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Domingo 02 de Agosto de 2015

Mujeres infinitas

Un grupo de expertas en grabado se unió a mujeres ciegas para gestar nuevas formas de arte y expresión. El resultado es una experiencia enriquecedora que permite ver más allá de los límites.

Aunque no sea evidente en el mundo que hemos creado, el pronombre “yo” existe a partir de que hay un otro de quien diferenciarse. Existimos como individuos a partir de una construcción colectiva. Tenemos, en este planeta, un lugar donde desarrollar nuestra unicidad sólo para complementarnos con esa multiplicidad de otros, que también son únicos. “No hablo sólo de mí cuando digo que soy, hablo de ese lugar donde nace el amor. Todos somos uno con los demás”, cantan Axel y Abel Pintos que resumen hermosamente esta idea que, aunque parece tan obvia es, a veces, muy difícil de ver. Y resulta que en el arte visual, tan subjetivo como cada par de ojos que se detenga a observarlo, se puede encontrar un lugar único en la multiplicidad, un espacio que transforma, un lugar donde nace el amor con los demás. Cuatro mujeres, que regalan hoy sus historias a Más, forman parte del grupo que ganó este año un proyecto universitario en la Facultad de Bellas Artes de la UNR denominado “Transformar ideas en imágenes aprehensibles a través del tacto o de la vista”. Es la continuidad de un taller de expresión gráfica destinado a generar obras táctiles a partir de experiencias sensoriales entre personas que ven junto a otras con discapacidad visual. Serán cuatro encuentros, los sábados de agosto. Imaginar un museo donde tocar sea la regla, donde las obras fueron engendradas por cuatro manos, dos cerebros pensando a la par, y sólo un par de ojos que ven, es, sin dudas, una invitación a cambiar el mundo. Mujeres infinitas, tal el nombre de la propuesta, fue el resultado de un ensamble perfecto de ocho mujeres, cuatro de ellas expertas en grabado y cuatro mujeres ciegas. Ideas, colores y matrices hicieron de la técnica del Colagraf el pretexto perfecto para atomizar todo lo conocido sobre el arte: desde cómo se mira, pasando por cómo se piensa hasta llegar a cómo se hace. Todo esto, por supuesto, redefiniendo los quiénes. Partiendo de principios similares al grabado donde se genera una matriz que permite una reproducción múltiple del mismo diseño, el Colagraf es una técnica aditiva que busca o intenta copiar las texturas incorporadas a esa matriz, habilitando también la multiplicidad de ejemplares, y dando como resultado obras que pueden apreciarse desde el tacto. Superar lo exclusivamente visual y pasar a un plano donde las manos son productoras y lectoras, reformular lo que se entiende por representación, replantearse el porqué de los colores, y resolver la necesidad de hacer algo que conmueva desde lo sensorial. Ahí radicó el principio integrativo, y uno de los mayores aprendizajes para las “grabadoras”. Cynthia Susnaba quedó ciega de grande y construyó recursos que la hicieron una gran maestra en este proceso de arte colectivo: “Yo estaba basada en un mundo visual y tuve que adaptarme como ciega. Esto no implica que ellas se tienen que manejar como ciegas, pero sí compartir experiencias que nosotras tenemos diariamente. Yo el tacto lo uso todos los días y no solamente porque trabajo con texturas. El oído lo estoy usando continuamente. Es algo que en mí está incorporado en el día a día, me costó en su momento y es difícil para enseñar. Entonces ese espacio de construcción fue de vínculos, de intercambio, de pensar juntas cada idea”. En sus zapatos Fabiana Menéndez estuvo desde siempre conectada con el arte. Antes de entrar al mundo del “ciegaje”, como ella lodefine con humor, la pintura era una gran pasión que hoy decora cada pared de su casa. La propuesta le llegó como una canción que invita a abrir la puerta para ir a jugar. “Cuando me propusieron hacer esto me encantó. A mí siempre se me ocurren cosas extrañas porque a mí con todo lo que es arte se me prende la lamparita en seguida. Yo elegí trabajar lo sensual de la mujer. Porque se había tomado la mujer deportista, la mujer que trabaja, la mujer mamá. A mí me encantó poder estar de nuevo en algo del arte sin estar exactamente pintando”. De personalidad sensible y pícara, Fabiana eligió vivir la vida desdramatizando. Correrse del lugar de persona vulnerable habilita en ella ideas que suman al concepto inicial de romper lo establecido y sacuden hasta las mentes más abiertas. “También para las personas que ven es re difícil. Una persona ciega dice: bueno yo voy a poner esto acá y eso allá porque al tocarlo se entiende. Pero el que ve no se da cuenta de eso, como que tiene que dar vuelta la cabeza para verlo como yo”.

La técnica, una excusA. Melina Ferrati es enfermera. Entre los 23 y los 29 años vivió una etapa que le cambió la visión en color por una llovizna blanca y negra que la invitó a profundizar sus habilidades manuales. Como mujer infinita, invita a pensarse en el mundo desde el desafío de la superación. “El tema de la ceguera lo tomamos desde un lugar que no tiene que ver con el dolor y el pesar sino con lo que se puede hacer y lo que se puede aprender con eso. En esta experiencia hasta incorporamos colores porque todas nosotras en algún momento vimos colores, entonces nos podíamos imaginar eso. Poder transmitir el tema de las percepciones, del tacto, esto de “percibir desde otro lugar”, y tener una técnica para poder hacer algo desde nuestra imaginación, fue superador”. Cuando la búsqueda no se hace desde el lugar del reconocimiento individual, la obsesión por la perfección y la fidelidad hacia la forma, el quiebre de lo conocido se hace evidente. Romper cualquier escala de valores estéticos en pos de la construcción de vínculos; convertir la escena de lectura unitaria de un cuadro en mesas virtuales de charla donde la interpretación se vuelve suma y complemento de muchas voces; descubrir sentidos de una forma que nunca se habían vivido, revelando la infinidad de significados que perdemos cuando la vista los censura con su protagonismo pleno, es una forma de hacer la revolución. Aquella que lleva la diferencia como bandera, esa que entiende que uno más uno es una potencia infinita, la que reconoce que, como dice Melina, “todos somos un todo, todos somos parte de lo mismo y venimos para aprender”. Caminar con otros, hacer arte con otros, sin ninguna duda, es la mejor forma de arreglar el mundo.

Más allá del ver y del hablar está el tocar

De Anabel Moro me contaron muchas cosas. Que no es totalmente ciega, sino que tiene baja visión. Que sus compromisos de nadadora la habían puesto a contemplar desde la distancia el proyecto. Que al momento de la entrevista estaba en Canadá. Que hay una placa con su nombre en el paseo de los olímpicos por avenida Pellegrini. Que es madre. Mucho es lo que dijeron, pero la imagen, la idea en mi cabeza de cómo es Anabel Moro y, muy especialmente, la sensación de haberla conocido no la lograron las palabras. Conocí a Anabel cuando me permitieron entrar en contacto con su obra. Recorriendo pliegues de texturas que se arrugaban y se tensaban para que el mar me cosquilleara la cara; envolviéndome en una sinestesia divina donde el viento me zumbaba en las orejas; sumergiéndome en cada ola para terminar mi recorrido en el nado de una sirena de aguas dulces. Así, sensible, fuerte y libre, yo conocí a Anabel.

Taller gratuito

La invitación al taller es abierta y gratuita y viene de la mano de la Secretaria de Extensión Universitaria y Mucar (Movimiento de Unidad de Ciegos y Amblíopes de Rosario). Son 4 encuentros: los sábados 1, 8, 15, 29 de agosto de 2015, de 10 a 12 en Buenos Aires 1626.

Inscripción y mayores informes: 43856321.

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