Cambiemos
Domingo 04 de Septiembre de 2016

"Mucha gente se da cuenta y me dice que yo tenía razón", aseguró Daniel Scioli

Actual vicepresidente del PJ, fue vicepresidente de la Nación, diputado y gobernador de Buenos Aires. Candidato a presidente por el Frente para la Victoria en los comicios de 2015.

Daniel Scioli ya no repite como un mantra aquella frase que se convirtió en estigma ("con fe, con esperanza, siempre para adelante"), pero intenta no mutar en el apologeta de catástrofes del gobierno de Mauricio Macri. Columpiándose en ese hilo intermedio, traza una mirada crítica de la política económica oficialista, dice que "mucha gente" le reconoce haber tenido razón en la campaña y le pide al gobierno un urgente llamado al pacto social.

En otras cuestiones sigue siendo el "Scioli de siempre" a la hora de declarar. Cuando se le recuerda que su sucesora en la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vida, declaró que recibió "una provincia quebrada" o que el sciolismo "miró para otro lado o fue cómplice del narcotráfico", el ex candidato presidencial del Frente para la Victoria se repliega en sus caparazones discursivos.

El ex gobernador asegura que todos los pruritos que expuso frente a un posible gobierno de Cambiemos hoy se dejan ver en la acción oficial. "Mucha gente que se dejó llevar por el entusiasmo de la palabra cambio ahora se dio cuenta de que ese cambio no fue para mejor", chicanea Scioli en medio de la entrevista exclusiva con La Capital.

Reivindica como un tesoro que lo haya votado casi la mitad del electorado, no formula ningún juicio crítico hacia el gobierno que se fue en diciembre de 2015 y apela a un futuro frentista del peronismo. Se ríe de la respuesta que le dio por estos días a un periodista de la CNN que lo entrevistaba en el emblemático bar La Biela, en plena Recoleta porteña, que lucía vacío. "Si yo fuese presidente, este bar estaría lleno".

Al fin, Scioli pendula entre una sensación que siempre acampa en el peronismo (el que pierde no tiene premio) y el resultado muy competitivo en el ballottage. Tal vez por eso, y porque el presente justicialista hoy es un hormiguero zapateado, como dice Eduardo Duhalde, el ex motonauta no larga prenda sobre una candidatura a senador nacional.

—¿Cómo está observando la marcha del gobierno nacional?

—Desde el punto de vista económico, social y productivo se está viendo un deterioro que se refleja en el poder adquisitivo, en cualquier indicador y, fundamentalmente, en la reducción del mercado interno. Se refleja en la baja del comercio, la industria y la construcción. En los grandes conglomerados urbanos, como el Gran Rosario, Gran Buenos Aires y Gran Córdoba, queda reflejado.

—¿Tiene la sensación de que en campaña anticipó lo que iba a hacer Macri en caso de ganar, y que hoy está haciendo como presidente?

—Les dije a los argentinos que había dos caminos para resolver los problemas: uno era la agenda del desarrollo y otra la del ajuste, aumento de tarifas y devaluación que generaría está situación que hoy sufrimos. Un pilar fundamental era la industria nacional. Una cosa es un país abierto al mundo y otra muy diferente que volvamos a abrir la importación de lo que empezamos a fabricar en la Argentina.

—¿Y respecto de las tarifas?

—No se trataba de dejarlas congeladas, porque esa fue la primera discusión que tuve con Néstor Kirchner en 2003, cuando le dije que había que enfrentar gradualmente este problema. Pero tampoco era aumentar las tarifas al 500 por ciento o al 1.000 por ciento, como se habló con el gas en la Patagonia. Había que ir desandando los subsidios de una manera equitativa, gradual, moderada. Y por otro lado vemos que las paritarias quedaron por debajo de la inflación, lo que genera caída del poder adquisitivo, que se ve reflejado en menor consumo. Mucha gente se da cuenta y me dice "tenía razón", pero soy respetuoso de la voluntad popular y de la legitimidad democrática. Pero yo también tengo legitimidad como opositor. Y alerto sobre otras preocupaciones que tengo.

—¿Cuáles son esas preocupaciones?

—El endeudamiento, la manera en que se busca bajar la inflación por medio de la recesión. Estas son cuestiones que el gobierno debe replantear de manera urgente.

—El presidente asegura que si no se tomaban esas medidas el país iba camino a ser Venezuela...

—Argentina es Argentina, y debemos tener en claro nuestras potencialidades en el espíritu emprendedor de las pymes, los trabajadores, una matriz energética a desarrollar, educación de calidad, un país desendeudado. Había una manera diferente de abordar los problemas pendientes de la Argentina para que la gente no sufra las consecuencias de un programa económico que, hasta ahora, es protagonizado por el aumento de la pobreza, el incremento de la desocupación y el deterioro de la actividad comercial, industrial y volver a un circuito vicioso de endeudamiento, que puede ser muy perjudicial. Cuando hay un sistema financiero en el que la mente del comerciante induce a pensar que gana más poniendo la plata en Lebac que invirtiendo en la fábrica, y que es más importante importar que fabricar, estamos en un problema.

—¿El gobierno debería llamar a un acuerdo social, sentando en la mesa a trabajadores y empresarios?

—Sí. En este contexto, y transcurrido más del 20 por ciento del período de gobierno, y con la agenda a enfrentar, hay que constituir políticas de Estado para abordar los problemas.

—Hasta que el peronismo no se reorganice no se tiene chance de constituirse en alternativa...

—El peronismo tendrá la capacidad de reorganizarse por medio de su organización interna, su autocrítica, su espíritu de renovación. Hay que generarle confianza a la sociedad para que la gente vea quién la va a sacar de esto. Hay que darle a la sociedad una alternativa, y en eso estamos trabajando.

—¿Usted va a ser candidato a senador en 2017?

—Me marcó en la última visita que hice a Rosario durante la campaña presidencial ver a tantos jóvenes entusiastas, comprometidos. Pasa por ahí el futuro del peronismo.

—¿Influye en su decisión próxima?

—Ellos como parte de la mitad de los argentinos que me dieron su voto de confianza. Estoy al lado de ellos para hacerme eco de sus problemas, aportando mis ideas y lo que estudié para el país.

—Me está diciendo que será candidato...

—No estoy pensando en eso, porque el 2016 no es un año electoral. Le digo algo: me conmovió la marcha multitudinaria que hubo en Rosario por la inseguridad. Me conmovió, fue impactante. Sé lo que significa el dolor, la angustia, las familias destrozadas por estos criminales. Pero en lugar de sumarme a las críticas que se formulan desde la política, como las que me hacían cuando yo era gobernador y tenía que enfrentar estos problemas, quiero hacer un aporte.

—¿Y cuál sería su aporte?

—Es indispensable que el Congreso de la Nación, a la brevedad, debata en serio la tolerancia cero del control de armas. Si no hay armas no hay muertes, entraderas, desenlaces brutales de los delitos de gente que está bajo efectos de la droga.

—Pero la gobernadora Vidal dice que usted dejó a la provincia de Buenos Aires quebrada y que miró hacia otro lado o fue cómplice del narcotráfico que se instaló en ese distrito...

—No voy a entrar en polémicas con la gobernadora Vidal. Siempre fue una actitud mía respetar los mecanismos constitucionales de dejar los organismos de control en manos de la oposición.

—¿Y cómo se posiciona usted frente a las denuncias de corrupción contra Cristina y otros personajes importantes de los gobiernos kirchneristas?

—El rigor de la ley. Debe haber una política de Estado para combatir la corrupción, incorporadas a otras. Como con la energía, el empleo, la educación.

—¿El peronismo debe buscar un camino de unidad incluyendo al kirchnerismo? Hoy parece que buena parte del PJ no quiere saber más nada con Cristina. ¿El kirchnerismo es una etapa superada?

—Más que los "ismos" hay que atender las nuevas demandas del electorado y lo que la gente nos pide. Los jóvenes están angustiados por no tener primer empleo; los clubes de barrio, las pymes, los comerciantes quieren que esta fuerza política se reorganice, con toda su experiencia. Hay que armar un gran frente en el que confluyan todos los sectores de la población. No nos olvidemos los peronistas que venimos de una elección en la que sacamos la mitad de los votos de la Argentina.

—¿Cree que ese 49% que lo votó sigue incólume, que no se ha perdido?

—Mucha gente que se dejó llevar por el entusiasmo de la palabra "cambio" ahora se dio cuenta que ese cambio no fue para mejor. Si bajan las ventas, las persianas, cuando la gente se queda sin trabajo... Y ya no se trata de un mes aislado, esto se da en forma sostenida. La Construcción dio a conocer los datos: 23,1%.

—En una entrevista en el bar La Biela, con CNN, dijo: "Si yo fuese presidente, este bar estaría lleno".

—(Se ríe). Bueno, es un bar simbólico de la ciudad de Buenos Aires. Pero usted sabe muy bien la cantidad de locales que se han cerrado. De hecho, en la ciudad de Buenos Aires es en donde más creció la desocupación.

—¿Es optimista respecto del futuro?

—Ojalá que el gobierno pueda encontrar los caminos para corregir y replantearse muchas de estas políticas que están generando semejantes consecuencias. Ojalá no se caiga en una depresión económica. Hay que conseguir inversiones, pero llegan cuando hay mercado interno fuerte. Y hoy el mercado interno no está fuerte. Otra es cuando hay tasa de interés accesible, pero hoy una pyme paga más del 40%. Debe haber certidumbre, pero las tarifas son todo incertidumbre; ¿a qué costo calcula la energía una fábrica? Hay que defender la industria nacional. Ahora empezamos a importar alimentos, ¡alimentos!

—Su economista de cabecera, Miguel Bein, ha dicho que hubiese tomado algunas medidas parecidas a las de Macri...

—Esa es la diferencia con Macri: yo a los economistas los escuchaba, pero hubiese decidido según mi criterio. El que gobierna determina prioridades. Para mi agenda no hubiese sido prioritario sacarles las retenciones a las mineras. Los economistas no me imponen lo que tengo que hacer.

—¿Y la lluvia de dólares que pregonaba el gobierno por qué no se dio?

—No hay condiciones para generar una mística de inversiones. Hay turbulencias, incertidumbre. Hasta el resultado del blanqueo está en duda. La lluvia de dólares fue para pagarles a los fondos buitre, incluso por arriba de la expectativa que tenían. Fíjese qué sectores ganaron más: el financiero y el más concentrado de la actividad agrícola.

—¿Y qué cosas ve bien del gobierno?

—La baja de retenciones al campo, que se haya normalizado la Corte Suprema de Justicia, el esfuerzo de avanzar en el federalismo.

—¿Y cómo lo trata esto de estar en el llano?

—Es un desafío apasionante. Hoy mi oficina es la calle, las fábricas, el dialogar con los comerciantes, estar visitando los clubes de barrio. Tengo más tiempo para escucharlos.

—Duhalde dice que el peronismo es "un hormiguero zapateado". ¿Se puede reconstruir ese hormiguero?

—Le tengo mucho respeto a Eduardo Duhalde. Pero como decía el general Juan Perón: "El peronismo es como los gatos: parece que se pelean, pero se están reproduciendo". Estoy a disposición de todos para construir un futuro que nos encuentre como alternativa nacional.


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