Edición Impresa
Sábado 27 de Febrero de 2010

Miretti: "No hay hábitos ni disciplina lectora"

"No hay hábitos ni disciplina lectora". Esa es para la profesora en literatura, María Luisa Miretti, una de las principales razones por la que los jóvenes que ingresan a la Universidad tienen tantas dificultades para contactarse con los textos académicos. De hecho, este vínculo con los libros suele ser uno de los obstáculos que los mismos estudiantes mencionan cuando se refieren al tránsito por la formación superior.

"No hay hábitos ni disciplina lectora". Esa es para la profesora en literatura, María Luisa Miretti, una de las principales razones por la que los jóvenes que ingresan a la Universidad tienen tantas dificultades para contactarse con los textos académicos. De hecho, este vínculo con los libros suele ser uno de los obstáculos que los mismos estudiantes mencionan cuando se refieren al tránsito por la formación superior.

Miretti es especialista en temas de lectura, magíster en la materia y entre un extenso currículum también es la coordinadora de la maestría en literatura para niños de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

—La lectura de textos académicos es una de las dificultades que mencionan los estudiantes. ¿Por qué ocurre este problema?

—Recuerdo una sentencia muy pestalozziana citada por el doctor (Ovide) Menin: "Cabeza, culo y corazón", fundamentales frente a un texto académico, que podría traducirse en: "traste en silla" o tiempo de lectura reflexiva y —esencial— pasión en ese intercambio con el texto. De los tres, el que más dificultades acarrea es el segundo, ya que no hay hábito ni disciplina lectora. La falta de interés o de fijación durante el proceso, distrae, por eso se buscan textos breves, creyendo que una sola leída es suficiente. Esto apunta a las competencias desarrolladas —en la escuela, en el medio— y a ciertos tabúes que giran en torno a los textos académicos. En el nivel superior, es frecuente que el profesor "dicte" su materia dando por supuestas esas competencias, luego ofrece el programa y la bibliografía y de ahí en más una seguidilla de exámenes. La cuestión social ha diezmado las aulas y hay que verse en figurillas intentando conciliar la cursada con el estudio y la contención socioafectiva, un escenario que se intensifica en la Universidad. Pero del ramillete tan heterogéneo de relaciones, la más difícil es la lectura de textos académicos, que se convierten en inaccesibles y generan múltiples frustraciones, por falta de una lectura crítica y reflexiva.

—¿Cómo y de qué manera es posible superar esta dificultad?

—Sugiero caminos alternativos que deberían comenzar en la escuela primaria, pasando por todos los ciclos y niveles. Intentar una articulación y decidir una respuesta institucional que involucre a toda la comunidad educativa. Al respecto hay muchas estrategias posibles, que van desde los talleres de lectura y de escritura, hasta las mesas redondas, los paneles de discusión, improvisaciones, entrevistas, etcétera. Si hay una motivación por investigar un tema, con las sugerencias pertinentes —bibliografía, sitios posibles donde conseguirla, etcétera— y se acompaña el proceso, seguramente rendirá sus frutos, porque comprobará el feliz hallazgo de las respuestas que buscaba, sin caer en una mera repetición de citas y de autores para cumplir con otros.

—Sobre este mismo aspecto algunos opinan que faltan en los jóvenes "hábitos de estudio". ¿Qué opina?

—Puede ser. Creo que con todas las modas padecidas se nos ha olvidado —por temor a ser conductistas— el proceso de fijación, es decir cómo se relaciona y asocia lo que dice el texto con lo que cada uno aporta para la interacción. De igual modo, se ha perdido la maravilla de leer en voz alta, o de "decir de memoria" una poesía, me refiero a una memorización pensada y no dicha sin sentido. Exponer o improvisar sobre un tema, generar espacios de discusión en los que prevalezca lo argumental, intentar discernir la intencionalidad de un autor que se escabulle entre líneas, ver una película y generar un debate, herramientas propias de congresos para desarrollar convenciones (la escritura de un abstract, una ponencia, hasta la exposición y debate, con el tiempo pautado exprofeso, por ejemplos), son alternativas posibles.

—¿Qué le sugeriría en materia de lectura en general a un joven que empieza una carrera universitaria?

—Sin duda que me inclinaría por sugerirle un acercamiento a la literatura y, dependiendo de sus gustos, le sugeriría desde un policial (Poe) o una de intriga (Van Bredam) hasta lo fantástico ("Percy Jakson y el ladrón del rayo"), pasando por lecturas emblemáticas como "Los sapos de la memoria", de Graciela Bialet o Cornelia Funke en "Noches de tinta" o lo invitaría a ver juntos Oliver Twist, para luego discutirla.

Comentarios