Edición Impresa
Lunes 18 de Agosto de 2008

Nada fácil

Seguramente la mujer tenía un mal día. O una mala década. Lo cierto es que levantó el tubo del teléfono, llamó a la radio y dejó su mensaje: "Para algunas es muy fácil, se abren de piernas y se llenan de hijos, total después se los mantiene a todos con los planes, esto es un problema de educación, son ignorantes".

Seguramente la mujer tenía un mal día. O una mala década. Lo cierto es que levantó el tubo del teléfono, llamó a la radio y dejó su mensaje: "Para algunas es muy fácil, se abren de piernas y se llenan de hijos, total después se los mantiene a todos con los planes, esto es un problema de educación, son ignorantes".

No es la primera vez que escucho este tipo de reflexiones y no será la última, pero me sigo indignando. Señora... ¿quién puede mantenerse con un miserable plan en este país donde nadie sabe a ciencia cierta a cuánto trepa la inflación?

Pero, además, ¿en serio le parece "fácil"?

¿Será entonces que el problema pasa porque todas las mujeres pobres (sí, usted no lo dijo pero se refería a ellas) son unas perversas desalmadas a las que les encanta traer hijos al mundo que apenas pueden alimentar y criar?

¿No será usted la que ignora que el tema es un poquito más complejo? ¿Que lo atraviesan cuestiones sociales, económicas y políticas, como que desde hace meses la Nación no entrega anticonceptivos a la provincia? O será que también hay aspectos religiosos, personales y educativos por atender, más en una provincia donde cuando se habla de educación sexual todavía muchos se hacen los lelos.

En la misma semana en que escuché a la colérica radioescucha, nació Tomás en la Maternidad Martin. Pesó 3.185 kg. Hoy tiene apenas tres días, "es flaquito, largo y toma la teta", dice la mamá. Y está rodeado de mimos por una familia que no tuvo tiempo para analizar demasiado ninguno de los aspectos que enumeré en el párrafo anterior, ni tantos otros.

Tomás es el nieto de Betty, una mujer de apenas 34 años y la portera de mi edificio. Una mañana me contó acongojada que iba a ser abuela. Su hijo de 16 años y su novia de 15 se enteraron que serían padres y a Betty el mundo se le vino abajo.

Ella y su marido de 35 años, trabajan, han construido su casa, y tienen otro hijo de 9 años: el flamante tío de Tomás.

"No sé qué pasó, nosotros con él hablamos todo, mi marido le compraba los profilácticos, ¿me querés decir qué hizo? ¿Se los comió?", pudo bromear la mujer.

Quise consolarla y le dije una pavada que la enojó sabiamente. Le comenté que ahora no le quedaría otra, y que seguramente sería la abuela y madre a la vez de ese chiquito. "No, nada de madre, yo aún debo criar al mío de 9 años; los ayudaremos pero los padres son ellos, y ya le dijimos a mi hijo que seguirá viviendo con nosotros hasta que sea mayor y terminará la escuela. Si es un nene todavía...".

Y tiene razón. Germán y Leilén, los padres de Tomás, son dos nenes: asustados por momentos, contentos por otros, pero dos nenes. Y ella, una niña madre que ya es parte de las estadísticas sanitarias de esta ciudad. Desde 1995 hay una cifra que se sostiene y que indica que en los cinco efectores públicos de Rosario, una de cada tres mujeres que dan a luz es menor de 19 años y que el 15 % de ese caudal de madres no cumplió aún los 16 (un porcentaje que en la órbita privada es del 3%).

Releo estos números y no puedo dejar de pensar en lo que alguna vez me contó un obstetra de la Maternidad Martin, donde se realizan 4.500 partos anuales. "Muchas de estas nenas madres, con muy pocas cosas materiales y emocionales que las contengan, sienten que recién tienen algo a partir de un hijo", lamentó el profesional.

Señora, verá que de fácil esto no tiene nada. Que queda mucho por hacer: a las familias y al Estado. Señora... ya que estamos le digo que su figura de las piernas abiertas me parece grosera y de mal gusto. Y algo más: le aclaro que Betty, hoy y a pesar de todo, es una abuela chocha.

Comentarios