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Domingo 07 de Abril de 2013

Mujica, signo de una Argentina extraviada

El comentario de José Mujica universalmente conocido este jueves debe tomarse como otro síntoma de un largo proceso de deterioro sistemático de las relaciones exteriores

El comentario de José Mujica universalmente conocido este jueves debe tomarse, más allá del célebre pintoresquismo verbal del uruguayo, como otro síntoma de un largo proceso de deterioro sistemático de las relaciones exteriores argentinas, incluso con los vecinos y socios del Mercosur, como Uruguay.

   Porque ocurre que Argentina daña sus vínculos con Uruguay, Chile y Brasil desde hace años, y los mejora sólo con Venezuela y algunos de sus aliados y subordinados del Alba (Bolivia, por caso). Una decisión perdedora por donde se la mire.

   El caso de Uruguay viene de los tiempos de Néstor Kirchner, cuando el entonces presidente decidió plegarse totalmente al planteo ultrancista e ilegal de la asamblea de Gualeguaychú contra las papeleras que se construían o proyectaban en Uruguay. Para este país eran inversiones irrenunciables, estratégicas y nunca vistas. Argentina las desechó (al parecer, hubo sondeos previos para hacerlas acá) y luego las combatió en la otra ribera. Después, ya bajo las dos presidencias de CK, las relaciones mejoraron temporalmente con la llegada de Mujica al poder. Pero la buena voluntad oriental no alcanzó, y esa actitud se fue extinguiendo a medida que desde la Casa Rosada se respondía con medidas hostiles para la economía uruguaya. En estos años los vínculos empeoraron no solo con el pequeño Uruguay, sino también con el gigante Brasil y el vecino más conectado al mundo y moderno del barrio, Chile. Y en el caso del Uruguay, está bloqueado por Argentina hasta el dragado del canal Martín García, clave para la construcción de un puerto uruguayo.

   El episodio reciente de la minera brasileña Vale y su salida de la peor manera posible del país, sin que se haya producido una reunión bilateral de alto nivel para tratar de reparar el daño, lo dice todo sobre el desmanejo de las relaciones exteriores económicas de la Argentina. Vale hizo el cálculo de su inversión con los números de 2009. Luego, con tres años de inflación al galope más el cepo cambiario, los números ya no le “cerraban”. Y se fue pese a haber “hundido” (como dicen los empresarios), 2.600 millones de dólares en el proyecto minero radicado en Mendoza. Seis mil puestos de trabajo de calidad se esfumaron en ese mismo momento. Conviene reiterarlo: no hubo ni una reunión entre ministros de Industria, ni cancilleres, ni presidentas, para tratar de recomponer el asunto. Vale do Rio Doce es la minera de hierro más grande del mundo. El Estado brasileño tiene el 35% de sus acciones. Es fácil concluir que la decisión de retirarse del país no se tomó a la ligera, sin consultar con el gobierno de Dilma Rousseff.

   La relación con Brasil se arruina así sistemática y progresivamente desde que Guillermo Moreno comenzó con sus imposiciones telefónicas, bloqueando importaciones de manera arbitraria y empeoró aún más con el cepo cambiario. No es que los brasileños sean ángeles inocentes: ellos también tienen sus mañas y lobbys proteccionistas potentísimos. Pero desde que comenzó la restricción de importaciones por parte argentina es evidente que es este lado el que acumula irregularidades al por mayor. Antes, las reglas se cumplían, con algunas chicanas periódicas, pero se cumplían. El uruguayo Mujica comentó en una entrevista: “Cada vez que acomodamos algunas cosas con Brasil, las cumple”. Argentina parece creer que puede incumplir acuerdos y normas sin ninguna consecuencia. A la vez, se sumó en pocos días otro indicio del malestar brasileño y del autismo del gobierno argentino: pese a la pésima salida de Vale, el gobierno nacional parece que aún espera, como si nada hubiera ocurrido, la concesión de un crédito subsidiado para el soterramiento de la línea Sarmiento por el banco estatal brasileño BNDS. Con este cuadro, ¿alguien puede seriamente esperar la entrega de un crédito estatal brasileño por 900 millones de dólares a tasa subsidiada? En la Argentina K, parece que sí.

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