El Mundo
Jueves 14 de Julio de 2016

Murió Provenzano, jefe de la Mafia, sucesor de Riina y prófugo por 43 años

Nacido en Corleone, su astucia le permitió comandar a Cosa Nostra desde la clandestinidad. Era un ferviente católico. Cayó preso en 2006

Bernardo Provenzano, apodado "El Tractor", quien fue el jefe supremo de la Cosa Nostra, la Mafia siciliana, murió a los 83 años de cáncer. Estaba detenido desde 2006, luego de 43 años de mantenerse prófugo. Fue ladero del temido Totó Riina y como tal participó de la estrategia terrorista contra el Estado a inicios de los año 90, cuando coches bomba mataron a dos jueces y causaron decenas de otras víctimas en las principales ciudades italianas. Pero una vez detenido Riina en 1993, Provenzano impuso una modalidad más discreta y modernizó a la Mafia, infiltrándola en actividades como la obra pública. Se dice que habría entregado a su antiguo jefe, algo que nunca pudo probarse.

Provenzano estaba internado en un hospital de Milán, donde era tratado por un cáncer diagnosticado hacía varios años. Había sido detenido en 2006, tras pasar 43 años en la clandestinidad. Todo un récord que evidencia la red de complicidades e inflitraciones en el Estado que había logrado el número uno de Cosa Nostra. Encarcelado desde aquel año en régimen de alta seguridad y tras recibir 20 condenas a perpetuidad, ingresó en el hospital en abril de 2014, afectado por un cáncer de próstata.

Provenzano había nacido en 1933 en el mítico pueblo de Corleone, Sicilia, bastión histórico de Cosa Nostra que proveyó a la Mafia con numerosos líderes. Provenzano ascendió en los escalones de la mafia hasta llegar a su cumbre. En la clandestinidad desde 1963, participó en las decisiones más importantes de la cúpula mafiosa como mano derecha de Totó Riina, el jefe histórico arrestado en 1993 y al que sustituyó a partir de entonces. Ambos eran "corleoneses", es decir, miembros del clan ("cosca") que dirigió la Mafia con mano de hierro durante décadas. Considerado el último representante de la aristocracia mafiosa, desde la clandestinidad Provenzano ordenó matanzas, negocios, controlaba el tráficos de drogas y, además, siempre ordenaba "rezar a Dios". Traicionado por sus célebres "pizzini", los pequeños papeles en los que escribía a máquina sus órdenes a toda Sicilia, Provenzano gozaba de una gran red de colaboradores leales que le garantizó una cama limpia y comida caliente en cualquier rincón de la isla durante todos esos años. Su aspecto era desconocido para los italianos hasta que cayó detenido y fue visto rodeado de policías encapuchados. Los identikits que se hacían "envejecían" las pocas fotos conocidas de su juventud.

Empezó como simple "soldado" del temido Luciano Liggio, capo indiscutible del clan de los corleoneses en los años 60, un criminal legendario que inspiró la novela de Mario Puzzo El Padrino y luego los míticos filmes de Francis Ford Coppola.

"Binnu u tratturi" ("Benito, el Tractor"), como era apodado, fue detenido en abril de 2006 en una casa campesina en las afueras de Corleone. En ese momento se encontraba desarmado a pesar de ser un eximio tirador. Cuando era joven Luciano Liggio lo menospreciaba "porque disparaba como Dios pero tenía cerebro de pollo". En los últimos tiempos de clandestinidad, las únicas armas que cargaba eran su vieja máquina de escribir marca Brother, con la que escribía sus mensajes y un diccionario de italiano para hacerse entender por las nuevas generaciones que no conocen el cerrado dialecto siciliano.

Provenzano manejó con mano dura un ejército de soldados obedientes y no usó teléfonos ni computadoras, ni nada que la policía pudiera descubrir con medios técnicos. Hace más de diez años, en su escondrijo fueron encontradas cinco biblias, muy usadas y con anotaciones y subrayados. Junto a su cama estaba el retrato del padre Pío, un rosario y varias imágenes de Cristo y de diversas "Madonnas". Se reunía todas las semanas con un sacerdote para confesarse y hablar de religión, y vivía como cualquier humilde campesino siciliano, entre ovejas, en una casita de piedra. Detrás de esta imagen de pobreza campesina Provenzano llegó a ser el hombre más poderoso de la mayor organización criminal de Europa.Los Carabineros y la Justicía le habían incautado unos 6.000 millones de euros. Provenzano supo calibrar brutalidad con diplomacia, sobriedad con riqueza y transformar a Cosa Nostra en una empresa moderna. Extendió sus tentáculos a las licitaciones públicas, practicó con rigor la recaudación del "pizzo", el impuesto extorsivo de los comerciantes, y se metió a fondo en el millonario tráfico de drogas.

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