25 de Mayo
Domingo 19 de Junio de 2016

Murió un mecánico que recibió un tiro de un ladrón que escapaba tras un robo

El ataque fue la noche del viernes en zona sur. La víctima estaba revisando un auto cuando asaltaron una granja de la cuadra y el maleante disparó.

¿Destino?¿Mala fortuna?¿Azar? Es difícil precisar cómo fue que Juan Angel Vellozo, un mecánico de 40 años y padre de dos hijos, recibió un balazo en la nuca el viernes a la noche a manos de un delincuente que robó una granjita ubicada a 30 metros de donde estaba, en Callao al 4500, en el barrio 25 de Mayo, y que terminó con su vida anoche, poco antes de las 22. "Lo que nos dijeron quienes estaban con él es que Juan esperaba que cerraran un portón para volverse a su casa, escucharon una detonación y lo vieron caer. Ninguno de los que estaba con él se dio cuenta de que estaban robando la granjita. Juan estaba casi de espalda a la calle", explicó ayer Nilda, su mamá, en la puerta de su casa.

En lo que todos coinciden (víctimas del robo, vecinos y parientes de Vellozo) es que Juan fue ajeno a todo lo ocurrido. Según los residentes de Callao al 4500 D (ex 4800), pasadas las 21 del viernes Juan cruzó la calle desde la puerta de un depósito, donde estaba con otros dos hombres, para comprar un porrón en una granjita ubicada a unos 30 metros y cuya dueña sólo atiende por una ventana. Después volvió sobre sus pasos y con su gente se quedó compartiendo la cerveza en la vereda. Mientras tanto, en la ventana del comercio se juntaron cinco personas, entre ellas dos nenas de unos 10 años.

Fue entonces que frente a la granja se detuvo una moto conducida por una joven rubia. El acompañante, un muchacho que ocultaba su rostro con la visera de una gorra, se bajó arma en mano y atropelló al grupo al grito de "dame el celular". La dueña del lugar, al verlo bajar, retrocedió unos metros pero antes de que pudiera marcar el 911 en su celular escuchó una detonación. La moto conducida por la rubia se perdió en la oscuridad y la noche se llenó de gritos. Vellozo, a 30 metros de allí, yacía sobre la tierra con un balazo que le ingresó a la cabeza sin orificio de salida y que le provocaría la muerte 24 horas después.

Desesperanzada. "Los médicos no nos dan esperanzas. Dicen que ya no pueden hacer nada. Que la bala lesionó partes vitales del cerebro. Tenemos que esperar. El tenía que pasar por ese lugar para ver un auto que debía reparar. Yo le mandé un mensaje por celular a las 19.50 y me dijo que ya estaba ahí. Que estaba todo bien. Le volví a mandar un mensaje a las 22, para ver cuándo veía a cenar y ya no me contestó", relató entre lágrimas Ayelén, pareja y madre de la hija de 3 años de Vellozo antes de saber el trágico desenlace. La familia vive en el barrio Avellaneda Oeste y el hombre tiene otro hijo, de 18 años, de un primer matrimonio.

El lugar donde ocurrió el hecho está a una cuadra del cruce de Ovidio Lagos y Uriburu, donde funciona una estación de servicios en la que muchas patrullas cargan combustible ya que está a 400 metros de Jefatura. Y a sólo 400 metros de donde hace 17 días, dos jóvenes en moto asaltaran a un grupo de chicos y balearan a Priscila P., de 19 años, quien salvó su vida de milagro a pesar de que un tiro le perforó el cuello. Fue la noche del 25 de mayo en pasaje Bolonia y Uriburu (ver aparte).

Una charla cortada. El viernes a las 19.30 Juan Vellozo llegó hasta Callao al 4500 en su auto. Se detuvo frente a un depósito en construcción donde un cliente le había pedido que le revise un vehículo. Entonces estuvieron tomando un porrón en la vereda junto al dueño del auto y alguno de sus empleados. Alrededor de las 21, Juan cruzó la calle hasta la granjita ubicada a unos 30 metros para comprar otra cerveza. Pagó y volvió a la tertulia con su cliente.

Mientras la charla continuaba, en la ventana del quiosco se agolparon tres vecinos y dos nenas de la cuadra. Entonces apareció la moto con la mujer rubia y el pibe de la visera arrebató plata y celulares. Después subió a la moto y con su pareja salieron a todo motor.

"Lo que nos contaron fue que justo que los ladrones pasaban, Juan se dio vuelta para subirse a su auto. A lo mejor hizo un movimiento que el choro pensó que era para cortarle la fuga y le disparó. El tiro fue en movimiento, desde unos tres o cuatro metros", recalcó uno de los albañiles que ayer trabajaban en el deposito. Vellozo cayó de boca al piso. Sus amigos no entendían que sucedía hasta que escucharon las puteadas de los vecinos que fueron víctimas del robo en la granjita.

Larga espera. Ahí comenzó otro calvario. "Estuvimos esperando más de 40 minutos la llegada de la ambulancia. Yo fui una de las que llamé. Eran las 21.10. Anoche entendí porque muchas veces los agreden. La desconsideración con la que me atendió la operadora del Sies cuando teníamos un vecino agonizando en el piso; la impotencia inexplicable de saber que casos como éste suceden a diario y que la vida de un ser humano se esfumaba; diciéndonos en todo momento en que si no tenía apoyo de la policía no entraban. Estamos a cien metros de dos de las avenidas más importantes de zona sur y a cuatro cuadras de Jefatura. En la calle había 17 efectivos, cinco patrulleros, dos chatas, dos motos. No me creía. Y me decía que si no me gustaba que me quejara al Ministerio de Salud. Cuarenta minutos estuvo el hombre tirado en el piso muriéndose. Les avisaron a los familiares y llegaron antes que la ambulancia. Le decíamos a la policía que lo levantaran y nos decían que ellos no podían hacer nada", rememoró Mariana, una vecina.

"Cuando llegamos Juan estaba tirado en el suelo, rodeado de policías que no hacían nada. Yo lo agarré y le decía: «Juan, Juan, levantate». Pero no reaccionaba", explicó Nilda, la madre de Vellozo. "A mí me avisaron cuando ya estaba en el Heca. Los médicos ya no nos dan esperanza", agregó Ayelén el mediodía de ayer. Horas después su marido fallecería. La investigación del ataque quedó en manos del fiscal de homicidios Pablo Pinto.

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