Edición Impresa
Miércoles 20 de Febrero de 2008

MP3, guerra de piratas

Desbordábamos de felicidad, teníamos un chiche nuevo: la doble casetera. ¿Para qué servía? ¿Para que la música suene más fuerte? ¿Para escuchar dos canciones al mismo tiempo? No, para piratear, aunque todavía no se llamaba así.

Desbordábamos de felicidad, teníamos un chiche nuevo: la doble casetera. ¿Para qué servía? ¿Para que la música suene más fuerte? ¿Para escuchar dos canciones al mismo tiempo? No, para piratear, aunque todavía no se llamaba así. Ellos pensaron: los casetes no suenan bien y las regrabaciones tienen peor audio todavía. Nada de qué preocuparse. Pero no se imaginaron que sólo era cuestión de tiempo. Llegó internet, luego el formato MP3, la banda ancha, los programas de intercambio P2P... Entonces sí, la música empezó a pasar de mano en mano, se multiplicó exponencialmente y sin perder calidad. El problema había llegado.

Ellos, claro, son las multinacionales, las grandes empresas discográficas, por aquellos días único eslabón entre el músico y el consumidor final. Hoy perdieron su lugar de preponderancia y el único método de supervivencia es adaptarse a las nuevas reglas. Pero no, decidieron tomar el camino de la confrontación y plantarse en pie de guerra contra los piratas. La batalla está lejos de terminar y ambos bandos tienen sus argumentos válidos.

Jorge Otero, líder del grupo español Stormy Mondays, se declara abiertamente "en contra de la campaña antipiratería" y en www.stormymondays.com ofrece descargar gratis los cinco discos de la banda. No tiene reparos en asegurar que las multinacionales "no vieron a internet como una oportunidad sino como una amenaza. Hasta ahora ellos controlaban la distribución, las campañas publicitarias, las emisoras de radio... Y de repente surge algo que no pueden dominar".

Los músicos opinan. Tom Morello (guitarrista de Rage Against the Machine): "La democratización de la distribución de la música es muy saludable". Liliana Herrero: "No creo que tenga muchos beneficios para los músicos, pero uno en el fondo se pone contento de que las grandes discográficas sufran con el MP3". David Muñoz (Estopa): "El MP3 es una estafa para los que hacemos canciones". Billy Corgan (Smashing Pumpkins): "Si las bandas son buenas van a tener público, eso les permitirá vivir de la música". Pete Wentz (Fall Out Boy): "Es el Lejano Oeste, nadie tiene idea de qué hacer". Peter Gabriel: "No le sirve a los intereses de una discográfica que haya mucha música por ahí sin que ellos tengan control alguno". Jack White (White Stripes): "No podemos renunciar al placer de abrir un nuevo disco y mirar el arte de tapa". Fito Páez: "La piratería es una cosa e internet es otra. Está el top manta (vendedores callejeros de copias ilegales de CD), que son tan ladrones como las multinacionales". Michael Stipe (REM): "La tecnología elimina a los intermediarios". Joaquín Sabina: "Los grandes piratas de la industria discográfica están en las multinacionales" . Thom Yorke: "Esa industria enorme no me representa para nada". Yorke es el cantante de Radiohead, grupo que lanzó su disco "In rainbows" por internet para que el consumidor lo baje al precio que creyera pertinente. Incluso gratis.

El escritor brasileño Paulo Coelho tiene una extraña teoría: él mismo publica en su blog "Pirate Coelho" diversas traducciones de sus libros. Y sostiene que piratearse a sí mismo significó un aumento de las ventas de sus libros en papel. Por ejemplo, dijo que en Rusia vendía mil ejemplares por año, cifra que trepó a 100.000 libros cuando subió a internet la traducción al ruso de "El alquimista".

Volviendo a lo estrictamente musical, hay un escenario que parece ideal: que los músicos graben sus canciones (ya ni necesitan un estudio, lo pueden hacer en sus casas) y que el oyente las baje a su computadora y, si quiere, las grabe en un CD o las lleve en su reproductor MP3. Pero que le pague un precio justo al único eslabón imprescindible en la cadena, que son los músicos. Sin embargo, no son pocos los que prefieren tener el packaging original, la cajita saliendo de una bolsa de nylon, el disquito reluciente estampado en los colores que el músico eligió para su obra y el librito con la información sobre la grabación del álbum. Es un placer cuando la música llega a nuestras manos tal como la ideó el artista.

Las discográficas ven que hay un buen dinero que se están perdiendo, hay productos por los que nadie está pagando. No es justo que las grandes empresas se queden con la porción grande de la torta ni que los músicos regalen sus canciones. ¿Hay que pagar para ver un cuadro? No, hay que pagar para tenerlo en el comedor. ¿Hay que pagar por escuchar un poema? No, hay que pagar por comprar el libro. Y siempre estará aquel que quiera colgar el cuadro en su casa, tener el libro en la biblioteca y guardar el CD dentro de su caja original.

Comentarios