Escenario
Viernes 07 de Octubre de 2016

"Me costó mucho salir a la superficie"

La cantante y compositora habló de su particular carrera musical, que la llevó a tocar en todo el mundo. Hoy se presenta en Vorterix

Hace 20 años Juana Molina tomaba una decisión crucial: dejaba su exitosa carrera como actriz de televisión para editar su primer disco, que muy apropiadamente se llamaba "Rara". Fue una empresa riesgosa, que tuvo un comienzo hostil, pero al final resultó todo un triunfo. Con un sonido propio que siempre fue muy difícil de encasillar —entre el folk, la electrónica y la psicodelia— Juana logró traspasar las fronteras y consiguió el reconocimiento de la crítica internacional. Su disco "Tres cosas" fue destacado por el "New York Times", y a partir de allí trascendió a nivel global. En los últimos años realizó giras por Estados Unidos, Europa y Japón, y abrió shows para David Byrne, Cat Power y Damon Albarn. También actuó en grandes festivales como el Lollapalooza, Coachella, Roskilde y Glastonbury.

   Juana Molina llegará hoy a Rosario para presentarse a las 21 en el teatro Vorterix (Salta y Caferatta), en el marco del Encuentro Nacional de Mujeres del Rock. Como invitadas tocarán Flor Croci & Los Jardines Líquidos y Budajipis. La cantante y compositora recreará temas de sus seis discos, pero se concentrará especialmente en su último CD, "Wed 21", del 2013.

   Antes de llegar a la ciudad, la artista que deslumbró a los críticos charló con Escenario sobre el reconocimiento tardío de su carrera como cantante y aseguró que el "amor incondicional" del público más joven la emociona. También adelantó cómo será su próximo álbum, que se editará el 26 de febrero.

   —Ya tenés seis discos de estudio. ¿Cómo ves ese recorrido en perspectiva?

   —Yo no me doy cuenta mucho de la evolución o de los cambios. Es como alguien que va caminando, caminando y caminando y tal vez los músculos se te van haciendo más fuertes, seguramente. Es algo muy paulatino. No te das cuenta. No es escalonado, es como una rampa, o como una recta directamente.

   —Pero tu carrera pasó de la desconfianza inicial por parte del público en los años 90 al reconocimiento masivo de la crítica en este siglo. ¿Cómo viviste ese cambio?

   —El principio lo viví con mucha tristeza, con mucha desazón, porque sentía que todo se trataba de un prejuicio: había una negativa total a mi faceta como compositora sin saber de qué se trataba. Fue muy fuerte. Recuerdo que cuando salió "Rara" (1996) me hicieron una nota enorme en uno de los diarios más importantes de Buenos Aires. La nota tenía un gran despliegue, pero de lo único que hablaba era sobre el programa ("Juana y sus hermanas"). Nunca nadie me preguntó nada del disco, ni sobre las canciones ni sobre quién tocaba ni nada. Ahora por suerte cambió mucho la recepción de la música en Argentina. Pero en el 96, si no te parecías a alguien de afuera, no existías. Si no te parecías a otra cosa que ya estaba aprobada, como los Beatles, los Rolling Stones o Beck, entonces no servías. Ahora, después de muchos años, siento que hay un reconocimiento hasta mayor de la gente, y siento una especie de amor que me emociona realmente. Siento que hay un reconocimiento no sólo por lo que hice sino también por lo que me costó. A mí no me costó llegar, porque no llegué a ninguna parte, pero me costó mucho salir a la superficie. De parte de los más chicos, de los más jóvenes, siento una especie de amor incondicional que incluye mi pasado en la televisión aunque ellos no lo conozcan. Eso me da una alegría infinita.

   —Recién terminaste de grabar un nuevo disco. ¿Qué nos podés adelantar?

   —La diferencia con los anteriores es que después de muchos años volví a un estudio de grabación. Lo hice muy a regañadientes, porque la primera experiencia de estudio que tuve no me satisfizo. A "Rara" yo lo grabé en una semana, y a "Segundo" (2000) en dos años. Grabando en mi casa yo podía trabajar en un tema y darle y darle, hacer casi un trabajo de investigación sobre cada canción. Es bueno darle tiempo a una canción para que madure, para que tenga un proceso de cocción en el que se va decantando lo que sirve y lo que no. Para este nuevo disco yo tenía la mayoría de los temas armados o bocetados, y mis músicos me convencieron con mucho entusiasmo para que me metiera en un estudio. Entonces se dieron una serie de hechos fortuitos y terminé grabando en un estudio en Texas. Es un estudio que me recomendó Eduardo Bergallo, con quien mastericé todos mis discos. Me convenció porque el lugar es especial: vos lo alquilás y te lo dan, no es que a determinada hora te tenés que ir. Si a vos a las tres de la mañana se te ocurre algo, vas, entrás y lo grabás. Eso es lo que yo hago en mi casa. Usábamos el estudio a piacere. Además no había distracciones porque está en el medio de la nada. Todas las condiciones se dieron para que fuera posible y tomé el riesgo de hacerlo.

   —¿El disco es muy distinto a los anteriores? ¿O es una evolución en el sentido de "Wed 21"?

   —Creo que nada es muy distinto de todo lo que hice. Pero sí hay un rango más amplio de timbres porque usé muchos instrumentos. Lo que tenía de lindo ese estudio es que estaba repleto de instrumentos, los que se te ocurrieran. Entonces probamos con muchas cosas que yo nunca había tocado, y los instrumentos nuevos te proponen ideas nuevas. Cada vez que yo agarro un instrumento, aunque no lo sepa tocar, algo le saco. Había una especie de mellotron, pero que no tenía los sonidos habituales del mellotron, esos que usaron los Beatles. A ese lo usé bastante. También usamos unos teclados Prophet, muchos moogs y sintetizadores. Son instrumentos que recuerdo que había usado mucho en "Segundo". Otra cosa que es nueva es que hay baterías de verdad, que tocó Diego López Arcaute. Y eso ya le da otro lugar a la batería en la mezcla.

   —Tu música está asociada a la palabra "riesgo". ¿Qué es el riesgo para vos?

   —El riesgo sería no conceder, ni ceder ni hacer nada que no me guste. No haría nada con un propósito ulterior que no sea el de la música misma. Si fuera así hace años que yo me tendría que haber puesto a cantar en inglés, por ejemplo. Me va muy bien afuera y si cantara en inglés me iría muchísimo mejor. Pero no puedo cantar en inglés. Lo podría hacer afuera para sentirme recanchera, pero cuando vuelvo acá a Buenos Aires, ¿de qué me disfrazo? ¿A un público con el que hablamos el mismo idioma le canto en otro idioma? Hace mucho tiempo escribí una canción en inglés, pero yo vivía en Los Angeles. En esa canción tenía sentido, porque estaba en Estados Unidos y me comunicaba en inglés con la gente. Y también hice una canción en francés porque viví muchos años en Francia y el francés es mi segunda lengua. Si algo me sale espontáneamente en otro idioma vale. Pero ponerme a componer en inglés para que funcione mejor afuera me parece muy forzado. Tal vez yo sea muy conservadora, no sé, pero no podría hacer una cosa así.

   —Hay gente que te descubrió como compositora en el 2004, cuando te elogiaron en el "New York Times", y hay gente que te escuchó mucho después, cuando la crítica internacional tuvo un rebote en los medios locales. ¿Creés que hay demasiados prejuicios a la hora de escuchar música que esté fuera de los esquemas clásicos?

   —Eso cambió bastante en los últimos años. Creo que la gracia de YouTube fue esa, que uno pudiera descubrir cualquier cosa. Digamos que YouTube te abre las puertas a igualar las posibilidades de cada uno. También es cierto que se viralizan cosas y no se entiende por qué. Pero hablando específicamente de Argentina, me parece que los oyentes no son los mismos de hace 20 años. Creo que se abrieron bastantes cabezas. No del todo, claro, porque sigue habiendo mucha cosa muy cuadrada. Yo no entiendo por qué a la gente le gustan determinadas cosas, sinceramente. Eso de que una canción deba tener una forma en particular ya es una antigüedad, o que tenga que tener un estribillo o que tenga que estar hecha con instrumentos de verdad. Hoy es muy amplio el rango de posibilidades con las que uno puede hacer música. Hay infinidad de instrumentos, el tema es cómo vos los usás. Con la tecnología tenés cada vez más herramientas, y las herramientas siempre ayudan, aunque confieso que a mí ya me da mucha fiaca aprender a manejar máquinas nuevas (risas). Ahí tengo una falla, o no sé si será la edad (risas). Me gustaría aprender a delegar un poco, que es algo que justamente empecé a hacer con este último disco.

   —¿Cómo ves la escena actual de música en Argentina? ¿Hay artistas que te gusten en particular?

   —Estoy un poco alejada de todo, no estoy al tanto de lo que pasa. Es una pregunta muy terrible porque quedo como si no me importara. Pero no es desdén, es simplemente que estoy muy ensimismada. No se me ocurre nada ni de acá ni de afuera. Por ahí pongo un tema en YouTube y me entusiasma, pero a los días me olvido o ya no me gusta tanto.

   —Actuaste en televisión, grabaste discos y tocaste en diferentes partes del mundo. ¿Qué materia te queda pendiente?

   —No tiene nada que ver con la profesión, pero siempre me imagino viviendo en un lugar sin nadie. Fue una idea que tuve durante muchos años, como un objetivo final. Al final quiero estar en mi covacha en el medio de la nada. Me imagino entre unas quebradas, rocas, agua y sol. Pero no creo que lo vaya a hacer. Porque uno después quiere estar con sus amigos, encontrarse y reírse un rato. De otra forma me transformaría en una especie de animalito. Igual fue una idea que tuve hasta hace muy poquito. Recién ahora estoy empezando a decir "me parece que no" (risas).

"Los personajes están vivos adentro mío"
En 2013 Juana Molina reapareció en televisión con una serie de comerciales en los que recreaba a los personajes de "Juana y sus hermanas". "En principio dudé bastante", recordó sobre aquella experiencia. "Pero a la vez esos personajes están tan vivos adentro mío que no es algo que tuve que ir a buscar al baúl de los recuerdos para ver cómo era. Es algo que me sale muy espontáneamente", agregó enseguida. "Hay ciertos personajes que me divierte hacer, que todavía los hago, aunque sin sus disfraces, obviamente. Yo no hacía personajes para el programa. Yo hacía los personajes que tenía desde siempre y después iban al programa", enfatizó. La cantante dijo que podría retomar su vínculo con la actuación, pero aclaró: "Sólo podría hacerlo si tuviera un libretista genial". "A mí me costaba mucho escribir, y creo que los que escribieron para mí nunca entendieron plenamente a los personajes. Entonces había que corregir todo el tiempo", explicó. "Si hubiera una persona que escribiera genialmente, como en su momento hizo (Atilio) Veronelli, que descubrió la esencia de los personajes, por ahí volvería. Pero no querría estar ahí con un personaje que no sabe qué hacer. No quiero hacerlo a la fuerza o pensando que es un plomo", remarcó.

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