Barack Obama
Domingo 27 de Noviembre de 2016

Miami fue toda una fiesta al grito de "¡viva Cuba Libre!"

En la Pequeña Habana, el corazón del exilio cubano en EEUU, la gente salió a las calles a vivar la muerte del "anciano dictador".

La Pequeña Habana, el barrio cubano de Miami en el que vive gran cantidad de inmigrantes cubanos exiliados de la revolución castrista, celebró ayer la muerte de Fidel Castro con banderas cubanas y gritos a favor de la libertad y de la democracia en Cuba. Decenas de exiliados cubanos se concentraron ayer en el café Versailles para celebrar una noticia que llevaban esperando más de medio siglo: la muerte de Fidel. Muchos estaban roncos de gritar, bailar y celebrar toda la noche la muerte del líder histórico de la revolución cubana.

"Democracia en Cuba", rezaba el cartel en la puerta del Versailles, el restaurante cubano más famoso de Miami y que muchos consideran la casa del exilio cubano. No eran muchos pero eran muy ruidosos. "Libertad, libertad", "Viva Cuba libre"y "Olé, olé, olé, se fue, se fue, se fue", eran algunas de las consignas que coreaban mientras ondeaban banderas cubanas cada vez que un auto tocaba la bocina y pasaba por delante del Versailles.

La noticia de la muerte de Fidel corrió como la pólvora en la Pequeña Habana, la capital del exilio cubano. Algunos al principio no acabaron de creérselo cuando un familiar o un amigo les dio la noticia del fallecimiento en una ciudad en la que cada cierto tiempo sobrevolaban los rumores de la muerte de Castro. Pero cuando vieron aparecer al presidente Raúl Castro anunciando la muerte de su hermano, se dieron cuenta que ésta vez era cierto. "Estoy aquí por la celebración de la muerte de Fidel Castro. Fue un dictador muy fuerte. Es una alegría. Son muchos años esperando esto. A todos les llega el día. Y ya llegó el de él", dijo Richard Sixto, mientras ondeaba una bandera cubana y exhibía un cartel de Donald Trump.

Silvia Napoles, una cubana que llegó a Estados Unidos en el 61, aplaudía mientras veía pasar los autos por la famosa Calle Ocho. "Siento una alegría muy grande. Yo soy cristiana, pero no me alegro por la muerte de un ser humano, me alegro por la muerte de un diablo. Este hombre era el diablo", cuenta Napoles. "Voy a celebrar con champán, que lo tengo enfriando", confesó.

A poca distancia de ella, Roberto Vieites hacía sonar una corneta, de esas que suele llevar la gente en los partidos de fútbol para animar a su equipo. En una bolsa lleva una pandereta, más cornetas y un chequeré cubano para hacer "toda la bulla" que pueda y celebrar así la muerte de Fidel Castro. "Me enteré a las dos de la mañana. Me llamó un amigo", cuenta Vieites, quien dijo que nada más saber de la noticia saltó de alegría y se fue al café Versailles a celebrarlo. "Che, Fidel, Raúl. Falta uno", rezaba la pancarta que exhibía el cubano Henry Marinello, que vive en Miami desde hace 55 años. Las palabras Che y Fidel están tachadas. "Solo falta Raúl. Cuando muera Raúl, vendré a festejar más porque los tres asesinos ya estarán muertos", explica Marinello.

Muere Fidel Castro en Cuba y en enero Donald Trump llega a la Casa Blanca. Aunque todavía es pronto para saber cómo evolucionarán las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, en la Pequeña Habana esperan que esto se traduzca en una mayor libertad en la isla. Muchos en la Calle Ocho dudan de que Trump vaya a dar marcha atrás a muchas de las políticas de apertura a Cuba que inició el presidente Barack Obama. Por ejemplo,no creen que cierre la embajada en La Habana ni prohíba los viajes de los cubanos a la isla.

Trump cambió varias veces de opinión sobre su política hacia la isla: primero dijo que apoyaba la política de distensión de Barack Obama, después que la apoyaba pero que había que conseguir un acuerdo mejor y después en Miami, antes de las elecciones, dijo que repudiaba la política de Obama y que daría marcha atrás a esta política en cuanto llegara a la Casa Blanca. "No creo mucho en los cambios de este lado. Pero del lado de allá se abren más las esperanzas. Fidel era un icono que todos respetaban. Al morir, la gente se va a soltar mucho, van a perder el miedo", dice Noe «Tattoo», un tatuador cubano que llegó hace cinco años a EEUU.

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