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Sábado 25 de Septiembre de 2010

Nieve pura

Pasan los días, difíciles, arduos. Problemas, broncas, más problemas. En esta Argentina no resulta sencillo preservar la sonrisa, encontrar tiempo y espacio para el milagro. ¿Milagro? ¿Qué estoy escribiendo?

Pasan los días, difíciles, arduos. Problemas, broncas, más problemas. En esta Argentina no resulta sencillo preservar la sonrisa, encontrar tiempo y espacio para el milagro. ¿Milagro? ¿Qué estoy escribiendo? Milagro, sí, milagro. Que los hay, los hay.

Tardes pasadas, en una pausa en medio del vértigo, salí a caminar por la zona más solitaria del parque Urquiza, la que da sobre las barrancas de avenida Pellegrini, cerca del puente al que tanto se cuestiona. El cielo estaba cargado y caían unas gotas. El verde estaba más verde que nunca y había un extraño silencio en el paisaje: ese que suele preceder a la lluvia. Y entonces, en un relámpago, las vi.

Para mí son el vivo retrato de la infancia. En el jardín de mi casa en Arroyito (ya no está) una gran coronita de novia gobernaba la escena. Se mezclaba en el fondo del patio con una parra de uva chinche, un níspero, un pino y un macizo de hortensias que eran la locura de mi madre junto con las margaritas. Y cuando en primavera se cubría de flores blancas, la coronita se volvía un milagro. Yo simplemente me quedaba allí, mirándola. Como me quedé la otra tarde, frente a las coronitas del parque. Todas estaban en flor. Y yo, ciego, no las había visto.

Pero alguien se compadeció de mí y me abrió los ojos. Estaban allí, luminosas, protectoras, bajo un cielo misterioso que me retrotrajo a la niñez. Y el mismo que me había hecho ver me empezó a dictar. Lo que me dictó es esto:

"Vayan a ver las coronitas de novia. Ya han florecido y están nevadas en las barrancas de Pellegrini. Vayan a verlas: son un milagro. Vayan a verlas, han despertado. Las coronitas en su blancura de nieve pura y de libertad. Busquen a alguien, denle la mano. Vayan a verlas y después guárdenlas para siempre en el pecho claro, ya iluminado, sin soledad".

De pronto, la voz calló. Había empezado la lluvia.

 

 

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