Educación
Sábado 01 de Octubre de 2016

Mundo instantáneo

"No hay futuro, no hay futuro", repetía el estribillo del conjunto de rock nacional "Los Intocables", en 1987.

"No hay futuro, no hay futuro", repetía el estribillo del conjunto de rock nacional "Los Intocables", en 1987. La letra pedía: basta de guerras, rutina, control, espionaje (por el enfrentamiento entre la Unión Soviética y los Estados Unidos de Norteamérica), y la idiotez del consumismo, y manifestaba el deseo de "no morir insatisfecho" y "recuperar derechos". Pasaron casi tres décadas y pareciera que aquello que en su momento era una denuncia, un presente sin futuro, hoy es un tabú. Pensar en el futuro produce escalofrío. Es lo mismo que "Los intocables" hoy cantaran: "No hay presente, no hay presente".

"El presente se ha vuelto hegemónico. Según lo ve el común de los mortales, ya no es el resultado de una lenta maduración del pasado, no deja transparentar lineamientos de futuros posibles, sino que se impone como un hecho consumado, abrumador, cuyo súbito surgimiento escamotea el pasado y satura la imaginación del porvenir", afirma Marc Augé, en su libro ¿Qué pasó con la confianza en el futuro?, publicado por Ediciones Siglo XXI, en el 2015.

El destacado sociólogo francés sostiene que las tecnologías de la imagen y las nuevas redes sociales dan la idea de un mundo global que supone la prioridad de lo instantáneo, "el borramiento" de las fronteras y del tiempo.

En mi opinión ello ha incidido profundamente en la difusión de una historia instantánea, una forma de atraer el lector con recursos que sirven para hacer presente al pasado pero no para contextualizarlo. Sin embargo, la sucesión de percepciones instantáneas, (del pasado y presentes) por más sofisticadas y reales que se presenten no dejarán de implicar una actitud receptiva proclive a la estandarización y al aislamiento del individuo. Recuerda Auge que no es el individuo el que tiene que estar al servicio de la cultura sino la cultura al servicio del individuo y por eso invita a recuperar "la utopía de la educación" como un medio para acortar "la brecha entre los saberes especializados de aquellos que saben y la cultura media de aquellos que no saben".

Quedarnos en la constatación que nos ofrecen las sucesiones de imágenes y conocimientos obtenidos en segundos por los ordenadores y la TV puede limitarnos a la impotencia y luego a la indolencia. ¿Cómo revertir la creciente tendencia de convertir a la humanidad en una observadora impávida de las crecientes y aberrantes desigualdades? Augé ofrece una respuesta: "En nuestros días la última utopía es la educación, de un acceso verdadera y concretamente igual de todos a la educación, a la revolución social de la enseñanza". Para esto propone apostar individual y colectivamente a la educación del saber porque de esa manera además de alcanzarse riquezas se obtendrá justicia.


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