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Miércoles 08 de Junio de 2016

Murió Torcuato Di Tella, un ícono del último siglo de la historia argentina

Fue secretario de Cultura, embajador en Italia, militante, master en sociología y fundador del legendario Instituto Di Tella.

El ex secretario de Cultura y ex embajador en Italia Torcuato Di Tella falleció ayer a los 86 años, en la ciudad de Buenos Aires, a raíz de un cáncer de páncreas.

Los restos del cofundador del mítico Instituto Di Tella eran velados en la Universidad en la que se convirtió ese emblemático organismo y serán sepultados en el Cementerio de la Chacarita.

"La Universidad Torcuato Di Tella lamenta informar el fallecimiento de Torcuato S. Di Tella, ocurrido esta mañana", sostuvo a través de Twitter la casa de altos estudios, ubicada en la avenida Figueroa Alcorta 7.350, de esa ciudad. Fuentes de prensa de la Universidad Di Tella señalaron que el ex funcionario falleció en el Sanatorio Mater Dei, a las 5.47 de ayer.

Con Torcuato Di Tella se acaba una de las dinastías más poderosas de la Argentina. Lo sobreviven su mujer -Tamara- y sus cuatro hijos -Víctor, Andrés, Sebastián y Carolina-, pero no así el imperio industrial que comandó su padre, símbolo de una Argentina que era próspera.

El padre de Torcuato también se llamaba Torcuato y emigró dos veces a la Argentina desde su aldea natal en el sudeste de Nápoles, Italia. Los di Tella, así se escribía entonces el apellido, fracasaron en la primera oportunidad y recién lograron instalarse en una casa del barrio porteño de Caballito en 1905. Torcuato padre tenía 13 años y sueños de grandeza. Terminó al frente de Siam, el sello detrás de surtidores de nafta, heladeras, ventiladores y el resto de los artefactos consumidos por la clase media argentina que surgía en la mitad del siglo XX.

Torcuato Salvador Francisco Nicolás, nació el 4 de enero de 1930. Un año y medio después le siguió su hermano, Guido José Mario.

Los hermanos Di Tella se criaron en una casona de Belgrano cuyo jardín conectaba con el Club Belgrano Athletic, pero el deporte nunca fue prioritario en su educación. Torcuato era el elegido para hacerse cargo de la fábrica creada por su padre, pero antes que las máquinas, a él le gustaban los libros.

Trató de resistir su destino de ingeniero, pero fracasó. Apenas pudo rechazar la membresía de Jockey Club y el reloj de oro que le quiso regalar su padre. Coincidieron en la oposición a Perón, al que consideraban una mala imitación de Mussolini. Torcuato padre lo combatió desde su empresa y la Unión Industrial; Torcuato hijo, desde la militancia en la Facultad de Ingeniería de la UBA. Sólo el último lo vio ser derrocado por los militares; su padre, el gran patriarca de Siam, murió el 22 de julio de 1948. Tenía apenas 56 años. El mandato sucesorio que había impuesto, sin embargo, perseguiría por años a su hijo.

Un trotamundos. Torcuato eligió viajar. Primero a la Universidad de Columbia, en Nueva York, a hacer un master en sociología. Allí comenzaron las aventuras que lo llevaron a los brazos de Kamala Apparao, una india de ojos oscuros y carácter fuerte con la que emprendió un viaje iniciático por Suecia e Israel. Como experiencia sociológica, Torcuato se puso a cosechar zanahorias y naranjas en un kibbutz. "La única vez que trabajé", solía bromear. Duró poco. Desatendiendo los consejos familiares, Torcuato siguió a su novia a la India y allí se casaron en 1954, sin ningún Di Tella entre los invitados.

Su estadía sería corta y, luego de que una charla brindada por Torcuato cayese mal a las autoridades indias, la joven pareja, que esperaba su primer hijo, se vio forzada a irse del país. Embarcaron hacia Londres en lo que sería el inicio de un matrimonio complejo e itinerante.

Para inicios de los 60, Torcuato, Kamala y sus dos hijos se encontraban en Buenos Aires para vivir la década del gran auge del apellido Di Tella. Era la marca detrás del auto elegido por los taxistas de Buenos Aires, el Siam Di Tella 1500, y sinónimo de arte de vanguardia gracias al instituto con el mismo nombre inaugurado sobre la calle Florida. El motor detrás del centro de arte y de la empresa era Guido. Torcuato acompañaba las decisiones de su hermano, menor y más ambicioso.

"Es una forma de acelerar el socialismo, que tarde o temprano nos quitará todo", decía Torcuato, cuando se ponía irónico, para explicar las donaciones que sostenían el Instituto Di Tella: la colección de cuadros familiares y unos 13 millones de dólares en acciones de Siam.

El socialismo nunca llegó pero los Di Tella casi se quedan sin nada a inicios de los 70. La violencia política y las tensiones internas acabaron con el universo pop del Instituto de arte, que cerró, y las malas decisiones gerenciales hundieron el imperio industrial. Febriles gestiones de Guido lograron transferir la empresa quebrada al Estado, salvando así parte de la fortuna familiar.

Al final, ninguno de los dos hijos había podido sostener el mandato del padre y ambos quedaron libres para ejercer sus grandes vocaciones: la política y la educación. El legado a la educación es la Universidad Di Tella, que ocupa un enorme campus frente a la cancha de River.

El Instituto Di Tella concentró sus actividades en las temáticas de arte, economía, ciencias sociales y urbanismo, se constituyó en un hito cultural y contribuyó a la formación de varias generaciones de artistas, profesionales y académicos destacados como Marta Minujin y León Ferrari (arte), Gerardo Gandini y Les Luthiers (música), Antonio Seguí (pintura), Tulio Halperin Donghi y Ezequiel Gallo (historia), Héctor Diéguez y Rolf Mantel (economía), Clorindo Testa (arquitectura), Natalio Botana (ciencia política) y Juan Carlos Torre (sociología), entre otros.

Los inicios con la política, sin embargo, no fueron auspiciosos. Guido financió y fue funcionario del segundo intento peronista en el poder, iniciado en 1973, y el golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 lo dejó expuesto. Atento a esto, esa misma mañana Torcuato caminó desde su departamento de soltero -estaba recién separado de Kamala- hasta la casa de su hermano, ambas en Belgrano. Tocó la puerta y lo recibieron los militares que habían ido a secuestrar a Guido. Se llevaron a ambos. Pasaron ese día en el buque de guerra "33 Orientales", que era una especie de cárcel flotante VIP. Una gestión de Martínez de Hoz, amigo de Guido y el próximo ministro de Economía de la dictadura cívico militar que se inauguraba, logró que esa misma noche los liberaran.

El tiempo de la política. Entre los peronistas que también estaban detenidos en el barco estaba Carlos Menem, con el que Guido tendría, años después, su gran oportunidad en la política. Fue su canciller hasta el final del mandato. A Torcuato, en cambio, el peronismo lo agarraría en su versión de izquierda: fue secretario de Cultura de Néstor Kirchner hasta que salió eyectado del cargo luego de emitir una opinión que para él fue graciosa y para otros, hiriente, y, ya en el mandato de Cristina, desembarcó en Roma como embajador.

Allí lo acompañó su segunda mujer, Tamara Chichilnisky, 17 años menor que él y la hija rebelde de una familia de intelectuales judíos de izquierda. Tamara, que adoptó el apellido Di Tella y se hizo famosa con gimnasios de pilates, había estudiado Ciencias Políticas en Oxford y Stanford y viajó a la Argentina a hacer trabajo de campo para su tesis de doctorado sobre el impacto de la inmigración en la política argentina. Torcuato arrancó como una especie de tutor académico y terminó como su marido y padre de sus dos hijos.

Inmigrantes a principios de siglo, industriales prósperos en los 40 e industriales quebrados en los 70, peronistas (de izquierda y de derecha), presos políticos, exiliados, mecenas del arte de vanguardia y el nombre detrás de una universidad de prestigio, en el apellido Di Tella se cifra parte de la historia del último siglo en la Argentina.

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