Cartas de lectores
Miércoles 07 de Septiembre de 2016

Nacer de nuevo

Hace unos días vi en un noticiero, bajo el titulo "Nació de nuevo", a una chica salvarse milagrosamente de ser atropellada por un vehículo.

Hace unos días vi en un noticiero, bajo el titulo "Nació de nuevo", a una chica salvarse milagrosamente de ser atropellada por un vehículo. Todos los que habitamos esta desprotegida ciudad nacemos de nuevo cada día cuando logramos sobrevivir a la inseguridad que nos acecha constantemente. Es doloroso coincidir con Galeano cuando dice que entre los desaparecidos no sólo se encuentran "los muertos sin tumbas, las tumbas sin nombres", sino también "el derecho a caminar, el derecho a respirar, las puertas sin rejas, el sentido comunitario". Todo eso ha desaparecido. Nos hemos transformado en una sociedad con miedo, sin esperanza. Pero esto no es casualidad, una serie de factores se han cruzado para que caminemos desconfiando de cualquier desconocido que se nos acerca, aferrándonos a nuestras pertenencias, como a nuestra propia vida. Nuestra desdicha tiene nombre, tiene apellido. Es el desgobierno provincial, que con absoluta necedad y evidente negligencia dejó avanzar el delito como nunca antes se vio. Si los inútiles e incapaces gobiernan esta provincia y la ciudad no se puede esperar otra cosa. No es casualidad, es causalidad. Lamentablemente no tienen ni Lifschitz, ni Fein la dignidad suficiente para renunciar ante su obscena inoperancia. Basta un ejemplo de cómo dilapidan los dineros públicos: a poco de asumir el jefe de Policía de la provincia declara que a Rosario le hacen falta 200 patrulleros. Mientras se esgrime falta de presupuesto, se gastan 80 millones de pesos en el Museo del Deporte (no digo que no pueda invertirse en un museo, pero no en esta coyuntura tan grave) y 150 millones en un acuario del cual después de tres años de obra solo inauguraron una plaza seca. Además de semejante desatino se burlan en la cara de todos los rosarinos. La policía, otro de los nombres de nuestro infortunio. Lejos de ser la solución forma parte del problema. Es sin lugar a dudas la más corrupta del país. Centenares de policías están investigados, cuando no procesados y cuando no sentenciados. Pero aquí quiero hacer un alto. Hay un número importante del personal policial que aborrece a sus jefes y se avergüenzan de ellos. Me bastó escuchar el testimonio de familiares y de propios policías en la marcha del jueves pasado para ver como muchos han dado su vida en cumplimiento del deber mientras los cuadros superiores se enriquecen impunemente. El Poder Judicial, sin dudas el primer apellido de nuestra desgracia. Fiscales imberbes e ignotos, carentes de experiencia liberan alegre e irresponsablemente delincuentes recién atrapados. Delincuentes apresados una y otra vez son dejados en libertad por estos incompetentes sin siquiera hacerlos pasar por el despacho de un juez. En manos de estos insensatos está la Justicia de esta provincia. Como si esto no bastara se agrega la falta de empatía de la mayoría de los jueces para con las víctimas o familiares de víctimas de la inseguridad. Demuestran soberbia y absoluta insensibilidad, la mayoría de los magistrados para con las perjudicados por una delincuencia cada vez más agresiva y cruel. Rodeados de guardaespaldas y viviendo en sus islas de privilegio, que son los country, los magistrados están convencidos de que nada los amenaza. El resto, claro, que se jorobe. El doble apellido de nuestra desgracia, el Poder Legislativo. Los obscenamente vagos y corruptos de nuestros legisladores (¿faltar a las sesiones no es un acto de corrupción? ¿No estafan la voluntad del pueblo que los votó para que legislen responsablemente?), parecen no enterarse de lo que la sociedad está sufriendo. Lejos de endurecer las penas, darle a cada cual lo suyo, siguen haciéndose los distraídos. Por último, el sistema capitalista que nos invita a consumir. La publicidad manda consumir, pero la economía lo prohíbe. Incita al banquete a todos pero le cierra la puerta en las narices a muchos. Esta desigualdad produce necesariamente violencia, odio, resentimiento. Quienes nada tienen, a nada le temen. Ni a perder su propia vida por obtener lo que el sistema les muestra y al mismo tiempo les niega.

Claudio Mustachi / DNI 14.444.819

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