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Domingo 19 de Abril de 2015

Mundos impresos: grabadores modernos en Rosario

Las producciones de Santiago Minturn Zerva, Ricardo Warecki, Pedro Barrera, Rubén de la Colina y Rosa Aragone entregan nítidas señales de la riqueza de la plástica de la ciudad. Para recorrer, disfrutar y pensar

La muestra Mundos impresos: grabadores modernos en Rosario es el resultado de un proceso iniciado originalmente con dos grabadores que luego se amplió a cinco exponentes de esta técnica que tuvo en Rosario a representantes ejemplares. Santiago Minturn Zerva (1895-1964), Ricardo Warecki (1911-1992), Pedro Barrera (1921-1989), Rubén de la Colina (1926-2007) y Rosa Aragone (1929) son los artistas reunidos por sus vínculos con la modernidad y por su adhesión a la xilografía. El trabajo de estos cinco creadores, nucleados por técnicas y estéticas compartidas, se puede ver en el cuarto y quinto pisos del Espacio de Arte de la Fundación Osde, Oroño 973.
Elisabet Velisceck y Esther Finkelstein son miembros del Centro de Investigaciones del Arte Argentino y Latinoamericano de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR y, respectivamente, trabajaban en sus proyectos de investigación con las producciones de Warecki y Aragone. Cuando idearon esta exposición decidieron ampliar el canon arrojando luz sobre un recorte escasamente explorado y sumaron a Minturn Zerva, de la Colina y Barrera al advertir temáticas compartidas como la orientación de la mirada hacia el suburbio y sus habitantes, los paisajes rurales y urbanos. Otros aspectos compartidos son la preeminencia del pequeño formato, la monocromía y el formato múltiple de estas estampas que recorren un arco temporal que abarca las décadas de 1930 y 1980. Se trata de un tramo importante de tiempo donde los creadores persistieron en sus preocupaciones formales, técnicas y conceptuales y, en este sentido, cabe señalar que son artistas alejados de los modos y las formas de vanguardia pero que trabajaron en sus márgenes, adhiriendo a los tópicos propios de la modernidad.

Maestros y agrupaciones. Como integrantes de una generación intermedia, resulta fundamental citar a sus maestros: Juan Grela, José Planas Casas, Gustavo Cochet y Estanislao Mijalichen fueron algunos de sus referentes aunque hay que destacar las formaciones autodidactas de Minturn Zerva y Warecki. Además de sus producciones personales, todos los creadores que integran la exposición formaron parte de diversas agrupaciones como la Asociación de Artistas Plásticos Independientes, Refugio, el Grupo Litoral y la Agrupación de Grabadores de Rosario. Warecki también tuvo un estrecho vínculo con el Círculo de Prensa de Rosario por su actividad artística y de periodista, tornando ese espacio en un catalizador entre su obra gráfica realizada para diversos medios y su obra personal. Pedro Barrera se diferencia en parte de este grupo por recurrir a estampas de mayor tamaño, por la experimentación con el color y por apelar a ciertas distorsiones en la figuración derivadas de su formación con Mijalichen, artista interesado por las búsquedas del expresionismo. Barrera tenía un accionar bastante solitario y por mucho tiempo se lo creyó alejado del quehacer artístico sin advertir su actividad durante las décadas del ’60 y ’70, correspondientes a su período de formación en los talleres de Mijalichen y Grela. Allí conoció a Rodolfo Elizalde, Emilio Ghilioni, Fermín Villar y al pintor Abel Rodríguez, artistas con los que integró una agrupación que funcionó durante unos años llamada Grupo de Rosario y con la que realizaron exposiciones en galerías como Renom, en el Teatro de la Ribera y en Buenos Aires. Estas muestras fueron presentadas por Grela y resultaron muy celebradas en la época, siendo reseñadas ampliamente en los diarios, que auguraron éxitos en las carreras de estas jóvenes promesas.

Mundos impresos. Cada artista tiene un modo particular de acercarse a la talla de la madera y esas singularidades conforman los fragmentos de lo moderno. En ese amplio espectro cada uno representa un universo de intereses, un mundo personal que los motiva pero al mismo tiempo se pueden establecer relaciones entre ellos.
En Minturn Zerva aparece la representación de su mundo cercano, los barrios portuarios y fabriles que formaban parte de su entorno ubicado en cercanías de la estación Sunchales. Warecki comparte la misma  preocupación que se dirige más precisamente a la urbe y sus límites: vagabundos, hombres errantes y figuras melancólicas que se desplazan por la ciudad. Un elemento recurrente en la época y en todas las temáticas con carga social. Barrera recurre al paisaje de la isla y sus pescadores, al barrio y sus habitantes, a los elementos de la vida cotidiana como la cuerda de tender la ropa, los animales domésticos o las tareas propias del hogar. Rubén de la Colina se detiene en imágenes del mundo de la cultura donde la música tenía un lugar destacado, representaciones religiosas, personajes y sucesos de la historia universal. Rosa Aragone trabaja una serie de retratos femeninos en donde tiene fuerte presencia la figura melancólica, tan vigente en la pintura de entreguerras: mujeres acodadas, pensativas, absortas en sus pensamientos; naturalezas muertas y paisajes resueltos con múltiples texturas visuales y una gran síntesis formal. Aspectos que trascienden la mirada de la propia creadora que considera no  haberse desarrollado como grabadora pero que ostenta una solidez y originalidad con esta técnica que las curadoras buscaron resituar en el marco de esta exposición.
Avatares. Una muestra que se aboca a dar cuenta de un sector poco trabajado de la historia del arte tiene algunas complicaciones y, en este caso, se plantearon algunos contratiempos al momento de reunir las obras, como el deterioro o la inexistencia de algunas copias. En este sentido, las curadoras destacan la labor desarrollada por Arnoldo Gualino, familiar de Minturn Zerva, quien “conservó las matrices que estuvieron en riesgo de ser quemadas, las rescató e imprimió nuevamente todas las ediciones llevando a cabo un gran trabajo de circulación. De hecho, hizo una temprana exposición de los ciento dieciséis grabados de Minturn Zerva en el Museo Castagnino, reposicionando su figura en el campo cultural rosarino”. El acercamiento a la obra de Rubén de la Colina no fue problemático porque está en manos de su familia y “el mismo artista se había encargado de conservarla y catalogar sus archivos cuidadosamente.” En el caso de Barrera los familiares se extrañaron con la convocatoria porque había sido un creador caído en el olvido, sobre todo por su accionar en la década de 1980. “En esos años viajaba desde Arroyo Seco, su ciudad de origen, hasta Rosario donde vivía y tenía su taller en el barrio Saladillo y, más allá de algunas exposiciones como la realizada en la Galería Miró Artes Plásticas o en la casa de familiares, mucha de su obra se perdió o fue regalada por el mismo artista. Lo que existe está en manos de sus sobrinos y afortunadamente es bastante porque fue un artista muy prolífico”. Con Warecki pasó algo similar, “comenzó a grabar tempranamente porque el padre era ebanista y le enseñó a tallar la madera pero hay mucha obra dispersa en colecciones o que se perdió. Quedó una serie de once tacos reimpresos recientemente por Gabriela Rodi y unas estampas que conservaba el sobrino”. Aragone “trabajó el grabado durante su etapa de formación con Grela y luego se dedicó principalmente a la pintura considerando esa etapa como una parte de su aprendizaje, una experiencia más”. Inicialmente se contaba con algunas estampas porque la mayoría las había regalado o se perdieron pero conservó los tacos que fueron reimpresos por Esther Finkelstein, una de las curadoras de la muestra. •

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