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Domingo 14 de Julio de 2013

Mercado de bajos valores

La complicación puede derivar de un imprevisto. Pero también puede ser consecuencia de la impericia. De la falta de planificación. O de la intencionalidad. O de la especulación. 

La complicación puede derivar de un imprevisto. Pero también puede ser consecuencia de la impericia. De la falta de planificación. O de la intencionalidad. O de la especulación. O de todo esos factores juntos. Por eso intentar explicar el mercado de pases con un reduccionismo sería desconocer las características del fútbol argentino. Del cual extraer en este tiempo una información certera es una tarea para nada sencilla. Es que la mentira, si bien no cotiza en bolsa, es utilizada de manera recurrente para tratar de darle un valor agregado a una gestión, ya sea real o hipotética, porque muchas de ellas tienen sólo entidad en determinados medios. No obstante la búsqueda de datos genera el almacenamiento de palabras articuladas de acuerdo al rol que ocupan sus autores, en donde luego de pasarla por el tamiz de los intereses quedan definiciones que bien pueden aproximar a la configuración de una realidad mercantil donde el sentimiento del hincha pierde por goleada ante el juego de la oferta y la demanda.

   “Los jugadores están raros”, es una frase que intenta justificar el mercado. “Hay muchos representantes nuevos que hoy cazan futbolistas comprándole un auto y después como quieren recuperar ese dinero y ganar mucho en poco tiempo les importa nada la carrera de sus clientes”, es otro somero bosquejo explicativo de la rareza descripta. “Las esposas hoy tienen un rol determinante en las decisiones de los jugadores”, aparece como un condimento que sazona el argumento. “Los directivos no cumplen ni lo que está firmado y después se enojan porque no les creemos”, se dibuja como contragolpe dialéctico. “No es saludable que los técnicos sean negociadores porque sus dirigentes no cierran nada”, es otra visión a través de un prisma diferente. “La prensa es la responsable de que muchas negociaciones se caigan”, aparece también como excusa recurrente de quien proyecta su frustración por ya no ser creíble ni eficiente. “Prefiero otro fútbol con menos presión y mejor pago”, incursiona como novedad discursiva. “Muchos dilatan el acuerdo porque quieren zafar de hacer una parte de la pretemporada”, pinta como confesión de parte. “No vino porque un compañero que estuvo acá le recomendó que no venga”, es otra justificación de un pase interrumpido. “Las triangulaciones, los prestanombres e incluso importantes jugadores que simulan pertenecer a un club para sacar mayor rédito económico de su próxima transferencia forman parte de una estructura tramposa”, asoma como fundamento de investigación fiscal.

   Más allá de estas verdades parciales que emergen de cierta sociedad de farsantes totales, los refuerzos representan dinero para algunos e ilusiones para muchos. Aunque después esas ilusiones no siempre terminan reforzadas por la magnitud de lo gastado.
 

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