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Sábado 14 de Marzo de 2015

¿Nisman fue el tercer atentado?

La causa de la muerte del fiscal probablemente nunca se sepa con certeza por un fenómeno habitual en la Argentina: fallas en la investigación, impericia y encubrimiento. Haya sido suicidio o asesinato, ¿fue el desenlace de un fiasco de la política internacional argentina?

A casi dos meses de la muerte del fiscal Alberto Nisman, quien investigó durante una década el atentado a la Amia e imputó por ese ataque a varios ex funcionarios iraníes, hay más dudas que certezas sobre lo que ocurrió en su departamento de Puerto Madero donde lo hallaron sin vida.

En la Argentina, muchas investigaciones judiciales, mayormente vinculadas con situaciones impactantes, nunca se aclaran o demoran años en resolverse. Por ejemplo, la Corte Suprema de Justicia de la Nación, encargada de determinar qué ocurrió con la voladura de la embajada de Israel en 1992, identificó a los culpables pero nunca los encontró. Lo mismo ocurre con la justicia federal porteña respecto de la Amia, porque pese a los casi 21 años transcurridos desde la voladura de esa mutual, no hay un solo procesado ni detenido por el ataque.

En otras latitudes las cosas son distintas, pero ¿por qué? En los atentados terroristas de Madrid y Londres de hace varios años, la policía identificó en horas a los responsables. En el ataque a la revista francesa Charlie Hebdo, en enero pasado, sucedió lo mismo. Pero aquí, la conjugación de impericia, ineptitud e intencionalidad política en base a prácticas corruptas y prejuicios que vienen de generaciones, complotan para que nunca se sepa la verdad. Y cuando se afirma que se la ha hallado, el descrédito es tan grande que nadie lo cree. Es por eso que para una gran mayoría de la población el empresario Alfredo Yabrán sigue vivo y disfruta del sol en una isla paradisíaca o que a Carlos Menem Junior lo mataron y no falleció por un accidente mientras piloteaba un helicóptero.

Hay más ejemplos de situaciones que nadie cree y que abonan esta modalidad vernácula: pese al consenso general de culpabilidad y al testimonio del ex vicepresidente Chacho Alvarez, un fallo judicial no halló culpable a De la Rúa por el pago de sobornos a senadores nacionales para que aprueben una ley laboral, en el famoso caso de la Banelco. O también la causa de la valija con casi 800 mil dólares que el empresario venezolano Antonini Wilson intentó ingresar al país, investigación que todo indica va camino a la prescripción.

Toda esta combinación de factores derivan en el final buscado: nada se sabe ni se sabrá nunca, con lo que la impunidad prevalece.

Teorías sobre Nisman. Para intentar hacer una conexión con lo que podría haberle sucedido al fiscal es necesario remontarse al momento político argentino cuando se perpetraron los atentados contra la embajada de Israel y la Amia, ambos durante el gobierno de Carlos Menem. ¿Por qué dos terribles bombazos en Buenos Aires (1992 y 1994) en un período de tiempo tan corto? Es evidente que esa decisión terrorista tuvo que ver con situaciones de política interna y externa de la Argentina. Porque embajadas israelíes hay por todo el mundo, lo mismo que desconocidas mutuales de la colectividad judía donde poder atacar.

Menem, además de dejar al país en un desastre socioeconómico, tenía vínculos con el mundo musulmán, adonde viajó antes de asumir. Después también con Israel, donde estuvo de visita convirtiéndose en el primer presidente argentino en pisar suelo de ese país. Por todos lados, seguramente, Menem llevaba su sonrisa y promesas que tal vez nunca iba a poder cumplir, un clásico de los dirigentes argentinos, pero que no es una actitud tolerada en latitudes donde están en juego profundos intereses políticos, económicos y militares.

¿Los dos atentados fueron consecuencia de pactos no cumplidos, “traiciones” políticas internacionales, la adhesión de Menem a Bush y Estados Unidos en la guerra del Golfo, o promesas falsas a Siria y su aliado shiíta Irán sobre ayuda para el desarrollo nuclear? Nunca se sabrá con exactitud, pero es probable que los dos ataques en la Argentina se encuadren en un contexto de confusas maniobras argentinas en los conflictos internacionales en una parte del mundo donde las diferencias se dirimen a sangre y fuego.

Un caso distinto, sólo a manera de intentar ilustrar el abismo de diferentes reacciones, fue el pago de millonarias coimas a funcionarios del gobierno menemista que hizo la empresa alemana Siemens para quedarse con la licitación para confeccionar los DNI. Fue un escándalo internacional por prácticas corruptas, también en otras partes del mundo, que se saldó –para Siemens– con abultadas multas de 500 millones de dólares en Alemania y 800 millones de dólares en Estados Unidos para poder seguir cotizando en la bolsa de Nueva York y presentarse en licitaciones públicas. Los alemanes pagaron sobornos a Menem y sus funcionarios, firmaron un contrato y el negocio de los DNI nunca se llegó a concretar, pero es imposible pensar que ese trato incumplido se hubiese zanjado con un ataque terrorista al estilo de la embajada y la Amia.

Volviendo a Nisman, el insólito memorándum de entendimiento con Irán firmado en enero de 2013 parece haber sido el punto de partida de una situación que llevó al fiscal a la muerte y que previamente había generado una feroz interna en los servicios de inteligencia argentinos, con un agente muerto incluido en llamativas circunstancias en julio de ese mismo año.

El memorándum de entendimiento con Irán, cuestionado en esta misma columna cuando se lo conoció, tal vez prometía a los iraníes más de lo que el gobierno argentino estaba en condiciones de otorgar. Por impericia, miopía política u otros motivos inconfesables, la Argentina supuso que los iraníes acusados por Nisman aceptarían declarar ante la Justicia argentina. ¿Pero a cambio de qué? Era obvio que el único interés de Irán era terminar con los pedidos de captura internacional para los imputados en la Amia y mejorar su imagen global. ¿Y entonces?

¿El canciller Timerman, salvando las distancias, volvió a repetir la historia de lo sucedido con Chamberlain cuando regresó de Berlín prometiendo paz a los ingleses, o del ruso Molotov que pactó con Hitler un acuerdo de no agresión? Nada de eso ocurrió porque quien intenta acordar con un monstruo político termina mal. El desarrollo y desenlace de lo sucedido en esa guerra mundial que no se evitó pese a la promesas de paz es más que conocido.

¿El gobierno, con el memorándum, se comprometió ante Irán a cosas imposibles de cumplir o creía ingenuamente que los iraníes aceptarían aparecer en toda la prensa mundial a cambio de nada cuando un juez y un fiscal argentinos les irían a tomar en Teherán declaración indagatoria a los imputados?

Es necesario recordar que el anterior presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, anunció más de una vez que el Estado de Israel debía ser eliminado de la tierra y organizó en Teherán seminarios “revisionistas” para negar el Holocausto, al que asistió invitado el impresentable Luis D’Elía. Ahora, con un mandatario que aparece veladamente más moderado, pero que continúa con el apoyo a los grupos terroristas como Hezbolá en El Líbano o al genocida Assad en Siria, Irán y Estados Unidos negocian un polémico acuerdo nuclear. ¿Si el pacto no se firma pese a los ya varios meses de negociación o si se lo suscribe pero no puede cumplirse en el futuro por inviable, Estados Unidos y las otras naciones signatarias se arriesgan a una represalia de envergadura?

Si se retoma la misma línea de pensamiento retratada en el posible origen de los dos atentados, la muerte de Nisman podría inscribirse en uno nuevo, el tercero. ¿Por qué? ¿Podría haber sido una represalia ante promesas incumplidas, interpretaciones disímiles o simplemente estupidez humana? Lo único cierto es que el Parlamento iraní nunca ratificó el memorándum y aquí la Justicia lo declaró inconstitucional pese a haber sido aprobado por el Congreso. Es decir, ese inentendible memorándum que se firmó con Irán fue inviable.

Si Nisman se suicidó porque advirtió que los servicios de inteligencia lo habían traicionado (traición que reveló la inefable diputada Patricia Bullrich) y su denuncia se tornaba insustentable o directamente lo asesinaron, ambas situaciones configurarían un mismo cuadro político: producir un gran impacto en la sociedad argentina y dejar claro, una vez más, –a este gobierno y a los que vendrán– que en ciertos estamentos de las relaciones internacionales de otras regiones del mundo los errores, engaños o incumplimientos se pagan con sangre. Pero sólo es una hipótesis.

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