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Domingo 01 de Julio de 2012

Mercosur: un enroque oportunista

Lo que comenzó como una coordinada maniobra regional en defensa de la democracia, de repudio de un juicio político sumarísmo que era por eso mismo una ejecución pública, terminó este viernes en Mendoza con otra maniobra, mucho menos noble.

Lo que comenzó como una coordinada maniobra regional en defensa de la democracia, de repudio de un juicio político sumarísmo que era por eso mismo una ejecución pública, terminó este viernes en Mendoza con otra maniobra, mucho menos noble. Un enroque "exprés" para que salga Paraguay y entre la Venezuela chavista al Mercosur. Así de directo. Si se le aplicara a Venezuela el mismo exigente baremo que al Paraguay, ¿pasaría la prueba de pureza democrática? Chávez acaba de recibir con honores a dos dictadores aliados: el bielorruso Lukashenko y el iraní Ahmadineyad. Su policía política, la Disip, detiene arbitrariamente a opositores cotidianamente. Sus escuadrones de matones motorizados intimidan barrios enteros en las ciudades venezolanas. Todos los años celebra como una fiesta patria el intento de golpe militar que lideró en 1992 contra un presidente constitucional. Con diferencias de matices, similares cargos se pueden levantar contra los otros bolivarianos: Evo Morales, otro aliado de Irán, y Rafael Correa, enemigo declarado de la prensa independiente. Correa y Chávez impulsaron —o aplicaron directamente, en el caso del venezolano— sanciones económicas unilaterales al Paraguay. Que tres violadores seriales del sistema legal y constitucional de sus países como Chávez, Morales y Correa se hayan erigido en grandes defensores de la debida defensa en juicio, un instituto del derecho constitucional propio de la democracia representativa, debería dar, al menos, mala espina. Y si se suma que se aprovechó la salida temporal de Paraguay —que hace años bloqueaba el ingreso de Venezuela como miembro pleno del Mercosur— para hacer entrar a las apuradas a Chávez en ese club, las sospechas toman aún más cuerpo. Un enroque grosero y oportunista, si se dejan de lado las consideraciones puramente económicas propias de una unión aduanera como es el Mercosur.

Más allá del Mercosur, el drama paraguayo y la reacción regional que causó deben leerse como otro capítulo del choque entre las viejas derechas postdictatoriales y las nuevas izquierdas populistas. Estas están por ahora en auge, aunque con crecientes problemas por sus pésimas políticas económicas. Ni las primeras ni las segundas merecen la confianza del ciudadano que quiere democracias maduras, estables, en camino al desarrollo con instituciones dignas de ese nombre. Que establezcan un firme y claro balance entre la economía de mercado, generadora dinámica de riqueza real, y un Estado que redistribuya sin clientelismo, mediante una administración ágil y profesional. Algo que está en las ántípodas de lo que ofrecen los clientelismos autoritarios que hoy se observan en el eje bolivariano, cuyos miembros fueron tratados en la cumbre de Mendoza como pares irreprochables de democracias que, como las de Brasil, Uruguay o Chile, están decididamente en otro plano en cuanto a calidad democrática e institucional.

Lugo no militó nunca en el club bolivariano y buscó practicar con sus ex socios liberales un reformismo agrario moderado en un país decididamente feudal, premoderno. Su irregular destitución frustra esa experiencia innovadora y da la razón a la izquierda más radical, con consecuencias que aún están por verse.

En cuanto a la Argentina kirchnerista, vive con un pie en cada modelo político. La insistencia de la presidenta en Mendoza para que ingresara Venezuela como miembro pleno del Mercosur habla claramente de sus simpatías. A nivel interno, la inflación que erosiona día a día el "modelo", es un síntoma seguro de lo que se llama "macroeconomía populista". A la vez, la Argentina se halla lejísimos del populismo autoritario y militarista que se practica en Caracas, una pesadilla por forturna totalmente impensable en el Cono sur.

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