Escenario
Domingo 07 de Agosto de 2016

Muchas mamás en una comedia de tinte juvenil

La sala tandava ofrece "modelos de madre para recortar y armar" dirigida por Leandro Aaragón.

En el principio fue el verbo. Eso dicen las sagradas escrituras, pero a la luz de "Modelos de madres para recortar y armar" seguramente el verbo haya sido amar. O limpiar (el cuarto), levantar (la mesa), estudiar (la lección), llegar (temprano), dejar (de joder) o sabe dios cuántos más. Todas acciones que, en boca de nuestras madres, se transformaron alguna vez en un tormento juvenil y hoy, muchos, recuerdan con cariño. Y por si la memoria falla, en la sala Tandava y dirigida por Leandro Aragón, la obra escrita por Hugo Saccoccia reactualiza el vínculo que todos tejemos con aquellas que nos engendraron, nos cuidaron e hicieron de nosotros eso que somos. Con el vértigo de un texto fragmentario y caleidoscópico, actores y actrices que asumen innumerables roles, un continum inseparable de escenas y una línea de luz siempre poblada de tan humorísticos como reconocibles personajes (sean madres o hijxs), la puesta teatral, que incluye a ocho intérpretes sobre las tablas, se muestra fresca, digerible y entretenida, sobre todo para un público joven.

A las puertas de convertirse en un clásico de las academias de teatro, el libro del dramaturgo y abogado cordobés tiene una particularidad: se trata de seguidilla de pequeños sketches contiguos en los que participan todos los intérpretes, construyendo y deconstruyendo rápidamente sus personajes, prácticamente sin salir de abajo de los reflectores. Y su trama está tan finamente hilada que ya ha sido materia de trabajo para grandes elencos -en esta ocasión lo integran ocho artistas- y hasta para un unipersonal. De allí la importancia de las criterios seguidos por el director para la adaptación, quien gratamente eligió trabajar con una estética simple, sin escenografía, con un vestuario uniforme, con pocos elementos de disfraz y priorizando la gestualidad corporal y oral de sus dirigidos.

Concebida originalmente como un ejercicio teatral, la obra está destinada, casi inconscientemente, a un target determinado. La referencia no es sólo al público que concurre a la sala -a la sazón una consecuencia de la propuesta teatral en sí-, sino a quienes, en teoría, hacen sus primeras armas sobre el escenario. Así, el vector libro-intéprete-audiencia potencia la entropía, esa relación de equilibrio, natural para la física pero no necesariamente para las artes, entre lo que se ofrece y lo que se fue a buscar. Quizás sea allí entonces donde "Modelos..." encuentra su fortaleza y porvenir.

maleabilidad. La puesta fue en algún momento el trabajo final de un grupo de actores y actrices formados en Dionisio, el club de entrenamiento actoral rosarino que dirige el mismo Aragón, y que, debido a la maleabilidad del texto, se convirtió rápidamente en esta producción.

Es por eso que, como es notoria la internalización del guión y su representación corporal, y la seguridad escénica que eso significa, está entonces en las virtudes artísticas de los intérpretes la consolidación del vínculo con la platea. Y hasta pareciera que en esa ensalada perfectamente armada con variados ingredientes (los personajes) y tradicionales condimentos (las situaciones), quienes consiguen abordar sus diferentes composiciones con un toque de nobleza y exotismo terminan destacándose sobre el resto.

De todos modos la velocidad y versatilidad con las que esos elementos se combinan hacen a la homogeneización de un grupo involucrado y concentrado y no por eso menos divertido.

identificación. Sin dudas son Angélica Germanetti y Gisela Becchiarelli quienes le insuflan al elenco la cuota de profesionalismo que, merecidamente, bien festeja la platea. Ambas recurren a gestos tan ampulosos como cómicos y están secundadas por una Giuliana Carnevali que demuestra ductilidad y ritmo. A ese trío femenino se le suma otro, integrado por Ailén Giménez, Carla Quinteros y Malena Altamirano, quienes demuestran contracción y sencillez a la hora de encarar la labor. Acompañan Ricardo Correa y Rodrigo Ramírez, en roles menores y masculinos.

Al alistar una serie de arquetipos fácilmente reconocibles de madres, "Modelos..." aprovecha la inmediata identificación que el espectador tiene con su propia historia y la pone al servicio de un humor blanco, sin groserías ni dobleces.

Así, a veces desopilante y otras reflexiva, la comicidad se entrevera con las emociones y las añoranzas, pero, importantísimo rescatarlo, sin golpes bajos ni secuencias lacrimógenas. Por todo eso la obra vale y porque, finalmente, se trata del caldo de cultivo del que saldrán las próximas estrellas del teatro local.

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