Mauricio Macri
Sábado 16 de Julio de 2016

Militares en la calle: otra vez no

En foco. En los festejos por el bicentenario de la Independencia volvieron los desfiles militares después de muchos años. Además de lo polémico de esa decisión política del gobierno, un ex militar golpista y tristemente célebre "carapintada" como Aldo Rico desfiló con un grupo de ex combatientes de Malvinas.

Como si la Argentina no tuviese tantos problemas para solucionar, principalmente en el área socioeconómica, la celebración del bicentenario de la declaración de la Independencia disparó un nuevo foco de tensión cuando un ex militar golpista participó de un desfile militar.

No fue casualidad que Aldo Rico, un personaje más cerca del sainete que de la vida política o castrense, haya tenido la osadía de mostrarse en público como héroe de Malvinas pero queriendo minimizar que encabezó dos alzamientos contra un gobierno democrático. Tampoco fue azaroso que a pocas horas de haber asumido la presidencia, Mauricio Macri haya tenido que soportar la presión de un editorial publicado en un diario porteño que hacía una reivindicación del terrorismo de Estado de la última dictadura militar.

La confusión de los sectores más reaccionarios de la Argentina reside todavía hoy en asociar a gobiernos conservadores, electos democráticamente, con políticas facciosas y autoritarias. El Pro es una formación política que, más allá de la coincidencia o el rechazo ideológico que genere, nació en democracia y su acceso al poder fue absolutamente transparente. Pero su todavía poca experiencia política, como por ejemplo no haber podido impedir que un ex carapintada marche por las calles como un héroe nacional, ha conducido a sectores que nunca terminan de fenecer a interpretar que están de regreso y con vigor en el escenario nacional. Lo peor de la ultraderecha argentina es que tal vez piense, erróneamente, que ha llegado la hora de reivindicar o reanalizar períodos históricos que todos los gobiernos democráticos desde 1983 han acabadamente definido como terrorismo de Estado.

Para dar ejemplos internacionales, a nadie se le hubiera ocurrido pensar que el partido conservador que llevó a Angela Merkel al gobierno alemán hubiese permitido una reinterpretación de la dictadura nacionalsocialista ni tolerado pasivamente el surgimiento de grupos de ultraderecha. Por el contrario, la democracia alemana, bajo cualquier signo político, ha reforzado sus valores de libertad y se ha convertido en el país que más refugiados de la guerra civil Siria ha acogido en sus fronteras.

Prepotencia. "No le tengo que pedir permiso a nadie. A mi compañía la invité yo y pienso volver el año que viene", dijo un envalentonado Rico para explicar su presencia en el desfile. De inmediato aclaró que el vehículo militar con el que marchó era un auto particular de un coleccionista y no pertenecía al Ejército, lo mismo que su uniforme. "No me disfracé, la ropa es mía y la tengo hace años. Soy un ciudadano libre y nadie me puede impedir nada. El único que me manda es mi señora", agregó para no dejar dudas de que sólo en la Argentina personajes como Rico pueden existir.

Estas confesiones dieron la sensación que cualquier persona con un auto pintado con los colores de las Fuerzas Armadas y vestimenta castrense, original o copia, se podría haber sumado sin más trámite al desfile. Era sólo cuestión de voluntad.

Para tomar otros ejemplos internacionales y remarcar la ingenuidad de gobierno, no parecería posible que el presidente francés François Hollande no controlara quiénes participan en los desfiles militares por el Día Nacional de Francia, el 17 de julio, sobre la avenida de los Champs-Elysées para festejar la Toma de la Bastilla y el inicio de la Revolución Francesa. O que al presidente ruso Vladimir Putin se le mezclen personajes inefables durante los desfiles militares que cada año, el 9 de mayo, se celebran en la monumental Plaza Roja de Moscú en festejo por la victoria soviética en la Segunda Guerra Mundial.

"Nadie invitó a Rico. No nos gustó que esté porque fue alguien que se levantó contra la democracia y contra Alfonsín y preferiría que no venga el año que viene", atinó a explicar el ministro de Defensa Julio Martínez quien, como se ve, no controla ni a su propia tropa.

Ex combatientes. Tanto por haber transformado al Estado en terrorista como por haber embarcado al país en la guerra de Malvinas, la generación castrense de los 70 y 80 todavía está rindiendo cuentas en la Justicia. Los procesos por crímenes de lesa humanidad permanecen abiertos, aunque no se ha avanzado en la responsabilidad de la jerarquía militar en cuanto a la desastrosa conducción de la guerra (el informe Rattenbach es elocuente) y al maltrato y castigo sufrido por los soldados. Por eso, grupos de ex combatientes reunidos en la Mesa de Coincidencias de Malvinas (que integra la Asociación de Veteranos de Guerra de Rosario), se negaron a desfilar en el Bicentenario. Y lo explicaron así: "A 34 años de la guerra, aún esperamos un proceso donde las Fuerzas Armadas realicen la autocrítica necesaria por los hechos aberrantes cometidos contra la integridad de los soldados conscriptos. Nos convocaron a desfilar a todos juntos, con los que torturaron, estaquearon, humillaron a los soldados en la guerra por su condición de judío, por ser de pueblos originarios o simplemente por el color de su piel; nos convocaron junto a los responsables de la muerte por hambre, a los que huyeron del frente de combate".

Replanteo. Los militares volvieron a las calles después de años aunque a muchos, como Rico, nadie los haya invitado. Nada tiene de malo que ex combatientes, que participan en los actos de distintas fechas patrias, reciban la calidez y el reconocimiento de la gente, pero otra cosa es preguntarse qué sentido tiene en la Argentina organizar un desfile institucional de las Fuerzas Armadas. La historia de las últimas décadas está aún muy fresca y los militares en la calle no son políticamente la herramienta más adecuada para cerrar heridas que aún ni siquiera han culminado en los estrados judiciales.

No hay duda que la actual conducción castrense nada tiene que ver con el oprobio de su antecesores de la última dictadura y las tareas que realizan las Fuerzas Armadas en misiones de paz internacionales o asistencia interior ante catástrofes son valoradas. Incluso, un oficial de alto rango con destino internacional comentó no hace mucho que todavía entre la oficialidad actual no se logra comprender cabalmente cómo fue posible que oficiales de las tres fuerzas hayan sido convocados y participaron en los "grupos de tareas" para secuestrar personas, muchas tirarlas vivas al mar y, además, robarles a las víctimas sus bienes mediante el saqueo de sus viviendas. "Nosotros no vamos a responder por esos crímenes, de los cuales nada tenemos que ver. Resulta increíble que alguien haya podido organizar tamaña locura", confesó el militar pidiendo reserva de su identidad.

La duda que persiste en todos los ambientes políticos es si el pensamiento anterior es el que prevalece dentro de los cuarteles y si la lección de la historia se ha aprendido de una vez por todas en la Argentina. Si así fuese, ¿por qué no iniciar una profunda transformación de las Fuerzas Armadas? ¿Qué sentido tiene mantener una estructura enorme que, casi sin presupuesto para modernizarse, no podría hacer frente a ninguna hipótesis de conflicto, que por otra parte no existe?

Las tres ramas de las Fuerzas Armadas concentran recursos presupuestarios e inmobiliarios que podrían emplearse en la efectiva custodia de las fronteras terrestres y de los mares, por donde el narcotráfico resulta imparable, el contrabando no se detiene y la pesca ilegal es profusa. ¿Porque no integrarlas con Gendarmería y Prefectura Naval a las que, además de custodiar los límites nacionales, se las emplea para seguridad interna? Estas fuerzas, por la multiplicidad de sus tareas, sólo terminan de cumplir parcialmente con sus objetivos.

Tal vez unas Fuerzas Armadas acotadas, bien provistas y pagas y dedicadas a tareas de control fronterizo liberaría recursos para que, por ejemplo, Gendarmería disponga de efectivos para custodiar los barrios más violentos de Rosario donde ha demostrado que su presencia resultó disuasiva.

Las Fuerzas Armadas, y especialmente la camada de Aldo Rico, no deberían volver a las calles ni tampoco permanecer ociosas en los cuarteles. La Argentina se debe un amplio debate sobre qué rol tendrían que cumplir en una sociedad democrática que ya no tolera prepotencias del pasado.

Comentarios