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Jueves 09 de Febrero de 2012

Nada evitará extrañarlo

A veces las despedidas se intuyen. ¿Será por eso que aquella tarde de 2010 sentí deseos irrefrenables de estar en el recital que dio por primera vez siempre sentado en un pequeño boliche de Buenos Aires?

A veces las despedidas se intuyen. ¿Será por eso que aquella tarde de 2010 sentí deseos irrefrenables de estar en el recital que dio por primera vez siempre sentado en un pequeño boliche de Buenos Aires? ¿De dónde salió sino tanta locura para dejar todo, llamarlo a Omar, pedir un remise, tomar un avión y llegar casi puntual en taxi al lugar del concierto? Eran días más felices, cuando una vez al año cumplía su visita religiosa a Rosario para alimentar el deseo perenne de sus incondicionales. En El Círculo, casi siempre, o en Metropolitano, donde un pibe de diez años lo esperó horas para conseguir su saludo y una firma. “¿No tenés lapicera? Así no vamos a ganar el Mundial”, le salió el tono irreverente de siempre. Se fue el Flaco. “Mi corazón te añorará”, como le cantó en el escenario su hija Vera que lo acompañaba en los últimos shows. Habrá que aferrarse a su poesía y a esa música inmortal que grabó inesperadamente tras aquel recital de cinco horas en Vélez, no casualmente bajo el rótulo de las bandas eternas. Nada evitará extrañarlo, aunque con el alma nos vea mejor.

 

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