Clásico rosarino
Lunes 24 de Octubre de 2016

Newell's fue una Fiera

Cortó la racha adversa y superó a Central con un golazo de Maxi Rodríguez. La Lepra desató una fiesta en Arroyito.

Segundo minuto de descuento. Córner no forzado que entregó Dylan Gissi. Empate en cero clavado. Otro clásico que estaba a instantes de ingresar en la historia de las igualdades mezquinas, sin goles, de esas que suelen pasar al olvido rápidamente. Todo parecía estar cocinado y así Central se encaminaba a extender la racha que llegaba a diez encuentros sin derrotas ante Newell's. Pero en el fútbol siempre hay espacio para que algún cerebro se ilumine y con un destello de talento cambie el rumbo, le haga un tajo al partido, se ponga el traje de héroe y se lleve todos los flashes. El muchachito de la película ayer fue Maximiliano Rodríguez, el emblemático capitán rojinegro, que tras ejecutar el córner al límite del pitazo final corrió hasta el área para capitalizar el cabezazo de Mauro Formica y una vez frente a la pelota, ante la sorpresa de todos, acariciar con maestría el balón para desatar la locura rojinegra en Arroyito. Una genialidad de la Fiera que terminó con el karma de no poder festejar ante el adversario de toda la vida. Es cierto que quedaron un par de minutos para aguantar el triunfo y después sí, ya con Mauro Vigliano levantando los brazos y soplando fuerte el silbato, llegó el gran desahogo. Con los jugadores fundidos en un abrazo dentro del campo, con el cuerpo técnico repleto de felicidad y con todo el pueblo rojinegro copando las calles para gritar un triunfazo que desde lo emocional ya se metió en la galería de los gratos recuerdos del club del Parque.

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Maxi y varios de los referentes de este plantel leproso tenían la espina clavada de no poder festejar en los últimos tiempos ante el clásico rival. Si bien habían salido campeones en 2013, en el derby las cosas no se daban y la victoria se postergaba más de la cuenta. Desde el 2008 que no había un triunfo rojinegro en el clásico y eso incluso había generado cuestionamientos y reproches desmedidos de parte de algunos hinchas fundamentalistas hacia los futbolistas más experimentados, incluso Maxi, quien en su momento dejó las comodidades del fútbol europeo para ponerse la camiseta que ama. Por eso si había un jugador que merecía hacer el gol que desatara el carnaval rojinegro era justamente la Fiera.

Es cierto que Central había dispuesto de las jugadas más claras para ponerse en ventaja, en especial en el primer tiempo, y que chocó siempre con los reflejos afilados de Luciano Pocrnjic. Pero en el complemento ya era un partido de gol-gana y fue Newell's a través del gesto técnico excepcional que inventó Maxi el equipo que se llevó todo lo que había en juego en Arroyito. Por eso el festejo loco de toda la delegación rojinegra dentro del campo de juego, con saltos, cantos, abrazos y una emoción inconmensurable producto del triunfazo en tierra ajena.

Sin dudas que Diego Osella es el padre del triunfo. Porque si bien su equipo ayer no brilló ni tuvo un fútbol de alto vuelo, la máximas virtudes leprosas fueron la solidaridad para cubrirle siempre la espalda al compañero, el espíritu colectivo para neutralizar la intensidad de Central y, por sobre todas las cosas, la entrega inclaudicable para disputar cada pelota como la última. Y fue justo en esa última bola cuando Maxi se puso el traje de crack para sentenciar el pleito.

Central perdió el invicto de local en el torneo, pero además quedó golpeado para lo que viene. El Chacho deberá reinventar el juego de su equipo, pero por sobre todas las cosas tendrá que devolverles la confianza a jugadores que están en un bajísimo nivel. Demás está decir que el partido que se viene por Copa Argentina ante Boca por cuartos de final tiene un tinte definitorio en muchísimos aspectos, ya que es el gran objetivo que le queda a Central hasta fin de año y un porrazo podría tener coletazos impensados hasta hace poco.

Pero ayer todo fue de Newell's. Que marcha invicto en el torneo y que con 17 puntos es el único escolta del solitario líder Estudiantes (19 unidades). La Lepra ayer se regaló un festejo enorme, inolvidable y encima tiene el plus de que cuando mira la tabla puede soñar despierto.

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