Policiales
Domingo 14 de Agosto de 2016

"Mi familia y yo somos tan víctimas como la familia de Pichón Escobar"

Cristian Vivas estuvo preso un año, acusado de ser el homicida del joven que hace un año apareció en el río tras salir de un boliche. Lo sobreseyeron.

De un día para el otro y después de 11 años en los que asegura no haber tenido mayores problemas por trabajar como portero, custodio y vigilante en las oscuridades de la noche, Cristian Vivas quedó preso por el tremendo asesinato de Gerardo "Pichón" Escobar. Desde ese mismo momento y por todos los medios que pudo sostuvo que no mató al joven empleado municipal de 23 años cuando salió de un boliche céntrico la madrugada del 14 de agosto de agosto de 2015; y que la acción que registró una cámara de videovigilancia fueron sus movimientos "para dispersarlo, para que se vaya de la zona del bar por estar molestando en la calle". Vivas no niega haber golpeado a Pichón, pero afirma que esos golpes que le propinó no pudieron causarle la muerte. Y se ampara en que, según otros testigos lo corroboran en el expediente, el joven que una semana después de ese hecho aparecería muerto en el río Paraná, fue visto minutos después de ese incidente caminando solo a una cuadra del lugar.

Vivas pasó un año preso como el principal responsable del homicidio de Gerardo Escobar. Pero el jueves pasado el juez federal Marcelo Bailaque, quien investigaba la causa como desaparición forzada de persona, dispuso que tanto el patovica como los otros cuatro imputados (dos custodios y dos policías) fueran sobreseídos porque las pruebas existentes en el expediente no los vinculan al caso.

En ese marco es que Vivas necesita hablar y lo hace. En la redacción de La Capital, junto a su esposa y sus abogados, dice que así como "la familia Escobar es víctima de un crimen impune", él y su familia también lo son porque estuvo "un año preso injustamente". "Había otras líneas para encarar la investigación y no les dieron bolilla, como lo del colectivero (del 103 que dijo haberlo llevado hasta 27 de Febrero y Paraguay)", dice el hombre libre.

Periplos. Pichón terminó su salida con amigos de la noche del jueves 13 de agosto de 2015 en La Tienda, el bar de Tucumán al 1100 donde Vivas trabajaba como patovica. Lo último que se comprobó sobre la semana en la que Pichón estuvo desaparecido fue que, entrada la madrugada del día 14, al salir del boliche, fue golpeado por Vivas entre autos estacionados a una cuadra del local.

"Yo conocía a Toni, que esa noche llegó con Escobar, al que vi medio pasado de copas", sostuvo Vivas. "Le pedí el DNI, pero el amigo me dijo que lo dejara pasar. Cuando se fue surgió el problema con el auto de la encargada, que estaba parado en la esquina. Lo fui a disuadir, le dije «salí de acá, dejá de hacer quilombo», y se fue por Sarmiento hacia Catamarca", resumió el hombre sobre el incidente cuya violencia relativiza. "Volví al bar y cuando salió Toni le dije que su amigo había hecho un problema y que lo fuera a buscar porque estaba a la vuelta. Me dijo que Escobar siempre hacía lo mismo cuando tomaba demás", agrega sobre lo que jamás le pareció que se convertiría en "mi pesadilla".

La noche del viernes 15 de agosto Vivas trabajó "como siempre" y el sábado a la tarde estaba detenido en la comisaría 18ª. "Habían ido a casa con la foto de Escobar. Me pidieron que fuera a declarar como testigo. Fui, no tenía nada que ocultar, ni se me ocurrió llamar a un abogado. Me dijeron que el celular del pibe lo ubicaba cerca de mi casa y les dije que allanaran. No encontraron nada, pero me dejaron adentro. Pregunté por qué y me dijeron «por privación ilegítima de la libertad»", cuenta de "la primera vez" que estuvo preso.

Vivas salió al día siguiente y volvió a declarar como testigo en Fiscalía. Pero cuando apareció el cuerpo de Pichón lo fueron a buscar a la casa. "Me había ido, no estaba bien la situación. Pero no me estaba escondiendo", afirma. Y su esposa Cristina acota: "Podrían haberlo llamado por teléfono para que se presente en vez de darnos vuelta la casa".

Adentro. El relato de Vivas pasa tras las rejas. "Buzones", "casitas de palomas". Las cosas que se decían adentro y afuera del penal. "Que el pibe robaba y entonces yo era un matachoros. Para colmo la sobrina de él subió a Facebook una foto mía con mi hija diciendo que yo era el asesino". Antes de que le "prendieran fuego" lo llevaron a la cárcel de Piñero, donde estuvo "en un buzón tres días sin comer ni tomar nada".

Se ve en sus ojos el terror con que recuerda sus siguientes cuatro meses en esa cárcel a pesar de su robustez que, admite, ni se le ocurrió poner en consideración de sus vecinos de pabellón. "No tenía la menor idea de qué hacía en ese lugar. Me sugerían decir que era choro y no explicara por qué estaba ahí. «Pero soy inocente, no hice nada», les decía, y me contestaban «no digas eso porque te van a matar». Después me empezaron a tirar bombitas de fuego y lanzas adentro de mi celda, me robaron todo".

Un día se desesperó y llamó a una radio desde un teléfono público del penal para decir su versión. "En plena nota cortaron la comunicación desde la cárcel", afirma. Y asegura que desde ese momento la pasó peor con el personal penitenciario que lo reprendió y le puso a sus compañeros en contra. "No era sólo el miedo a lo que me pudiera pasar. Era todo lo que ocurría ahí: pibes tajeándose, tragándose clavos, uno se cortó un dedo para que lo trasladen".

Como una bendición narra su paso al penal de la seccional 26ª de Villa Gobernador Gálvez. Cuatro o cinco presos: el hijo de un policía, un taxista acusado de un crimen, gente con la que "se podía convivir". Y le permitieron trabajar cosiendo calzados para ayudar a Cristina, que estaba sola con sus tres nenas.

Afuera. Cristina tiene 35 años, dos menos que Cristian, y tres hijas de 15, 9 y un año. Jamás pensó, "luego de dos décadas con él", que atravesaría un año como el que acaba de transitar. Recuerda al detalle que iban a ir a comprar un regalo para el Día del Niño cuando terminó preso. Semanas después se fue a la casa de un familiar. Su hija más grande dejó la escuela al aparecer en redes sociales una foto con su papá, presentado como "el asesino de Pichón".

"La entiendo, sé lo mal que se siente porque yo también era la mujer del asesino. Y hay que aguantar que todos te miren así. Uno no puede discutir con cada persona que se le cruce y decirle cómo son las cosas. Pero yo soy grande y no me quedaba otra que ser fuerte. Para mis hijas esto fue de terror", recuerda.

La nena que estaba en tercer grado también perdió el año. Era costoso para Cristina llevarla todos los días a la escuela y además tuvo que empezar a trabajar. Las cuatro volvieron a su casa de Francia y Ayolas un tiempo después de que alguien aprovechara la situación y la desvalijara. En el barrio encontró apoyo "porque la gente lo conoce a Cristian y sabe cómo es".

Salida. El periplo carcelario de Vivas terminó en el penal de Pérez. "Cuando todo pasó del tribunal provincial al (juzgado) federal me llevaron a otra cárcel. No quería saber nada pero estuve en un pabellón de la iglesia", dice. Y agradece "a Dios de verdad", como si lo hubiera conocido entre esas rejas donde estuvo "tranquilo" más allá de alguna internación por un pico de presión por el que sigue medicado.

"Fue una pesadilla de la que no sé cómo voy a salir", resume un día después de haber recuperado la libertad, ávido por poder contar su verdad y ver si alguien le cree. "Quiero restablecerme en esta sociedad que ya nos condenó. Mi conclusión es que mi familia y yo pasamos a ser víctimas de este caso igual que la familia Escobar. Ellos no saben qué pasó con el chico y yo estuve preso un año por algo que no hice".

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