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Sábado 08 de Agosto de 2009

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La experiencia es bien conocida para los usuarios de internet: leer los comentarios a las noticias y columnas incluidas en páginas web nacionales implica el acceso gratuito a un muestrario de la insolencia, la incultura, la agresividad y el resentimiento de muchos argentinos.  

La experiencia es bien conocida para los usuarios de internet: leer los comentarios a las noticias y columnas incluidas en páginas web nacionales implica el acceso gratuito a un muestrario de la insolencia, la incultura, la agresividad y el resentimiento de muchos argentinos.
Lo que con tanta frecuencia aparece en ese espacio que los blogs o medios masivos como este conceden a sus lectores no es el disenso con una opinión firmada ni la crítica hacia determinado enfoque de la realidad, sino el mero insulto, la lisa y llana falta de respeto y hasta la violencia más cruda. Todo esto, para colmo, ejercido desde la liviana comodidad del anonimato.
Hay temas donde tan triste tendencia colectiva se acentúa: el fútbol, por ejemplo. Allí el racismo está a la orden del día.
El terreno de la política no es diferente: cuando las polarizaciones son evidentes, como en el reciente conflicto entre los ruralistas y el gobierno o en la ríspida cuestión de los derechos humanos, el diálogo de sordos se evidencia en brutales expresiones de odio hacia la otra parte.
Ni siquiera la literatura, la música o el cine son ajenos a tan penoso hábito. En esos territorios también se muestran, impúdicas, la ignorancia, la grosería, la soberbia y el ninguneo.
Las razones del fenómeno hunden sus raíces en los sucesivos fracasos de este país para convertirse en vivible, incluso en democracia. Aunque aquí reaparece triunfante la vieja cuestión del huevo y la gallina: ¿es el todo el que hace a las partes o son los individuos quienes determinan al grupo?
La relación es innegable: participamos como individuos de lo que construye el conjunto y al mismo tiempo resulta difícil, como seres aislados, extraernos de la influencia tantas veces nociva de la sociedad en la cual nos desarrollamos.
El tránsito, con su dramática secuela de muertes en accidentes evitables, es un ejemplo nítido del fracaso colectivo sustentado en comportamientos individuales irresponsables, de una irresponsabilidad tal que linda con el crimen.
Los foros de internet no son espacios creados para el ejercicio de la insolencia impune, la violencia gratuita y el resentimiento personal: son ámbitos destinados al intercambio respetuoso, el debate fértil y el aprendizaje mutuo.
La pregunta es inevitable: ¿cuándo nos mereceremos la libertad?



 

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