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Sábado 12 de Octubre de 2013

Niños capaces de expresar sus emociones y disfrutar cada momento

Seis mil pequeños de toda la provincia recorrieron distintos juegos y se animaron a hablar de la felicidad

Seis mil niños y niñas entre 4 y 14 años, procedentes de escuelas públicas y privadas de la provincia, participaron de jornadas de juego y construcción a partir de diversos dispositivos lúdicos diseñados especialmente para escuchar sus propuestas e inquietudes, y como disparador además en el diseño de nuevas políticas de infancia.

Bajo el lema "Hablemos de la felicidad", los chicos se reunieron para tomar la palabra y explorar con el cuerpo la importancia de las relaciones, los vínculos y los sentimientos. LaCapital acompañó a un grupo de chicos de 10 a 14 años, en su primera sesión de juego realizada en Plataforma Lavardén, y comprobó que los grandes pueden aprender mucho de los chicos.

"Un niño no pensaría la felicidad. La infancia es otra cosa, conoce de otro modo...", anuncia una frase del encuentro. Pero al preguntarles a los chicos ¿qué cosas los hacían felices?, enseguida asociaron la felicidad con el juego, los amigos, la música, la familia, y por supuesto como dicen ellos "cuando hacen las cosas bien".

Imaginación. "En cada actividad priorizamos el juego y la imaginación, también hablamos y debatimos sobre aquellas ideas y sensaciones que tienen con respecto a la felicidad", destaca María Eugenia, una de las coordinadoras del grupo. Alrededor de 250 jóvenes guiaron a los chicos por los espacios de acción, relatos, inventos y construcciones, dispuestos en el Tríptico de la Infancia (La Isla, El Jardín y La Granja) y Plataforma Lavardén.

"Los chicos logran identificarse con las propuestas que ofrece el recorrido lúdico. Algunos prefieren escribir, otros bailar o expresar sus intereses en dibujos y escrituras. Enseguida se enganchan y descubren un lugar para compartir con los otros, sin importar la edad ni a qué escuela pertenecen. Sin prejuicios, simplemente juegan", reflexiona Alejandro, otro de los coordinadores y además profesor de teatro y títeres.

"La idea es estar despojados de la mirada de los grandes", dicen los organizadores, ante la decisión de no permitir el ingreso de docentes o padres en las sesiones de juego de los chicos. Acompañados por un adulto responsable, cada escuela eligió a sus congresales, seleccionados por sus maestras o elegidos por sus compañeros. Mara es alumna de la Escuela Islas Malvinas. "Mis maestras me dijeron que era un lugar de juegos y diversión, y que tratara de pasarla bien porque soy buena alumna", dice la niña de 10 años.

El primer juego consistió en elegir un delantal de cocina con una consigna que invitaba a cada chico a escribir una preparación. "Receta para cuidar los lugares de juego o hacer una ciudad para niños"; "Receta para que la escuela sea divertida". Estas consignas y muchas más lograron la atención y el ingenio de los chicos.

"Tenía ganas de vivir esta experiencia y me parece algo bueno y divertido", dice Brisa, alumna de 7º grado de la Escuela Nº 90. Ella eligió escribir una receta sobre "Cómo llegar solos a la escuela", y explicó la preparación. "Primero hay que poner en un bol 2 kg de cuidado y agregar las dos pizcas de mirar a todos lados. Luego incorporar 3 kg más de cuidado y 2 kg de estar bien despierto y una cucharadita de confianza. Mezclar todo y al horno, al salir dejar enfriar y listo para llegar solos a la escuela".

Otro de los chicos ideó la receta "Para defender los derechos de los niños", y entre los ingredientes tuvo en cuenta el respeto, la solidaridad, la amistad y la convivencia.

La sala Garabato fue otro de los espacios de juego pensado para que los chicos puedan hacer algo que casi nunca está permitido: dibujar y expresar lo que sienten en las paredes y en el piso. Caricaturas, juegos de rayuelas y ta-te-ti y frases conocidas fueron llenando de a poco los espacios blancos. "La felicidad es el producto de hacer lo que amás", señalaba una de las inscripciones con letra infantil.

También baile. Cuando llegó el turno del baile, Guillermo, el profesor de tango, se presentó así: "Me gusta bailar y soy feliz haciendo esto", y logró sacarle una sonrisa a todos los presentes. Con ejercicios de ritmo y creatividad, movimientos lentos y rápidos, los chicos lograron soltarse de a poco. Agustín enseguida se puso a bailar y contagió su entusiasmo a los demás. "Me encanta la música y aprendí a bailar mirando la compu, también toco la guitarra y el teclado", dice el alumno de 5º grado de la Escuela San Francisco Solano

"Esta felicidad que se expresa en el baile está al alcance de todos, y es fácil de conseguir porque lo hacemos con nuestro cuerpo y no tenemos que desarrollar grandes habilidades ni capacidades intelectuales", cuenta desde su experiencia como profesor en el Centro de la Juventud.

El último espacio que recorrieron los congresales en su primera jornada de juego los llevó hasta el sexto piso de Plataforma Lavardén. Observaron la ciudad real, cerca del reloj de la cúpula del edificio, y otras cosas que hasta ese momento sólo miraban desde abajo. Más tarde diseñaron entre todos la ciudad soñada.

Los adultos también hablaron y debatieron acerca de la felicidad en espacios de exposiciones y debates a cargo de reconocidas personalidades como artistas, pedagogos, periodistas y deportistas.

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