Cristina
Domingo 19 de Junio de 2016

"Mi columna nació por casualidad, creo que se la debo a los Kirchner"

Carlos M. Reymundo Roberts es prosecretario general de redacción del diario La Nación. Egresado de la Escuela de Periodismo del Círculo de la Prensa, cursó un posgrado en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, España. Se volvió muy conocido con sus columnas de humor político "De no creer"

Es noche de martes y el Salón Pellegrini del Jockey Club no alcanza; se debe habilitar la sala contigua. Señal segura de que la figura invitada tiene mucha "convocatoria". Y es así nomás: se trata de Carlos Reymundo Roberts, el periodista del diario La Nación que se hizo famoso con sus columnas de humor político. Roberts ratificará en la conferencia tanto sus dotes de humorista como sus cualidades como analista "serio", conocedor del paño político. El público rosarino no ahorró gestos de reconocimiento y complicidad con este porteño de pura cepa, y apenas terminada la charla lo acosó un improvisado pero aguerrido club de fans, que las autoridades del Jockey no pudieron dispersar por un buen rato. Cosas de la fama.

Al visitante le tocó un día bravo para dar una charla humorística: justo el pasado martes, cuando el país no hablaba de otra cosa que de las andanzas del kirchnerista José López y sus bolsos de dólares lanzados a un convento bonaerense. Por esto, Roberts empezó atajándose: había preparado un texto antes de conocerse el insólito episodio y no iba a renunciar a él. Era un "informe" imaginario que le había preparado la canciller Susana Malcorra, "Susanita", como la bautizó por su similitud con el famoso personaje de Quino. Pero antes contó una anécdota que le pasó en Rosario. Invitado Macri por la Fundación Libertad y con todo el establishment a su disposición, el entonces candidato y luego presidente se despidió apenas pudo y se volvió a Buenos Aires. "Es que tengo muchas ganas de estar con Antonia", le explicó a Roberts, que estaba en el encuentro. "Entonces me dije: no tiene uña para guitarrero. Fue una gaffe mía. Pero ese error lo cometieron casi todos".

Ya en plan de narrar el reporte de Malcorra, Roberts explica: "Sabrán que propuse a la canciller como jefa de la misión de paz para terminar con la famosa grieta. Susanita aceptó mi propuesta y va a trabajar para cerrar la brecha en Argentina. Ya empezó una ronda de charlas informales y me hizo llegar un pormenorizado informe. Se reunió primero con Cristina. "Te soy sincera, mi encuentro fue desconcertante, no pude hablar, habló todo el tiempo ella". Roberts agrega una confidencia: cuando escribió hace un par de años que Cristina no dejaba hablar ni al Papa Francisco en sus audiencias en el Vaticano, la corresponsal en Roma, Elisabetta Piqué, le preguntó "de dónde lo sacaste. Es rigurosamente así. El Papa estaba asombrado". Era cierto nomás. "Simplemente la conozco bien a Cristina, no deja hablar a nadie". Fue un ejemplo de "la típica ironía que hago en la columna, pero sobre bases ciertas. Procuro que haya mucha ironía pero también mucha información". En este juego de ida y vuelta, Roberts repartirá palos para todos: "cobran" el Papa Francisco ("a Bergoglio le está dejando poco tiempo la Argentina para ser el Papa Francisco"), Malcorra, Macri y, claro, Cristina, su favorita. El reporte imaginario de Malcorra siguió con una entrevista con el Papa. "Nada le preocupa más que cerrar la grieta...me sugirió que no hable con Macri y elogió a Cristina, que hizo una donación a una parroquia en Islas Seychelles", relató el reporte imaginario. Roberts debió aquí recordar que había escrito el chascarrillo antes del caso López. "Es increíble, ninguna barbaridad que escriba sobre el kirchnerismo se va a pasar de largo". Francisco también le recomienda a Malcorra apoyarse en Bonafini: "Hebe está tan cambiada después de verme en Roma que aunque está tan feliz por la masacre de Orlando no ha dicho nada. ¡Es otra Hebe!". En cuanto al presidente Macri, le dirá a la canciller que "Hebe tiene un rol muy importante: morigerar al Papa". Pero la reunión con Bonafini fue la "más disparatada". "Vea, señora Malcurro o como se llame, la grieta es una bendición de Dios para el país". "Mi conclusión, Carlos, es que Hebe está pasando un momento difícil", le reporta Malcorra sobre la furibunda Bonafini. Pasan también por el "informe" Scioli y Carrió y no se salvan Máximo, Massa y el ministro de Energía Aranguren.

Roberts explotó en su conferencia la conocida actitud dialoguista de la rosarina canciller Malcorra, ese reflejo de querer siempre negociar y de empeñarse en ver buenas actitudes allí donde todo el mundo detecta todo lo contrario. Es el rasgo de "Susanita" que le da letra al periodista-humorista.

Así, con exabruptos calculados y apuntes de información política real, tal como hace en su columna "De no creer", Roberts fue desgranando su charla, muy celebrada por el público del Jockey Club, claramente afín al invitado, ideológicamente y por extracción social. Roberts concluyó, medio en broma y medio en serio: cerrar la grieta "no será fácil. Pasará una de estas tres cosas: o que uno de los bandos desaparezca, que uno de los bandos cambie mucho o que pase el tiempo. Mucho tiempo". Luego de la charla llegó el turno de las preguntas, que, sintómaticamente, fueron todas muy serias. Tal vez porque el episodio de José López había crispado aún más los ánimos, el público interpeló a Roberts en su carácter de prosecretario de redacción y no como columnista de humor político. En ese intercambio, el visitante contará que, hablando en serio, sobre la grieta no tiene confianza de que termine bien; que hoy se atraviesa "el peor momento del ajuste". Al gabinete de Macri lo elogió mucho: "Los conozco a casi todos. Es un gabinete muy honesto", resaltó. Sobre la reiterada pregunta de si Cristina "irá presa", comentó que "me resulta muy difícil creerlo después de que el Papa le dio su respaldo al juez Casanello, el que no quiere juzgar a Cristina". Cree que el caso de José López renueva sin embargo la presión social sobre la Justicia y redobla la demanda de avanzar sobre el robo a gran escala de fondos públicos.

Una vez terminada la charla, Roberts se vio abordado por un pelotón de admiradores que lo asedió a fuerza de selfies y pedidos de firma durante largos minutos. Al fin libre, conversó amablemente con este cronista.

Los rosarinos te hicieron preguntas muy serias.

—Sí, bueno, siempre que vengo a Rosario es así, siempre hay preguntas de mucho nivel. No me sorprendió para nada. El lector busca el humor, pero a la hora de preguntar la gente pregunta por las cosas de fondo, me parece lógico y el actual momento es complicado.

¿Cómo fue la "cocina" de tu columna? Vos venías haciendo una carrera periodística "normal" y de pronto surgió esto...

—Sí, la verdad, me encantaría decirte que un día me inspiré, pero no, fue una casualidad total y se lo debo al kirchnerismo. Porque ellos hacían cosas muy irónicas. Por ejemplo, para ellos lo peor en la historia argentina después de la dictadura había sido el menemismo. ¡Y terminaron hasta el último día aliados con Menem en el Senado y con el menemismo en La Rioja! Empecé así a escribir cosas irónicas, pero salteado. Un día me propusieron hacerlo todos los jueves y después pasé a los sábados, en página 2. Y de pronto me empezó a salir una veta de humor, porque la irónica ya la explotaba. Y se ve que funcionó. Y sinceramente yo no me conocía esa veta. Suelo ser bastante bromista socialmente pero no escribiendo. Cuando me dicen "No sabía que escribías así" contesto que yo tampoco.

Una comparación que se hace siempre es con Alejandro Borensztein, pero es un caso diferente.

—Sí, el es arquitecto, hijo de Tato Bores nada menos . Es muy buena su columna. Creo que tienen sutiles diferencias las dos. El apela más al humor directo y yo vuelco mucha información. Esa información está desfigurada, envuelta en la ficción, pero está, porque yo trabajo en la redacción. Hay un Roberts que trabaja en un diario que funciona en una frecuencia en la que trabajé siempre; después, cuando me pongo a escribir esta columna, aparece este personaje irónico que hace una lectura oblicua de la realidad que es muy distinta. Conviven los dos personajes: el periodista regular y el comunista irónico conviven perfectamente.

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