Ovación
Miércoles 17 de Agosto de 2016

Nicolás Córdoba: "Ahora tengo ganas de romperla en Tokio"

El Colo de Alvarez llegó a los Juegos de Río como primer suplente y disfrutó a pleno su participación.

"Increíble, increíble", es la primera expresión que sale de la boca de Nicolás Córdoba, el gimnasta rosarino que había quedado como primer suplente para Río 2016, no por puntuación sino por una distribución de cupos por países, y a pocas semanas de los Juegos se enteró que estaría en Río por la lesión del portugués Gustavo Simoes, quien se fracturó el pie izquierdo.

El Preolímpico se había disputado en abril y a Nico le llevó unos cuantos días recuperarse de semejante desilusión y volver a entrenar. "Ya está, este año no compito más, sigo entrenando por gusto y el año que viene vemos si empezamos a pensar en los próximos Juegos Olímpicos. Se ve que no era para mí", cuenta que pensó.

Tuvo dos Copa del Mundo en las que le fue bien, decidió continuar los entrenamientos en Estados Unidos para no correr riesgos de relajación en Argentina. "Iba a tener muy cerca a la familia, a mi sobrino, a mis amigos que hacía mucho que no veía, en esta época del año en nuestro país hace frío, no tengo un buen gimnasio para entrenar. Se sumaban muchas cosas y por eso elegí viajar a Estados Unidos", detalla Córdoba.

Y nunca imaginó que esa decisión iba a ser ni más ni menos que su puesta a punto para los Juegos Olímpicos.

El 22 de julio, a nada del comienzo de los Juegos, se despertó y lo primero que hizo, como todo el mundo, fue prender el celular. El whatsapp no paraba de tirarle mensajes de felicitaciones de sus amigos y familiares y él no entendía muy bien por qué. Un par de minutos más tarde, una llamada de la Confederación Argentina de Gimnasia le confirmaba oficialmente su participación en Río 2016.

Para Londres 2012, Córdoba había perdido la clasificación con Federico Molinari porque se cayó en un salto. Molinari tuvo una actuación extraordinaria e histórica para la gimnasia argentina y se llevó un diploma olímpico, distinción sólo reservado para los competidores ubicados entre el cuarto y el octavo puesto.

Desde ese momento Córdoba empezó a pelear en todos los frentes para llegar a Río. El año pasado terminó primero en el escalafón mundial de barra y todo parecía encaminado.

Pero llegó aquel Preolímpico y todo pareció desmoronarse. Hasta que llegó la chance de estar por el infortunio del portugués y el sueño se hizo realidad cuando ya ni se lo imaginaba.

Ahora, tras una muy aceptable actuación que lo dejó en el 18º puesto de la general, el Colo no para de contar sus sensaciones.

"Estaba entrando en calor en el gimnasio, en el warm up hall, que es un gimnasio casi idéntico al de competencia pero un poco más chico. En ese lugar uno hace la entrada en calor simulando la competencia o cada uno hace lo que sienta necesario para después desarrollar su rutina y la verdad es que me sentía muy relajado, boludeando con mi entrenador, con la doctora. Nos formaron para competir y todo el mundo estaba concentrado. Cuando ingresamos al estadio empecé a ver gente por todos lados y en el fondo vi una bandera argentina gigante con un montón de gente que me alentaba. Nunca pensé que iba a haber tanta gente que había ido a verme a mí. Cuando fui a la barra, que es el aparato en el que competí, tenía a toda la hinchada al lado. No sé cuántas personas habría, ¿treinta, cuarenta? Para mí eran un montón. Fue muy bueno, tenía la piel de gallina. Fue una de las veces que más ganas de competir tuve. Me sentía bien entrenado, contento de estar ahí y quería regalarles a los que estaban, a mi familia, mis amigos y los que me estaban mirando por la tele una buena rutina para que disfruten", cuenta el Colo con el acelere lógico que le genera su primera participación en Juegos Olímpicos, una experiencia intransferible para cualquier deportista de cualquier condición, pero mucho más para quienes transitan el mundo mostrando sus virtudes en especialidades que no son masivas, al menos en Argentina.

"Es todo muy emocionante acá. ¿Sabés lo que pasa? Es tan difícil clasificar y ser parte de esto. Y ni hablar si conseguís un buen resultado, un diploma o una medalla. Yo lloré con la medalla de la Peque (Paula Pareto). Porque la quiero mucho, porque es argentina y porque fue emocionante", dice el Colo. De regreso a la rutina que desarrolló en los Juegos, Córdoba, que arribará hoy a la ciudad, cuenta que en ningún momento se salió de su concentración a pesar de haberlo conmovido la cantidad de gente que fue a alentarlo.

"Estaba enfocado en lo que tenía que hacer y preparado para lo que sea, pero estaba seguro de que no me iba a caer".

Los Juegos Olímpicos pasaron, la emoción permanecerá y la experiencia seguirá siendo intransferible, pero la carrera sigue.

"Tengo un Panamericano el mes que viene, tengo un Sudamericano y una Copa Mundial más adelante, pero lo primero que voy a hacer cuando llegue es juntarme con mi familia, mis sobrinos, mis amigos, que son personas que están siempre y que extraño mucho. Necesito nutrirme de mis seres queridos". El presente es muy bueno, el futuro inmediato parece ideal y en la proyección del Colo Córdoba están los Juegos de Tokio en 2020.

"Tengo ganas de estar en otros Juegos Olímpicos, más que nada después de lo que pasó acá. Estuve cerca de la final y jamás había pensado que iba a sacar una nota así en una competencia de este nivel. Estaba dentro de las posibilidades, pero nunca lo había pensado. Y ahora tengo ganas de romperla en el próximo", cerró el gimnasta de Alvarez.

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