por esta crítica? No hay periodistas o críticos que entiendan del género para que uno considere lo que ellos digan, pero más allá de que los haya ¿cómo voy a coartar mi laburo por lo que diga un crítico?

   —No, por supuesto, la creatividad no debe interrumpirse, pero..

   —(Interrumpe) Eso, entonces ¿qué tengo que hacer yo? ¿Tengo que ajustar mi laburo para que a los críticos les guste y estén de acuerdo y no se ofenda nadie, eso no es lo que hago yo ni lo que hacen los comediantes que a mí me gustan.

   —Bien, pero lo que disiento con vos es...

   —(Interrumpe otra vez) Aparte, perdoname, perdoname, una cosa más, tampoco necesitamos de los medios, ni de los periodistas, ni de las notas, ni nada, no lo digo ofensivamente, pero no le debemos nada tampoco. Yo empecé en un sótano hace 12 años actuando para tres personas y una columna, lo que más veía desde un escenario era una columna. Entonces, hace 12 años que volanteo, que me engripo por estar en pleno invierno repartiendo volantes en el teatro, y remando y remando y remando, y ¿qué voy a hacer ahora? ¿no voy a hacer un chiste porque por ejemplo hay una persona de Clarín que no le gusta? Pero tomátela.

   —Lo que no creo...

   —(Interrumpe por tercera vez) O sea, no le debo nada a nadie, no soy un producto. A nosotros no nos inventaron los medios, nosotros existimos en un nicho, en una cueva, que vienen veinte borrachos a vernos actuar y es eso, no es otra cosa.

   —Bien, lo que disiento con vos, es que sí creo que hay periodistas que están capacitados para criticar y analizar el stand up, porque muchos pueden analizar géneros aun más elaborados que el stand up.

   —Lo que pasa es que sí lo pueden analizar, el tema es que no quieren, porque cuando ves las notas te das cuenta que no quieren analizarlo. Ahí te das cuenta que lo mandaron a cubrir un espectáculo y el análisis es de una persona que no quiere o no entiende. Tampoco tengo 75 críticas de mi obra, no las hay, porque por ahora me parece que el género no le importa a las grandes masas, y si no le importa a las grandes masas no le va a importar a los medios masivos.

   —¿Y no sentís que los actores están enojados con el stand up porque sienten que a muchos les quitó posibilidades de trabajo?

   —Yo, más que enojado, veo que hay muchos actores que lo menosprecian al género, pero ellos se lo pierden, porque lo hacen desde un lugar de suma ignorancia. A mí me han dicho actores que el stand up es una porquería, que la comedia y el humor es otra cosa, y en medio de la discusión te mencionan a Woody Allen y no saben que Woody Allen hizo durante años stand up, y bueno, la ignorancia es atrevida.

   —Los actores dicen que invierten en escenografía, vestuario y componen personajes, y en cambio ustedes jamás lo hacen y llenan teatros.

   —Yo nunca escuché eso, pero si alguien me lo dice la respuesta va a ser "bueno, jodete, ponete a hacer stand up". A mí me saca público la selección cuando juega Messi, pero no voy a ir a jugar al fútbol, qué se yo. No es tan misterioso el stand up, cuando está bien hecho está buenísimo como género, y no es ni más ni menos que eso, un género. Claro, acá dicen "no, ese género lo inventaron en Estados Unidos". Y yo digo, claro, como si el rock and roll lo hubiese inventado Charly García.

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