Policiales
Sábado 23 de Julio de 2016

"Me habían amenazado un par de veces, pero jamás pensé vivir ésto"

El empresario Gabriel Mana fue atacado en el country Carlos Pellegrini la noche del jueves. Los ladrones huyeron en su auto.

El auto apareció quemado, no hay detenidos y el empresario asegura que no sabe por qué fue. A 24 horas del robo en el country Carlos Pellegrini, del que La Capital dio cuenta en su edición de ayer, el misterio sigue sin despejarse. La historia comenzó cuando cinco delincuentes armados con pistolas calibre 9 milímetros robaron la noche del jueves a Gabriel Mana en el country ubicado en la zona oeste, sobre calle Alvarez Condarco y lindante con el Jockey Club. Al momento del atraco el empresario volvía de su rutina diaria de gimnasia junto a su esposa, Gisela. Y al ingresar el auto a la cochera se encontró con los delincuentes que, tras estar 15 minutos en la vivienda y amenazarlo de muerte, le robaron cuatro cadenas de oro, un reloj de alta gama y su auto, un Mercedes Benz C250 modelo 2010 que había comprado una semana atrás. En ese auto huyeron los maleantes tras intercambiar disparos con el propio Mana. Una hora después, el vehículo apareció quemado a pocas cuadras del country. De los ladrones, en tanto, nada se sabía hasta anoche.

Mana tiene 52 años y es un empresario que, según él mismo dice, se repuso de la quiebra de una empresa de panificación que tuvo que cerrar en 2001. Actualmente se dedica "a negocios inmobiliarios y de construcción, y participa en un grupo inversor en la compra de terrenos en Puerto Norte" (ver aparte). Su familia la componen su esposa y tres hijos, con los que vive en una residencia a unos 100 metros del acceso al barrio cerrado. Según relató a La Capital, "el hacer gimnasia habitualmente me permite tener un cuerpo fuerte y de buena contextura, por eso resistí los golpes".

En primera persona. La violencia con la que actuaron los ladrones dejaron en Mana marcas de patadas y culatazos que ayer ocultaba con una venda en la cabeza. Además le quedó un ojo negro y varios moretones en los brazos y la espalda. "Cuando llego a la cochera veo cinco tipos armados y vestidos de azul que me apuntan. Lo primero que hago es tirarles el auto encima y dos de ellos se abalanzan hacia la ventanilla. Forcejeamos, me bajan del auto a mí y a mi mujer y me rindo. Me dan un par de golpes y me meten a casa", contó.

En la vivienda estaban su hijo Franco, de 23 años, estudiando con un amigo en el comedor; y su hija con otra amiga en un dormitorio. "Ellos entraron a la casa antes que yo y redujeron a mi hijo y a su compañero, pero no se dieron cuenta que mi hija estaba en su habitación", dijo Mana. Y agregó: "A mi mujer la dejaron abajo con los chicos y dos custodios y a mí me preguntaron dónde estaba la caja fuerte. Quise tranquilizarlos y les dije donde había plata, pero suelo no tener efectivo" aseguró el empresario. Y arriesgó: "Para mí entraron al country por la calle Parraviccini, un ingreso que no tiene alarmas".

Cuando los ladrones abrieron la caja fuerte y encontraron poco dinero "se pusieron como locos" y comenzaron a pegarle a Mana, quien les ofreció "ir a un banco a sacar plata". Mientras le pegaban repetían continuamente: "Hacete el vivo ahora y no nos mirés a la cara".

Según la víctima, "por la forma de hablar eran rosarinos y tenían entre 25 y 35 años. Además, se manejaban con un handy y le preguntaban a alguien si no pasaba nada, si nadie se acercaba a la casa".

El escape y los tiros. Mientras los ladrones estaban con Mana en el cuarto, escucharon ruidos en una habitación y sorprendieron a la hija del empresario: "Vamos, vamos, seguro que la nena llamó a la policía", dijeron, y salieron escaleras abajo sin cerrar las puertas. Después subieron al Mercedes Benz y huyeron. Pero Mana ya estaba en la terraza de la casa con una escopeta. Al verlo le dispararon tres veces y él tiró sobre el parabrisas del auto.

"Me dedico a la construcción y a los fideicomisos. Consigo terrenos para hacer edificios y por eso, en algún momento, recibí amenazas. Es más, tengo denuncias hechas, pero jamás pensé vivir esto. Una persona llamaba y me decía que iba a matarme, que no me metiera en ese negocio, pero mi actividad es legal y no tengo problemas con nadie", aseguró. Mana deslizó que algo no le cerró en el robo: "En ningún momento me llamaron por mi nombre, pero se los veía seguros, como si tuvieran un dato. Hay veces que no tengo ganas de tener amigos", azotó como quien piensa en una traición.

Como los ladrones "estaban a cara descubierta" la policía observó los registros de cámaras de seguridad del predio para ver si algún maleante les era conocido. "Me parece que si sufrimos robos hay que denunciarlos y hacerlos públicos, es otra forma de protegernos", aseguró el hombre.

Comentarios