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Domingo 08 de Febrero de 2009

Mensaje y acción

Una recordada anécdota cuenta que un día de 1990 el entonces presidente Carlos Menem para probar la Ferrari que le habían regalo unos empresarios italianos viajó a Mar del Plata. “Presidente, usted llegó a Mar del Plata con un promedio superior a los 150 kilómetros por hora, pero la ley no permite ir a más de 110. ¿Cómo es posible?”, le preguntó un periodista. “Sí, es verdad lo que dice, ¡pero yo soy el presidente”, respondió Menem.

Una recordada anécdota cuenta que un día de 1990 el entonces presidente Carlos Menem, para probar la Ferrari que le habían regalo unos empresarios italianos, viajó a Mar del Plata. “Presidente, usted llegó a Mar del Plata con un promedio superior a los 150 kilómetros por hora, pero la ley no permite ir a más de 110. ¿Cómo es posible?”, le preguntó un periodista. “Sí, es verdad lo que dice, ¡pero yo soy el presidente”, respondió Menem. Resulta paradójico pero quienes deberían cumplir más celosamente las normas, por el cargo o función que ocupan, son muchas veces quienes más las violan. Predicar con el ejemplo no es algo muy común en Argentina.

Este grotesco de Menem, extraído de su extensa colección, me vino a la memoria a raíz de dos textos con fotos que enviaron lectores de LaCapital.com.ar a la sección Ciudadano Periodista y que fueron publicados en los últimos días denunciando en ambos casos policías que no cumplen con las reglas de tránsito.

En la primera nota la foto mostraba a un agente circulando con un cuatriciclo por las calles de Rosario, cuando en rigor está prohibido transitar con ese vehículo por la ciudad.

En la segunda se daba cuenta de un móvil policial que, en lugar de esperar —como todos los autos— que pase el tren en un cruce a nivel, avanzó por el carril del sentido contrario, eludió la barrera y se paró al borde de la vía. Por si acaso, el lector testigo del hecho aclaró que no llevaba la sirena encendida, es decir no estaba en ninguna urgencia.

Estos son tan sólo dos ejemplos, pero cualquiera de nosotros ve en la calle decena de ellos por semana. Policías sin casco en motos particulares, patrulleros sin luces, móviles que cruzan en rojo sin tener la sirena encendida…

Si el Estado le dice al ciudadano “si andás en moto, usá casco”, “respetá el límite máximo de velocidad”…, los funcionarios y los agentes públicos deben también hacerlo, porque nadie, sea quien sea, puede estar por encima de la ley. En una sociedad madura, mensaje y acción deben estar en sintonía.

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