Escenario
Sábado 02 de Julio de 2016

Miguel Angel Solá: "Quien quiera ver desnudos, aunque estemos vestidos los va a ver"

Se trata de "El diario de Adán y Eva", la obra de Mark Twain en versión escrita por Solá y Manuel González Gil, que se presenta hoy a las 21 en el Auditorio Fundación Astengo (Mitre 754).

"Te aviso que vamos a tener una «polizona» de dos años y medio que va a estar acá al lado mío durante toda la entrevista", advierte Miguel Angel Solá al comienzo de la entrevista. Se refiere a su hija Adriana, claro, fruto de su relación con Paula Cancio, con quien además de compartir una familia comparte escenario en "El diario de Adán y Eva", la obra de Mark Twain en versión escrita por Solá y Manuel González Gil, que se presenta hoy a las 21 en el Auditorio Fundación Astengo (Mitre 754).

Lejos del piloto automático, Solá habla pausado, degusta cada palabra que dice. Parece haber aprendido aquella máxima que reza que "la sabiduría es callar y observar, callar para escuchar". Y cada reflexión que va a emitir durante los próximos 35 minutos de entrevista, se va a alejar del maquiavélico Klaus Miller, el villano que encarna en "La Leona" por Telefe.

En "El diario de Adán y Eva" no se lo ve desnudo como en "Equus", la pieza que causó furor por su osadía en 1976 y por cuya labor fue elegido por una prestigiosa revista norteamericana como el mejor trabajo actoral joven junto al de Anthony Hopkins. En esta obra, promete el actor, "hay una desnudez del alma, de los sentimientos, del corazón. Quien quiera ver desnudos, aunque estemos vestidos los va a ver", asegura.

En una entrevista exclusiva con Escenario, el actor cuenta la trama de esta obra de amor que cautiva en el mundo y asegura que "el teatro es una exaltación de la vida". Confiesa que "a la gente le encanta Miller, aunque no sé qué tiene de encantador". Además, Solá habla de Tinelli, Dani "La Muerte" y hasta de Messi. Y expone su preocupación con la actual coyuntura política y social: "El aspecto más deplorable es la clase dirigencial, es el ejemplo de lo que no hay que ser. En lugar de hacer un país, se lo ha deshecho".

Con ustedes, Miguel Angel Solá. El villano de la pantalla, el encantador del escenario.

—¿Cuál es el gran atractivo de "El diario de Adán y Eva" para que se convierta en un éxito tanto en Argentina como en España?

—Es una historia de amor a través del tiempo. Si ya viste otras versiones, esta te va a sorprender porque no tiene nada que ver. Hace 20 años la hicimos en Rosario. Y después, China Zorrilla y Carlos Perciavale hicieron otra versión distinta. La obra cuenta la historia de amor y agradecimiento entre una directora de radio, escritora y actriz, y un actor uruguayo. Todo sucede en dos estudios de radio y un espacio indefinido en el que ellos no estuvieron juntos. Es una obra con tinte femenino hasta en lo masculino, porque está dedicada a la inteligencia, la sensibilidad y la capacidad de una mujer de generar un espacio inédito en la radio con las grandes plumas del mundo. Y cómo esta mujer va formando a su compañero del trabajo. Habla del amor incondicional a través del tiempo por más que estén juntos o separados, eso no cambia. Habla del respeto, de la inocencia, de cómo se puede envejecer dignamente en una sociedad que muchas veces se comporta de una manera muy indigna. Habla de los secretos, de la ayuda mutua y de tirar para adelante con creencias y formas de ver la vida que hoy no están en boga...

—Qué bueno entonces que lo expongan en el escenario...

—Con Manuel siempre hemos creído que esta forma de hacer teatro es útil para los demás. Es una manera de llevar la conciencia a las cosas esenciales que nos hacen ser humanos y las formas de compartir la sensibilidad que si se pierde, se va muy lejos de la coloratura que nosotros podemos provocar entre nosotros. Vivimos en una sociedad que tiende a lo tenebroso, a la maldad. Nos preguntábamos qué espacio ocupa el teatro. Y es muy limitado. Porque todo el espacio está dedicado a gente como Dani La Muerte o como Chano. Es todo por la bestialidad de los esquemas de vida. Nada tiene que ver con la exaltación de la vida. Y el teatro es una exaltación de la vida, hables de lo que hables. Porque para poder comprender la vida, hay que exponerla. Y para eso están la filosofía, el teatro, la danza, la música. Solamente desde ahí es posible la contemplación de la naturaleza. Estamos acabando con todo y somos los únicos que podemos cambiar lo que es de lo que podría ser. Manuel y yo nos pusimos a insistir en hacer teatro y contar una historia que hable de la verdad humana, no de la realidad, que sólo es una parte. Parece ser que esto no tiene espacio. Es muy difícil difundir este tipo de teatro que no es de culo y teta, ni de palabras altisonantes.

—En esta no hacés desnudos como en "Equus"...

—Eso fue hace 40 años. En esta obra hay desnudez del alma, de los sentimientos, del corazón... Quien quiera ver desnudos, aunque estemos vestidos, los van a ver. Aquí no es necesario sacarse la ropa, sino las capas de cebolla para estar unidos en un hilo emocional. La obra "El diario de Adán y Eva" no es ni comedia ni drama, es una emoción constante que ata la risa al llanto, a la risa y a la comprensión.

—Es la antítesis de Klaus Miller, ¿cómo es componer a este escocés maquiavélico en "La Leona", comparado con el personaje amoroso que interpretás en el teatro?

—El que interpreto en el teatro es un ser normal, en cambio Klaus Miller es anormal. Pero la normalidad ahora se toma como excepción, pronto será declarada enfermedad. Entonces lo que prima es la atención sobre lo anormal.

—¿Y cómo describís a tu personaje en esta obra?

—El personaje de esta obra no tiene el aliciente de morbo. No es escatológico y no quiere hacer daño a nadie. El personaje que hago en el escenario admite haber vivido la vida con belleza. No necesitó tener empresas, ni coches. Es un personaje para que la gente que no tiene eso se sienta reflejado. Esas personas que se levantan a las 7 de la mañana para salvar vidas, personas que estudiaron toda la vida para mejorar la sociedad y se encuentran con un mundo que los rechaza, los posterga. Esta obra es un agradecimiento a ese tipo de gente.

—Es la segunda vez que realizás esta obra, la versión anterior la hiciste con tu ex esposa (la actriz española Blanca Oteyza). ¿Cómo es trabajar esta vez con tu mujer actual y compartir la cotidianidad y el escenario?

—Hay que tener talento. Ella está llena de fuerza y juventud. Además de preciosa es inteligente, tiene estudio, capacidad, sueños e ilusiones. Además, cría a una hija y se levanta a cualquier hora para cubrir las necesidades de esta niñita que es brava.

—¿Se notan los 34 años de diferencia de edad entre ustedes?

—Sí, por supuesto que se nota. Me encantaría tener 30 años menos para disfrutarla 30 años más. Pero no hay que disgregar la fuerza.

—¿Encontrás algún punto de contacto entre algo tan popular como las novelas con la mitología griega signada por los dioses violentos e historias de incestos? ¿O es más una realidad?

—Sí, le veo punto de contacto con la realidad que nos muestra Tinelli, que las únicas marcas que pueden dejar son dolor, escatología y desprecio a la condición femenina. Esa realidad, desde el golpe que le hizo Onganía a Illia hasta hoy, es una realidad que se repite. Pueden cambiar los signos políticos, pero esa cosa de realidad virtual de estar centrado en el deseo, no de ser sino de tener lo que otros te indican lo que tenés que tener para ser persona, cuando eso es precisamente lo que te convierte en no persona, eso sí se ve en "La Leona". Pero esto es algo que se viene gestando desde hace muchísimo, no desde junio de 2016. Hemos dejado de ser una sociedad en conjunto, y el aspecto más deplorable es la clase dirigencial, que es el ejemplo de lo que no hay que ser. Ha habido un chicaneo como si fuésemos dos tribus distintas. En lugar de hacer un país, se lo ha deshecho. El problema como sociedad somos nosotros y somos los que elegimos o permitimos que ellos no cumplan con su tarea.

—No somos una sociedad exigente...

—¡No! ¡Le exigimos a Messi que nos haga campeones! La cuestión es ganar como sea. Al minuto 95 y con la mano. Se festeja a ver quién hace mejor la trampa. No basta con que Messi sea un gran jugador de fútbol. Es un juego, y nosotros endiosamos un juego al que no se puede ir a ver si sos de la hinchada rival. ¿Qué juego es ese? El fútbol es un negociado, es una vulgaridad espantosa.

—Cuando ves todo esto, ¿te dan ganas de quedarte o de volver a España y que tu hija crezca allá?

—No puedo decidir por mi hija o por Paula. Lo que sé es que en esa sociedad saben convivir aunque se peleen todos los días. Acá se perdió el sentido de convivencia. Se ha perdido la educación, el respeto. Hay maltrato y avasallamiento, todo se rige por el poder del dinero. Argentina era un lugar de estudio, donde se podía hacer la vida. Pero ahora lo que están haciendo es deshacerla. Y da mucha tristeza. Entonces no sé qué hacer. Y no soy turista, voy donde está el trabajo. Yo no tengo propiedades, trabajo. Si me quedo acá, así será, aunque esté indignado con las cosas que pasan. A los 30 te das cuenta que la vida no tiene nada que ver con lo que pensaste a los 18 y por eso hay que tener mucho valor para no abandonar los sueños y seguir aferrado a creer que la voluntad de un pueblo puede torcerse de una manera que pueda evitar esto. La gente sigue ejerciendo el "sálvese quien pueda". La gente que está comprometida con la verdad sufre mucho.

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