Policiales
Domingo 10 de Julio de 2016

"Me molesta que se diga que a mi marido lo mataron por la droga", dijo la viuda de Cara de Goma

Lorena Guzmán fue la mujer de Julio César Navarro, líder de la barra de Rosario Central asesinado hace un mes.

La viuda de Julio César "Cara de Goma" Navarro, el hombre de 52 años asesinado el 25 de mayo pasado en la puerta de su casa del barrio 7 de Septiembre, a quien le adjudicaban ser responsable de la logística de la barra brava de Rosario Central y ser incondicional del jefe Andrés "Pillín" Bracamonte, concedió una entrevista a La Capital para "limpiar" el nombre de su "compañero de vida", sobre todo por las versiones que se echaron a rodar respecto a las motivaciones del fatal ataque. "Me molestó que se lo involucrara con el narcotráfico, con gente de mala vida. Estuve 23 años con él, conozco cómo se movía. Era una persona fanática, sí, un barrabrava, pero de la vieja escuela, un hombre con códigos. Me gustaría saber si puso la cara por alguien", recalcó entre otras cosas Lorena Guzmán, que ahora pide investigar "a fondo" la verdadera razón del crimen para tranquilidad de ella y de las dos hijas que tuvo con César.

   Cuando hace más de un mes mataron de un disparo en el pecho a Navarro frente su casa de Schweitzer y Tarragona, en el barrio 7 de Septiembre y mientras esperaba a su mujer para compartir una salida, comenzaron las conjeturas acerca de un hecho del cual todavía no hay dimensión real de las consecuencias, sobre todo hacia el corazón de la hinchada canaya.

   Una de las hipótesis del homicidio de Navarro que evaluaron los investigadores es que pudo tener diferencias con Mario Sebastián "El Gringo" Visconti (otro barra que estuvo detenido por narcotráfico y fue asesinado una semana después que "Cara de Goma") por cuestiones ligadas al manejo de un quiosco de venta de drogas conocido como "el búnker del medio", en Tarragona al 1100 bis.

   Pero si algo molestó y dolió en la intimidad de la familia de Navarro fue precisamente que lo vincularan a esa cuestión. Porque "él era un padre de familia, esposo, trabajador y amigo" al que reconocían con peso y poder como referente indiscutido de la hinchada de Central, "pero con límites y códigos bien marcados".

   Eso planteó en una entrevista que concedió a este diario Lorena Guzmán, la mujer que compartió con Julio César los últimos 23 años y es madre de las dos hijas que concibieron y que hoy tienen 16 y 18 años.

   "Vos pensás que si yo fuera la mujer de un narco estaría haciendo los trámites para recibir la pensión que me dejó mi marido, que trabajó toda la vida y pensó en nosotros", expuso la mujer como primer parámetro ante el cronista.

   Lorena es joven, elegante y con recursos para hilvanar con coherencia las ideas que transmite en una conversación respetuosa. Dejó en claro que no pretende involucrarse en conflictos, pero sintió la necesidad de aclarar situaciones en memoria de su compañero.

   "Lo voy a defender porque ya no está y él también se enojaba cuando lo vinculaban a eso. Me moletas que se lo involucre con el narcotráfico, con gente de mala vida. Estuve 23 años con él y conozco cómo se movía. Era una persona fanática, sí, un barrabrava, pero de la vieja escuela, no andaba en otras cuestiones. Quien realmente lo conoció sabe de qué hablo, era muy buena persona, trabajador. Durante más de 20 años trabajo en una empresa de colectivos (era chofer de Rosario Bus), y me molesta que se lo esté ensuciando".

   — ¿Por qué crees que lo mataron?

   — Es lo que quisiera saber. Estoy segura que con el narcotráfico no tiene que ver. Lo voy a repetir millones de veces. Sé cómo vivía y de sus principios, sus movimientos. Lo que me gustaría saber es si puso la cara por alguien, y que la Justicia lo investigue a fondo.

   — También se habló de que pudo haber alguna traición en la barrabrava

   — Se sabe que por ser quien era y el cargo que ocupaba era una persona respetada. Por ahí mucha gente usaba su nombre para protegerse. Lo hemos vivido. Los chicos entraban a boliches gratis porque lo invocaban: «Soy sobrino de..., soy el ahijado de...». No sé qué pasó acá, quiero que se investigue. ¿Por qué me lo mataron? ¿Por qué me dejaron sin el padre de mis hijas, sin mi marido y compañero, en el mejor momento? Ibamos a disfrutar, a viajar, teníamos proyectos, como cualquier familia normal.

   — ¿Cómo era la relación con "Pillín"? Dicen que César era como un padre para él.

   — Eran amigos. Puede ser que haya sido como un padre. Pero eso habría que preguntárselo a Andrés. Su mano derecha, como se dice por ahí.

   — ¿Y con "El Gringo" Visconti?

   — Hasta que yo tuve conocimiento fue muy buena. Si hubo algún enojo en los últimos meses lo desconozco. En las cuestiones de los barras no voy a meterme porque sólo ellos saben sus códigos. Como mujer me limitaba a estar en mi casa y realmente no sé qué pasaba en la interna. Lo he conocido a El gringo, tenía buena relación, lo apreciaba mucho a mi marido y lo iba a visitar también. Hasta ahí sé. Yo me enteré que había estado preso cuando salió.

   — Se habla de "el búnker del medio" como un espacio de disputa y que la muerte de César podría tener relación con eso.

   — No, no. Nada que ver con ese búnker. Se lo está relacionando por ser un barrabrava conocido y como que es todo lo peor del barrio. Pasaba algo en el barrio, el barrabrava; se tiroteaban en la esquina de mi casa y era el barrabrava; quién vendía droga, el barrabrava. El era el tacho de basura del barrio. Lo que quiero es limpiar su nombre.

   — ¿Era querido y respetado en el barrio?

   — Sí. Las personas que lo conocieron saben que era una persona normal, padre de familia, cortaba el pasto, trabajaba. Si, iba a la cancha, era un hincha empedernido. Yo le regalaba ropa sport y él no se sacaba la de Central.

   — ¿Era un "hincha calificado"?

   — Como se dice, era un hincha muy, muy calificado, caracterizado. Yo a la cancha no iba, casi nada. El iba con mis hijas, con vecinos. El día que jugaba Central realmente era una fiesta, por menor que fuera el partido. Por eso te digo que era fanático. Pero la palabra barrabrava lamentablemente está salpicando otras cuestiones en las cuales no tenía nada que ver. Eso que quede claro. Están hablando de narcotráfico, pero ¿quién realmente sabe? Alguien que lo conoció o que estuvo cerca mínimamente seguro tendrá un comentario positivo. Si yo hubiera tenido una mínima duda me quedo en mi casa, no digo nada. Pero no miento. Vengo a limpiar su nombre con justa razón. Sé cómo se movía, cómo caminaba la calle, y las cosas que le gustaban y de las que se alejaba.

   — ¿Qué le gustaba y de qué se alejaba?

   — Le gustaba Central, pescar, se internaba en las islas con sus amigos. Y hasta tenía el proyecto de hacerse un ranchito allá. Cuando podía, porque trabajaba, se iba de viernes a domingo. Por eso digo que pasa ésto en su mejor momento, cuando estaba por dejar el trabajo para disfrutar de esas cosas. Lo que n o le gustaba, y de lo cual siempre se defendía, era de la droga. Que lo vinculaban con eso porque era el barrabrava, pero nada que ver. Yo hablo por mi marido, la palabra barrabrava salpicó su honor y la familia.

   — ¿Pueden haberlo matado por otras cuestiones, graves también, pero que se resolvieron de esa manera? Algo que César no advirtió.

   — Si, exacto, puede ser. Era respetado y tenía, por decirlo de un modo, un cierto tipo de cargo en la segunda línea de la barra. Eso molesta, da envidia a mucha gente. Te puedo asegurar que era una persona envidiada, tenía poder. Y hoy en día viste como es, quizás mirás mal a una persona y a lo mejor viene y te pone (por matar).

   — ¿Para qué utilizaba ese poder tu marido?

   — El era muy amigable. Si lo reconocían cuando nos sentábamos en un restaurante a comer y no le querían cobrar me decía: «Lore, yo acá no vengo más», porque le daba mucha vergüenza. Si le ofrecían algo de favor, siempre renegaba. En la cancha usaba el poder para hacer lo que le gustaba, alentar y defender a Central.


Comentarios