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Jueves 22 de Septiembre de 2011

Nadie es reemplazable

El estreno de la nueva temporada de "Two and a Half Men" con Ashton Kutchner en lugar de Charlie Sheen plantea una cuestión de fondo: ¿los programas de televisión cuando cambian sus protagonistas conservan la esencia? ¿"La Biblia y el calefón" es lo mismo sin Jorge Guiznburg? ¿"De 12 a 14" es lo mismo sin Julio Orselli? En definitiva, la pregunta es si el formato trasciende a los hombres.

"Nadie es irreemplazable". Frase hecha, verdad de perogrullo, mentira impiadosa. ¿Por qué nos han querido hacer creer que si nos vamos alguien llegará en nuestro lugar?  "El que se va a Villa, perdió su silla". Desde que éramos chicos nos quieren convencer de que, si dejamos un lugar vacante, rápidamente otro lo ocupará. Sin que se note el cambio. Sin que se sufra la ausencia.

No es así. Nadie es reemplazable. Se puede cubrir un espacio vacío, cambiar un nombre por otro, pero no será lo mismo. Se puede, como les gusta decir a los hombres del fútbol, "mover el banco de suplentes" y hasta dar en el clavo para resolver un problema, pero, seguro, el hombre que entra en el lugar del que sale no será el mismo, podrá ser mejor o peor, pero nunca igual.

En el amor, eso está claro. "No habrá ninguna igual, no habrá ninguna, ninguna con tu piel ni con tu voz", señala, con claridad que ilumina, el viejo tango de Homero Manzi. Aunque haya quien se atreva a aconsejar, a la víctima de una ruptura trágica, que el mejor calmante para el dolor: "Un clavo saca a otro clavo". Y no es así, se puede llenar un vacío pero no asegura nada.

En la televisión, es más vidrioso. Hay quien cree ciegamente en los "formatos", tanto que es capaz de venderlos y a buenos precios. "CQC" es el mejor ejemplo de este credo que tan buenos dividendos le dio a Cuatro Cabezas. Se creó a imagen y semejanza de Mario Pergolini, pero se exportó a tantos países como se pudo y hasta se recicló el original, en una versión femenina.

Y ahí no hay dudas, ninguna, de que el programa no es lo mismo con perfume de mujer que con olor a vestuario. Ernestina Pais no es Mario Pergolini, nada que ver. No es ni mejor ni peor, es distinta. Y así y todo el programa logró, en una pantalla caliente como la de Telefé, mejores mediciones de audiencia que en los tiempos en los que al frente del envío estaba el conductor de "Cuál es?".

¿El noticiero del mediodía de Canal 3 es "De 12 a 14", ahora que se fue Julio Orselli, ahora que cambió la escenografía, ahora que la mesa dejó ser redonda y Miguel Tessandori es el único que quedó en pie de la vieja guardia? El programa se llama igual, los contenidos son similares, el horario, obviamente, no cambió, pero sí las caras, los protagonistas, y por lo tanto, el estilo.

Se llama "De 12 a 14", se parece a "De 12 a 14", entonces es "De 12 a 14". Falso. La línea argumentativa funciona pero, hay que decirlo, no convence. Será por eso, quizás, que el rating del programa sufrió una recaída. El fan de "De 12 a 14" veía el programa como antes lo hacía con "El clan" de Raúl Granados, que se terminó, como se deben terminar las historias, cuando su conductor partió.

Esa es la incomodidad que se siente cuando se enfrenta la pantalla para ver el programa de entrevistas, esa suerte de talk show con famosos, que conduce los domingos por la noche Sebastián Wainraich por la pantalla de Canal 3. Se llama "La Biblia y el calefón", se parece a "La Biblia y el calefón" pero no es "La Biblia y el calefón". Le falta una pieza clave: el conductor, Jorge Guinzburg.

"Two and a Half Men" es el caso extremo. El programa fue hecho a la medida de su protagonista original, Charlie Sheen. Durante ocho fructíferas temporadas no sóló ganó público sino fans, devotos, capaces de recitar las frases de Charlie Harper, el alter ego del actor en la serie, como si fueran verdades reveladas, pasajes de un texto religioso, máximas incuestionables. Un éxito.

Fue despedido, la historias es archiconocida, y reemplazado por Ashton Kuchner. La decision fue tomada por los ejecutivos de la cadena, con la certeza absoluta de que "nadie es irremplazable". Gran error. El nuevo "Two and a Half..." puede ser mejor o peor que el original, pero nunca será igual, sencillamente, porque Charlie ya no está más. Inevitablemente, se lo va a extrañar.
 

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