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Domingo 13 de Julio de 2014

Mueve Mascherano, ataja Cristina

Hacía tiempo que no se percibía este electrizante deseo compartido por la enorme mayoría que se ha impuesto a todo tipo de debate social, político y económico.

Hasta hoy a las 19 nuestro país aparece unificado en el deseo del triunfo en la copa del mundo de fútbol. Hacía tiempo que no se percibía este electrizante deseo compartido por la enorme mayoría que se ha impuesto a todo tipo de debate social, político y económico. Más extraño pero no menos valioso ha sido que el denominador común de tanto fervor se dé por un conjunto de congéneres que hizo de la concordia, el buen trato, la ausencia de descalificaciones y del respeto su modo de ser. No entiendo nada de fútbol pero el DT Sabella contradijo uno de los axiomas más populares de la política argentina construyendo su proyecto sin necesidad de “grietas”, sin recurrir a cipayos o leales. Mal no le ha ido.

Es cierto que un conjunto menor de conciudadanos (muy menor) se queja de este fenómeno de pasión futbolera y acusa a quienes nos sentimos emocionados por el partido que se disputará ante Alemania de ser funcionales a vaya saber qué clase de cortina de humo que pondría opaca la realidad del día a día nacional. Como si dar rienda suelta a la pasión por un deporte nublase el discernimiento para el resto de la vida.

A esta minoría habría que recordarle que la alegría no es una tara. Todo lo contrario: es un don y de los más preciados. Discutir la alegría callejera de estos días, la que se comparte en bares, oficinas, mesas familiares, es propio de los que adoptan poses de intelectualidad berreta o de mutilados emocionales que creen que si se está contento no se puede ser crítico o, cómo no, si se ama, todo el resto del entendimiento queda nublado. Verdadero pavotes o seres de mala leche.

Poder ser feliz y, sobre todo, encontrar un genuino motivo para serlo es una de las balsas en el mar inescrutable del sentido de la existencia humana. Tan enmarañada y oscura como para encontrarle alguna explicación aparente de su ser. La felicidad es siempre el camino de ventura y amor hacia la utopía que nos hace dirigir los pasos en busca del destino que se sabe, de antemano, como inalcanzable.

Será por eso que cuestiones como las de Amado Boudou, la inflación, el estado de salud de la presidente y la ya lanzada campaña hacia el 2015 aparecen secundarizadas. Y no está mal. Porque eso empezará a recobrar su lugar de preponderancia a poco de haber festejado.

Lo que viene. La presidente de la Nación comenzará una semana muy agitada que decidirá acontecimientos mucho más extendidos que los 7 días que tiene por delante. Cristina Fernández ha mandado a respaldar a Amado Boudou aunque su reducidísimo círculo de influencias (especialmente el familiar), hermético hasta para la salud de ella, le sugirió buscarle una salida intermedia entre la renuncia y el silencio. Ella cree que si flaquea ahora abrirá un camino personal de exposición político y judicial de consecuencias difíciles de mensurar. El miércoles hubo un atisbo de otra cosa cuando el jefe de los senadores peronistas Miguel Pichetto parecía haber convencido a todos se someter al vicepresidente a una especie de interrogatorio de los legisladores sin valor de juicio político o de comisión investigadora.

Hubiese sido una suerte de saldar la dignidad de la oposición e imponer el número del oficialismo para bloquear otra cosa con un daño colateral menor. Fue el propio Boudou el que cruzó al hombre que representa a la provincia de Río Negro y se negó a todo tipo de preguntas. “Entonces ni te asomes en el Senado”, le habría dicho Pichetto advirtiendo que sus propios partidarios podían no respaldarlo. El vicepresidente no sólo está procesado sino que, además, aparece atravesado por una suerte de ceguera propia de la soberbia.

El viernes a última hora se daba por cerrado el pleito con los fondos buitre. No se puede hablar de acuerdo porque esa es la única palabra que no figurará en el proceso. Acordar significa asumir voluntariamente el pago a los impresentables carroñeros del sistema financiero (el almuerzo al que invitaron a algunos periodistas de Buenos Aires con faisán, caviar y champagne Don Perignon habla del desprecio y frivolidad de ellos) y eso detonaría el reclamo de los bonistas reestructurados. El “taparrabos” jurídico sería anunciar que por la fuerza del fallo de Thomas Griesa se paga a los demandantes y así no detonar la tan meneada cláusula Rufo. Sin embargo, la chance de éxito de la negociación sigue muy atada a un gesto de última hora de la presidente y de su ideologizado ministro de Economía que habla ante propios y extraños de gestas y pretendidas heroicidades para que el mundo vea que la Argentina no se rinde. Si a esto se agregan los no abordados conflictos salariales, paros, pedidos de reaperturas de paritarias y un evidente parate en la economía, el panorama del segundo semestre de 2014 no es el más sonado.

Por fin, la oposición, todavía huérfana a la hora de proponerse como articuladora concreta de proyectos específicos sobre economía, seguridad y educación, empieza a manifestar sacudones de reacomodamiento. Primero fue el ex fiscal Pablo Lanusse y ahora es el diputado Eduardo Amadeo los que abandonaron las filas de Sergio Massa para acercarse al PRO de Mauricio Macri. El Frente Renovador muestra inquietud. El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires soporta corcoveos de la figura estelar en las urnas Gabriela Michetti quien comenzó, sugestivamente, a elogiar con sus cercanos a Hermes Binner. ¿Alguien imagina a la actual senadora militando en las filas del Frente Amplio Unen? Por fin, los radicales siguen sin poder hacer despegar a un solo candidato con chances de imponerse en las Paso y disputar el sillón de Rivadavia. Queda tiempo, es cierto. No tanto como se cree porque en apenas un año habrá que contar con nombres e ideas concretas para timonear un no sencillo cuatrienio con muchas deudas dejadas por los que pasaron por el poder.

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