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Viernes 21 de Octubre de 2011

Mejorar la educación en las zonas marginadas

Por Raúl Gagliardi/ Falta de motivación para estudiar, baja autoestima, adicciones y abandono afectan a los niños y jóvenes más pobres

Apesar del crecimiento del mercado de trabajo relacionado con la mejora económica y la substitución de importaciones, todavía hay en la Argentina varios millones de personas que viven en situación de extrema pobreza. Muchos de ellos no pueden acceder a empleos calificados por falta de las competencias profesionales y sociales que requiere el mercado del empleo. Muchos niños y jóvenes marginados no pueden salir de la extrema pobreza si no se mejoran la educación pública y la formación profesional.

Falta de motivación para estudiar, baja autoestima, adicciones, comportamiento violento, abandono de los estudios, son algunos de los problemas que presentan alumnos de todos los sectores sociales, pero que parecen ser más frecuentes en las zonas marginadas. Algunos ejemplos son muy alarmantes: niños que no conocen los nombres de los colores o que no conocen su propio apellido al llegar a primer grado.

Retardo psicológico. Se ha observado un retardo en el desarrollo psicológico en niños pequeños en zonas marginadas, lo puede ser un obstáculo importante para el aprendizaje. Una investigación realizada en la provincia de Santa Fe indica que 20 % de los alumnos de primer grado tenían un desarrollo psicológico menor al correspondiente a su edad, probablemente por falta de los estímulos necesarios en los primeros años de vida.

También se observó un frecuente estado depresivo en alumnos de escuelas primarias y secundarias, que muchas veces se manifiesta en un comportamiento violento y que probablemente es una de las causas de la falta de motivación para estudiar. Una investigación en Rosario indica que 50 % de los alumnos de escuelas situadas en zonas marginadas presentan signos graves de depresión, mientras que en escuelas situadas en zonas de clase media tienen esos signos el 25 % de los alumnos.

Los docentes también sufren problemas psicológicos. La escuela pública es una caja de resonancia de los problemas sociales y muchos maestros que enseñan en escuelas en zonas marginadas sufren actos de delincuencia en el camino a su trabajo o situaciones de violencia en su clase. Ansiedad y depresión son problemas frecuentes en el magisterio.

En ciertos casos los docentes pueden convertirse en parte del problema. Investigaciones realizadas durante 10 años en Rosario indican que muchos docentes tienen opiniones negativas o muy negativas con respecto a alumnos provenientes de zonas marginadas. A la marginación social de muchos alumnos se suma la discriminación educativa, aumentando la probabilidad de fracaso escolar y social.

Qué hacer. Para resolver estos problemas se pueden organizar actividades en las escuelas para compensar el desarrollo psicológico, mejorar la autoestima y la confianza de los alumnos en su propia capacidad y lograr que desarrollen las competencias necesarias para mejorar sus condiciones de vida. Es posible mejorar la enseñanza para lograr que todos los alumnos aprendan a escribir y a leer correctamente, construyan los conocimientos básicos sobre educación para la salud, educación sexual, educación para el ambiente y desarrollen la capacidad para aplicarlos en su vida. También es posible que los alumnos desarrollen las competencias profesionales y sociales que demanda el mercado de trabajo y la organización de nuevas actividades económicas.

Para lograr esos objetivos la educación pública debe integrarse más con la sociedad. Lo que  ocurre en la escuela con cada alumno no es ajeno a su historia personal. Hay que considerar a cada alumno como un individuo que vive en una sociedad, no como alguien que sólo existe entre las cuatro paredes del aula. Las medidas en el sistema educativo deben ser coordinadas con las medidas de mejora social. Es necesaria una acción conjunta de autoridades, docentes, investigadores y trabajadores sociales integrando las acciones realizadas en zonas marginadas con las realizadas en las escuelas.

Los cambios. Las soluciones deben incluir cambios en los programas de estudio, en los métodos de enseñanza y, sobre todo, en la formación de los docentes para que desarrollen la capacidad de resolver las complicadas situaciones que se les presentan diariamente en el aula y cambien las concepciones negativas sobre los alumnos marginados. Esas soluciones deben ser elaboradas y evaluadas a partir de datos obtenidos en las escuelas y la sociedad. La participación de los docentes en esas investigaciones es un elemento clave para la mejora de la educación en zonas marginadas.

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