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Sábado 05 de Septiembre de 2009

Miradas de una maestra de EEUU por aulas rosarinas

"Quién escuchó hablar de New York?", preguntó en perfecto español una maestra norteamericana a un grupo de chicos de una escuela de la zona oeste de Rosario. Nadie se movió. Enseguida corrigió la pronunciación: "¿Y Nueva Yor?". Todos levantaron la mano.

"Quién escuchó hablar de New York?", preguntó en perfecto español una maestra norteamericana a un grupo de chicos de una escuela de la zona oeste de Rosario. Nadie se movió. Enseguida corrigió la pronunciación: "¿Y Nueva Yor?". Todos levantaron la mano. La anécdota es parte de una visita compartida entre maestras de la Escuela Nº 1.358 Macacha Güemes y Laura Daigen, tal como se llama la docente.

Por un intercambio estudiantil, Laura cursó en Rosario los últimos años de su secundario (en la Dante Alighieri), en la década del 70. Volvió a su país, viajó por Europa, estudió sociología y pedagogía, trabajó en escuelas primarias, secundarias, en la Universidad y ahora está dedicada a la capacitación docente. Pero siempre quiere volver a Rosario.

Vive en Nueva York, igual conoce y se interesa por lo que pasa en la Argentina y en Latinoamérica. No sólo por haber vivido aquí sino porque enseña en una escuela que recibe en su mayoría a chicos dominicanos, donde casi ninguno habla el inglés. Su mayor preocupación "es la verdadera integración multicultural de estos niños", dice.

"Quiero conocer una escuela por dentro, charlar con las maestras, compartir inquietudes", pidió entusiasta, y la visita no tardó en organizarse. En la escuelita, enclavada en el Fonavi de Cerrito al 5500, la esperaban Bibiana Martí y Mara Marchiol, vicedirectoras.

Laura llegó a la escuela una mañana muy fría de agosto. Lo hizo con dos libros de literatura infantil de regalo. "Para la biblioteca", ofreció, y ya no hizo falta que se presentaran, las ganas de saberlo todo se extendió por más de dos horas de charla.

El mismo código

Más que el español, hablar en el mismo "código docente" les permitió descubrir que de una u otra manera compartían las mismas preocupaciones: "Que los chicos lean más", "hay problemas para expresarse", "cómo capacitarnos mejor", "nos faltan recursos", "las condiciones laborales", "las diferentes expresiones de la violencia en la escuela" y "los padres", entre otros de una larga lista de temas bien conocidos de la agenda del magisterio.

La diferencia sustancial surgió en la disponibilidad de recursos para el trabajo y para resolver problemas diarios. La minúscula estufa eléctrica colgada en el salón y la falta de profesionales de la salud para atender las necesidades de la infancia resultaron una síntesis inmediata sobre de qué diferencias hablaban.

La visita se extendió por los salones, donde los chicos preguntaron de todo: "¿Es lindo viajar en avión? ¿conocés algún famoso? ¿Nueva Yor queda en Miami? ¿allá los chicos aprenden lo mismo que nosotros?". Camino al comedor escolar, no faltó algún que otro niño que se colgara de las maestras para estamparles un beso. Toda una gratificación a los ojos de la educadora estadounidense.

Ya de vuelta a su país, Laura escribió en un correo: "Ya estoy preparando para recomenzar las clases ahora en septiembre. Creo que enfrento la apertura de este año escolar con un renovado sentido de propósito, motivado por los maestros cuyos salones visitamos en Rosario. Su determinación y creatividad, y sobre todo su compromiso me inspiran, y me fortalecen en mi trabajo. Me siento orgullosa de ser docente. Las vicedirectoras Bibiana y Mara fueron apasionadas con su oficio, y cariñosas con los alumnos, brindando un afecto que los chicos reflejaban con cada abrazo que les daban en los pasillos y los salones. Las mismas trabajadoras del comedor realizaban su trabajo con plena conciencia de la diferencia que hacían en las vidas de los pibes’ del barrio. Les mando mis saludos solidarios a todos y a todas".

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