Ovación
Sábado 14 de Enero de 2017

Nanninga y el holandés errante

Esta historia no tiene brillo. Sí pasión, pero en el lugar más inesperado. Es triste y gris como la fría y lluviosa tarde en la que sucedió.

Esta historia no tiene brillo. Sí pasión, pero en el lugar más inesperado. Es triste y gris como la fría y lluviosa tarde en la que sucedió. Domingo 25 de junio de 1978, en dos escenarios con protagonistas simultáneos distantes 298 kilómetros, los que separan el estadio Monumental de Núñez, en Buenos Aires, y una casa de clase media en el confín del barrio Empalme Graneros, en Rosario. Salvo por los pocos hinchas de Holanda que veían en River la segunda final seguida de su selección otra vez ante el dueño de casa (como cuatro años antes frente a Franz Beckenbauer y compañía), en ese hogar fue quizás el único sitio de la Argentina donde se gritó el gol de Dirk Jacobus Willem Nanninga, y sin dudas con más fuerza. Uno, casi treintañero, empató la final (http://www.youtube.com/watch?v=4KaGSCBt0rM) ilusionando a los perdedores tras el gol de Mario Alberto Kempes en el primer tiempo. El otro, de 16, salió a la calle a gritarlo desaforado asombrando a los pocos vecinos que sufrían ese instante con los rostros frente a la TV y que ignoraban que en esa barriada entonces descampada había un holandés. Bah, un argentino hincha de Holanda. Lo más parecido a un holandés errante de esa tarde de invierno, como lo fuera siempre aquel que enmudeció a todo un país aunque sea por un breve instante.

Presentados los protagonistas y el escenario, la pregunta es por qué el chico fanático del fútbol en una familia que no lo era y que no sabía de política, creía y quería con toda su fuerza que los naranjas levantaran la copa ante el dictador Jorge Rafael Videla, que pudiera vengar lo sucedido cuatro años antes en el Olímpico de Múnich, el estadio que hizo de la "Naranja Mecánica" el perdedor más recordado de la historia del fútbol (http://www.taringa.net/posts/deportes/3335256/Holanda-74-Futbol-total-La-naranja-Mecanica.html). Porque ni siquiera jugaba su ídolo, Johan Cruyff, ese cuyo nombre usaba en la canchita de tierra atrás de su casa con los amigos del barrio, cuando recién asomaba el mito de Diego Maradona. Aquel mago de la camiseta 14 se había quedado en Barcelona, algunos dijeron que no quería jugar en medio de una dictadura, otros que había sufrido amenazas de secuestro. Pero aún sin él, el adolescente sentía esa fría tarde de junio que se podía corporizar en un título todo aquello que lo deslumbraba cuatro años antes. Y a sólo unos pocos kilómetros de su casa. Ese "fútbol total", perfecto, sin posiciones fijas, con todos atacando hasta cuando marcaban y con Cruyff entonces brillando en una orquesta perfecta como gran director y primer solista, aunque ahora no estuviera. Ese que vio maravillado en blanco y negro en ese 74, cuando las imágenes eran pocas, no se repetían en la web y la memoria tal vez las retenía con más fuerza, en una edad donde se buscan identificaciones y algunas quedan selladas para siempre. Como esta. Ojo, era algo que veía y admiraba, pero que no podía poner en práctica en las canchitas de Empalme, donde se jugaba duro y él era un abanderado de la rusticidad. Como diría años más tarde Miguelito, un amigo suyo de la vida: "Este habla como Menotti pero juega como Bilardo". El creía lo contrario, por supuesto.

Pero sabía que sin Cruyff el equipo del 78 no era el mismo, mucho menos idealizado que aquel, más terrenal como el mismo pibe era con el balompié. Tanto era así, que el chico al fin gritó ese gol impensado a esa altura del match de un ignoto para el fútbol mundial, antes y después de la Copa del Mundo. Un jugador que no era de la élite del fútbol holandés como Johnny Rep, Ruud Krol o Johan Neeskens, todos laderos del gran capitán en Alemania. Uno que al fin no se lo podía emparentar a aquella "Naranja mecánica", pero que entonces parecía vengarlos. Nanninga nunca jugó en Ajax (rechazó una oferta de los de Amsterdam porque prefería trabajar con su esposa en su florería) o Feyenoord, los River y Boca de las tierras bajas, sino en los humildes Veendam, Roda y Maastrich, además del Seiko, de Hong Kong, toda una rareza sobre todo para esos tiempos. Y desapareció para siempre tras quince partidos jugados en la Orange en los que convirtió seis goles. Eso sí, cabeceaba bien; César Luis Menotti había tomado nota de eso antes de aquella final y le dijo a su ayudante : "Yo pondría en el banco al Caballo Killer, por si entra Nanninga y tengo que mandar a marcarlo". Saporiti le aclaró que el goleador no iba a ir al banco porque estaba lesionado y entonces el Flaco puso a Oviedo entre los suplentes. Pero Nanninga no solo fue al banco sino que lo empató de cabeza luego de ingresar a los 25 del segundo tiempo.

Dirk murió en julio de 2015 tras sufrir la amputación de sus piernas por complicaciones a causa de la diabetes que padecía, pero un año antes confesaría en un video (http://www.youtube.com/watch?v=ZKJ9jko93l4) mientras manejaba un Mercedes Benz costeado con su actividad extra futbolística, que nunca dejó de trabajar, aún siendo futbolista profesional. Primero puso una florería y luego un negocio donde vendió sanitarios durante veinticinco años. También mostró entonces las medallas que recibieron en el hotel porque no quisieron subir al palco con la junta militar y dice que el suyo, el que empató aquella final de un Mundial a sólo 8 minutos del final fue "solamente un gol más", de los 147 que hizo en 291 partidos. Por eso, quizás se gritó más en Empalme Graneros que en la boca misma del protagonista dentro de la misma cancha del Monumental. Por eso también, además de aquel pibe que conserva indeleble la marca de lo que fue y no pudo ser pero siempre fana naranja, del hoy veterano de mil batallas en las canchas de los arrabales rosarinos que después del grito tuvo que morderse el respaldo de la silla por el tiro en el palo de Rensenbrink en el minuto 90 que para él hubiera hecho justicia por donde se la mire, ¿quién se acuerda de Nanninga?

(Fe de erratas: en la versión papel la anécdota de Menotti y Saporiti es incorrecta ya que tiene los personajes invertidos)

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