Corrupción
Sábado 02 de Julio de 2016

Messi y la nena descalza

En foco. El anuncio de la renuncia del mejor jugador del mundo a la selección nacional generó una movilización popular para impedirlo. Durante esos días, una maestra santafesina publicó en Facebook la foto de una niña sin calzado en una fría mañana de invierno. Los contrastes de una Argentina inexplicable.

Una foto y un breve texto en Facebook dejaron sin palabras ni explicaciones a quienes siempre han intentado dilucidar qué ha pasado en la Argentina durante las últimas décadas cuando el deterioro económico, social y moral se ha profundizado.

La docente Silvana Mana es la directora del jardín de infantes "Nuestra Señora de Los Sin Techo" en un barrio marginal de la ciudad de Santa Fe. Esta semana, en medio de la conmoción nacional que originó Leo Messi al anunciar que dejaría la selección, una nena de ocho años fue descalza a la escuela a buscar a su hermanita menor.

Seguramente dolida por la realidad que ve a diario, la maestra publicó en Facebook la foto de la nena sin zapatillas en un día invernal (que ilustra este comentario), con el siguiente texto: "Todo un pueblo dolorido por un jugador que abandona la selección. Creo que estos pies están más doloridos".

El Movimiento Los Sin Techo es una organización no gubernamental que trabaja desde hace varios años en la provincia para intentar disminuir las carencias de los sectores marginados a través de la construcción de modestas viviendas y jardines de infantes. En Santa Fe cuenta con la supervisión del Ministerio de Educación y tiene salas para niños de cuatro y cinco años en una decena de barrios pobres, donde concurren unos 280 chicos. La mayoría recibe allí las únicas comidas del día, desayuno y almuerzo. Los chicos regresan al día siguiente con carencias alimenticias y muchos con vestimenta no adecuada para los fríos días de invierno.

Cuando la docente le preguntó a la niña descalza si no tenía algún calzado para ponerse, la nena le explicó que el único par de zapatillas que tenía lo reservaba para la tarde, cuando iría a clases, porque si lo usaba a la mañana para ir a buscar a su hermana, en un día de lluvia, se le mojarían.

El caso de esta niña no es algo aislado. La docente, quien a través de las redes sociales hizo pública esta historia, comentó también que otros dos chicos no habían ido al jardín ese día porque los únicos pantalones que tenían estaban mojados por la lluvia que cayó el fin de semana pasado. "Viven al aire libre, sin gas, sin estufas, es una realidad muy dura y hay que afrontarla", comentó la maestra Silvana Mana.

"Convivimos todos los días con esto. Nenes descalzos, en mangas cortas o con una remerita es algo común, pero llega un momento en que uno tiene bronca acumulada y escribe algo para ver cómo reacciona la sociedad", dijo en diferentes entrevistas radiales. Pero respecto al caso particular de la movilización popular para que Messi siga en el equipo, fue contundente: "Todo muy bien, somos todos argentinos y estamos orgullosos de serlo, del seleccionado, de los muchachos que juegan al fútbol, pero también está la otra realidad, y esa realidad son los niños indefensos, que no cobran un sueldo, que tienen que salir a la calle a trabajar con sus padres para poder comer ese día. Esos chicos también son argentinos y llegan con las manos rojas del frío y se las calientan con la taza de mate cocido. Son niños indefensos, que sus padres no tienen para comprarles dos pares de zapatillas como tiene la mayoría de la gente", relató con crudeza.

¿Los culpables? La realidad de esta niña de ocho años que con baja temperatura camina descalza por la calle seguramente representa un cuadro común a lo largo y ancho del país y no es potestad de una provincia ni de un solo gobierno. Son décadas de marchas y contramarchas de la economía y de la política que han arruinado a un país con enormes recursos naturales y humanos. ¿Quiénes son los responsables? Probablemente el conjunto de la sociedad que por temor a involucrarse en la cosa pública ha permitido que los menos capaces, en todas las áreas de gobierno, lleguen a posiciones de decisión política. Si a esto se le suma el individualismo de la sociedad globalizada y la cuota, muy por encima de la media mundial, de la corrupción argentina el cuadro no podría ser peor. ¿Cuántas zapatillas, por sólo dar un mínimo ejemplo de situaciones repetidas en todas las épocas, se hubieran podido comprar con los 9 millones de dólares que un ex funcionario quiso esconder en un monasterio?

La imagen de la pequeña descalza es más propia de un país como Haití, uno de los más pobres del mundo y arrasado por terremotos, que de las ricas tierras de la Pampa Húmeda desde donde se exportan millones de dólares en cereales y oleaginosas. Es indigno, cualquiera sea la explicación que se quiera esgrimir, que en este país un nena no tenga calzado, como se ve permanentemente en los países del África subsahariana que, al menos, no tienen temperaturas tan bajas como las de nuestro invierno austral. Ya no se trata de analizar las variables de la inflación, de hacer cálculos sobre política macroeconómica o estudiar el comportamiento del tipo de cambio. Es simplemente la indignidad por la existencia de niños argentinos que el Estado —de todos los gobiernos y en todos los rincones del país— no puede llegar a asistir. Un Estado que no logra interrumpir la marginalidad más profunda, abyecta, de centenares de miles de familias como el caso de la niña en cuestión. Y no se está hablando de propiciar una mera política asistencialista, que ha demostrado que puede traer alivio inmediato, pero que a largo plazo no genera soluciones que reviertan un cuadro ya crónico en la Argentina. Se trata de hacer cambios profundos en el reparto de la renta y en la tributación que le otorguen al Estado recursos genuinos para iniciar políticas educativas y culturales tendientes a eliminar este cuadro de pauperización.

Desde la ciencia. La epistemóloga argentina Denise Najmanovich hizo una edición de una entrevista a la brasileña Suely Rolnik, psicoanalista y profesora titular de la Pontificia Universidad Católica de San Pablo, que se publicó hace un tiempo en la revista Re-visiones, de España. Cuando se le preguntó cómo veía la situación global actual confesó que "en lugar de decir que soy de izquierda o, mejor dicho, que estoy a favor de un Estado más justo y menos permeable al neoliberalismo, yo diría que me siento parte de una comunidad trasnacional, informal, múltiple y variable, que comparte un mirada micropolítica para detectar lo intolerable y buscar formas de combatirlo". Y lo explicó de la siguiente manera: "Lo que orienta a esta mirada es una brújula ética, cuya aguja apunta hacia todo aquello que impide la afirmación de la vida, su preservación y su expansión. Esa misma brújula es la que orienta a dicha comunidad fluctuante en sus modos de actuar. Éstos consisten en actos de creación que van redibujando los contornos del presente, de manera tal de disolver los puntos en los cuales la vida se encuentra asfixiada: en este sentido, actuar es algo muy distinto a reaccionar por oposición".

Desde lo popular. Leo Messi, en realidad, nada tiene que ver con esta historia sino que fue el disparador del sentimiento popular que se enfoca en una causa nacional como el fútbol, que podría ser Malvinas u otras similares. Messi es un muchacho de bajo perfil en cuanto a su vida privada EN_DASHalgo no muy común en el fútbolEN_DASH y, además, colabora con fundaciones que apoyan a la niñez, incluso Unicef. Pero su imagen mundial como el mejor jugador del planeta parece otorgarle a cada argentino una cuota más de un narcisismo que viene siendo vapuleado desde hace años por la realidad del país.

Messi, el más exitoso de todos, es una especie de bálsamo de tantas insatisfacciones individuales que su alejamiento —aunque no gané títulos con la selección— es una pérdida intolerable que la gente no puede permitir ni admitir.

A tal punto genera malestar que un ícono del éxito nacional como Messi quiera abandonar la selección, que se ha organizado para hoy un "banderazo" en el Obelisco porteño y los personajes de la farándula y hasta el propio presidente han intentado convencerlo de que revea su actitud.

Si tanta pasión se pusiera en otras cruzadas, como eliminar la pobreza y la marginación, seguramente no existirían niñas descalzas, con frío y hambre.

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